09
Oct
15

Crónica de una Mujer Maltratada

Nota del autor: La siguiente es una crónica ficticia basada en eventos reales que ocurren en Lima, Perú, en el que se usan términos figurativos y del argot político propios del lugar.

Día: Lunes.Mujer Maltratada

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 6 AM

La mayoría de la población de capital despierta y se entera, por la cadena de TV, de un vídeo en donde se observa que un hombre golpea salvajemente a una mujer. El vídeo es muy revelador y explicito en su contenido, sin embargo los canales de TV lo transmiten sin editarlo, ni aplicar el Blur en las imágenes o partes inapropiadas de ellas.

En el video se ve que el hombre arrastra a una mujer, totalmente desnuda, tirándola de los cabellos por un largo pasillo y las escaleras de un Motel, dejando una estela de sangre sobre el piso. Una vez afuera, el hombre le da de puntapiés por todo el cuerpo de la indefensa mujer, quien solo atina a interponer instintivamente sus manos y brazos para protegerse de la andanada de golpes que van dirigidos su cabeza y vientre. Pero hombre enfurece aun mas, entonces se lanza y sentado sobre ella empieza a darle de puñetes en la cara o donde le caiga. Por los alrededores se ve a un tipo, manos en el bolsillo e impávido, observando el salvaje ataque.

Todos los conductores de los noticiarios de radio y TV, horrorizados por las imágenes, comentan condenando el abuso y piden el mayor escarmiento contra el agresor.

Día: Lunes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 10 AM

A esa hora todos, o como bien dicen, todo el mundo, comentaba lo visto y/u oído en los noticieros acerca de la brutal paliza a la mujer. A esas horas los detalles del incidente ya eran el tema de conversación en las oficinas, fabricas, escuelas, universidades, mercados y cualquier otro lugar donde hubiera dos o más personas. Y la condena en sus comentarios era casi unánime, porque también existía un sector que por gusto, por naturaleza o por tener la mente distorsionada con tanta basura de la TV, apoyaban al agresor diciendo: “Él es el marido, por algo le pegó”, “Él es enfermito, toma drogas”, “De seguro que estaba borracho o drogado y no sabía lo que hacía”, “Que hacía la mujer en un Motel”, “Ella lo engañaba con otro, por eso…” etc.

Y como era de esperar, los llamados “twitters” empezaron a inundar las redes virtuales, primero de gente del mundo de la farándula y luego del Congreso, todos o casi todos condenando lo que se había visto. Los twitters de los congresistas iban, según los casos, desde el repudio hasta el pedido de la Pena de Muerte al abusador, a pesar que tal extremo castigo no era válido en el Perú. Pero no contentos con la ola de mensajes electrónicos, los figuretis de siempre salieron a las puertas del mencionado recinto sabiendo que afuera los esperaba una nube de reporteros que daban vueltas por el lugar como “moscas en muladar”.

Cinco mujeres, creyéndose dueñas del tema por su género, aparecieron en la puerta del Congreso y ante la arremetida de los reporteros, prefirieron invitar a uno de su simpatía y lo hicieron ingresar al Salón de los Pasos Perdidos. Allí, con las comodidades del caso, dijeron al unisonó: “Basta Ya! A la violencia contra la mujer” mostrando sus manos derechas enfundadas en guantes blancos, y una de ellas, la más alta, agregó de manera despectiva: “A esos hombres deben matarlos!”, mientras el reportero grafico sacaba fotos. Pero inmediatamente el recinto se volvió un alborotado gallinero, ya que el ejemplo de las “cinco chicas poderosas” cundió y cada congresista figureti hizo lo mismo, invitando a pasar al reportero de sus amores, y todos, desde diverso ángulos, condenaron el abuso sin importarles que “sus rabos de paja” fueran visibles debajo de sus vestidos, sacos o abrigos.

Día: Lunes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 12 M

Los noticieros volvieron a repetir una y mil veces el video con sus imágenes de violencia y desnudos explícitos, no solo impropias para el horario sino para la cordura, buscando provocar el morbo en los espectadores con el sensacionalismo de la noticia. Esta vez en cada canal de TV o radio salieron al aire las declaraciones de los congresistas quienes con severo rostro condenaban la violencia contra la mujer, añadiendo que se hará justicia con mano dura para que no se vuelva a repetir. Los conductores de los programas, actualizando las escenas graficas, explicaron como la pareja, marido y mujer, habían llegado al Motel luego de una fiesta, y el marido por celos y el alcohol había atacado a su mujer. Añadiendo que el abusador estaba detenido en una celda de una comisaria del lugar y que en breve pasaría a la carceleta judicial y de allí a ver al jue

Farandula LimeñaDía: Lunes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 10 PM

Los noticieros de la TV, luego de los programas en donde a diario se denigra la dignidad de la mujer y del ser humano, repitieron por enésima vez el video del abuso junto con  las condenas de los políticos que no habían alcanzado a pronunciarse más temprano. Solo que esta vez era el mismísimo Presidente y su esposa, la llamada “pareja presidencial”, los que daban sus declaraciones sumándose a la condena general. La primera Dama fue muy enfática en declarar que ese atropello no iba a quedar impune y felicitaba a la policía por tener al abusador en la cárcel. El presidente, además de decir que existían leyes que condenaban tal agresión, fue muy enérgico al afirmar que este era el ultimo abuso a la mujer que se cometía en lo quedaba de su gobierno.

Día: Martes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 06 AM.

El maltrato a la mujer era noticia olvidada, ahora ya relegada a los noticieros de la farándula, los que se encargaron de banalizar el tema con suposiciones o bromas de muy mal gusto que muchos espectadores celebraban.

Día: Martes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 12 M.

Los noticieros informaron, como primera noticia, que el abusador ya había salido libre en horas de la mañana, amparado por el Habeas Corpus interpuesto por su abogado y aceptado por el fiscal y el juez.

En las calles la indignación fue general. No solo los que tenían tres dedos de frente y sentido común, sino sangre en la cara sabían que allí se había cometido una “injusticia legal”, un latrocinio judicial, oleado y sacramentado por dios y el diablo en antinatural contubernio.  No, no era una violación, sino un apestoso contubernio entre el poder legal y el agresor.

El Sagrado Recinto del Congreso tembló de la ira y las “cinco chicas poderosas”, guantes blancos en mano, vociferaron contra tal injusticia, olvidándose de que años antes habían avalado las estilizaciones forzadas a cientos de mujeres campesinas y, además, hacia solo unos días, habían condenado el aborto por violación por ser una aberración moral contra la vida y las buenas costumbres. Solo que esta vez las “cinco chicas poderosas” se vieron reforzadas por su lideresa, quien olvidándose que había cerrado sus ojos chinitos ante un abuso contra su madre, mucho peor que el del video cometido por su padre, declaró que era el gobierno de la “pareja presidencial” el culpable de tal injusticia y atropello a la ciudadanía y pidió una comisión investigadora del Congreso y la interpelación del ministro de Justicia, que sus amigas se encargaron de tramitar.

En las calles y en todo recinto popular la gente comentaba agriamente la puesta en libertad del abusador.

Día: Martes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 6 P.M.

Los noticiarios de los medios ya habían olvidado el tema del abusador y su libertad, ahora hablaban, en términos condicionales, acerca de un escabroso, pero supuesto, tema de la fidelidad conyugal en la pareja presidencial. Luego gran parte de la población, especialmente de la clase media y pobre, se adormeció con los shows de la TV en donde en una aparente competencia deportiva, grupos de jóvenes, hombres y mujeres, muy saludables y atractivos, competían en juegos de aptitud físicas. Todo eso, sazonado con los obligados enredos amorosos y sexuales entre ellos, parte indispensable del guión del programa, compitiendo subrepticiamente en quien era más cínico, desleal y sinvergüenza. Claro, lo subrepticio no era una casualidad sino el kit del programa en manipular y corromper las mentes de los millones de espectadores, con un solo propósito: destruir los valores y convertir a esa audiencia en seres sumisos y manejables a los designios de los dueños de los medios.

En el Congreso, una vez aceptada el otro show mediático-político, el de la Interpelación y la formación de una Comisión Investigadora, aprobadas rápidamente, los congresistas se fugaron del trabajo.

Día: Martes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 10 P.M.

Los noticiarios transmitieron por la TV, en imágenes y palabras, los detalles de la decena de muertos en las carreteras ocurridos durante el día, además de las violaciones de padres, padrastros y sujetos pedófilos contra menores de edad y/o mujeres. Aderezados con los escándalos entre vedetes, homosexuales y futbolistas. Finalmente, y no de manera casual, todos los canales de TV coincidieron en el horario de programación, transmitieron las suaves y tiernas palabras del Cardenal “CopiaryPegar”, quien con candorosa sonrisa llamó al perdón de los que ofenden, condenando la ira y a no confundir la justicia con la venganza, luego dibujó con la mano un garabato en el aire y el noticiero terminó con una última noticia: El Congreso ya había creado una Comisión Investigadora y aprobado la Interpelación.

Ahora millones de televidente podrían ir ya a entregarse a los brazos de Morfeo, sin preocupaciones, y descansar tranquilos. Y para los que no, todavía había más shows de calatas y sus escándalos, para entretenerlos y evitar el raciocinio acerca de lo que había ocurrido durante el día.

Día: Miércoles.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 06 A.M.

Quienes se despiertan muy temprano para alistarse e ir a trabajar, fueron los primeros en enterarse, a través de los noticieros de la TV, de un gran operativo policial ocurrido en horas de la madrugada, en donde se veían patrulleros circulando a toda velocidad con sus luces intermitentes encendidas y sirenas aullando, además de hombres del escuadrón especial de la policía fuertemente armados rompiendo puertas, realizado en diversos lugares de la gran Lima y alrededores, que culminó con la captura del abusador liberado, aunque quedando una pregunta en el aire: ¿Quién había ordenado tal captura? Todo esto captado en imágenes de video que fueron repetidos hasta el cansancio.

Día: Miércoles.

Lugar: Palacio de Gobierno. Lima, Perú.

Hora: 08 A.M.

El Presidente, esta vez sin la compañía de su esposa y ante un grupo de periodistas convocados en el Palacio de Gobierno, anunció de modo enérgico que él, de manera personal, había ordenado la captura del abusador liberado. Añadiendo, con gestos y voz marcial, que ya el día anterior había anunciado que ese abuso era el último que se cometía mientras sea presidente.

La mayoría de los periodistas fruncieron sus cejas, extrañados por las palabras y actitudes del mandatario, y lanzaron una andanada de preguntas: “Señor Presidente, puede explicarnos como ha sido el proceso legal de la detención…”, “¿Lo coordinó con el Ministro de Justicia o el Fiscal de la nación?”, “El Fiscal que actuó en la detención es diferente al del caso inicial, ¿por qué?”, “¿Existe una orden legal que respalde la captura y detención?”. Entonces, el presidente levantó los brazos en señal de silencio, y dijo: “Señores periodistas, los he convocado a esta sala para darles este anuncio, ya lo he hecho, sus preguntas han sido debidamente anotadas, y doy por terminado esta reunión. Dentro de unos minutos tendré una reunión de gabinete, y muy posiblemente al mediodía tendremos otra conferencia de prensa como esta. Gracias” y el presidente se retiró a otro ambiente del palacio ante la protesta de los reporteros que seguían lanzando preguntas y empujando a los del servicio de seguridad. Los periodistas, celulares en mano, informaron a sus centrales, mientras otros hacían los comentarios del caso, simultáneamente a la transmisión directa de la reunión.

Día: Miércoles.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 09 A.M.

“Flash informativo!” anunciaron la mayoría de medios de la Radio y TV, dejando de lado sus programas faranduleros.

“El abusador liberado, capturado esta madrugada, fue detenido por ordenes directa del Presidente de la Republica. Realmente, este es un caso inusual, porque no se sabe si se siguió el debido proceso para tal captura y detención. El presidente ha prometido dar más información al mediodía, ya que en este momento está en una reunión con su gabinete, convocado de emergencia, en donde presumimos se está tratando el tema de la abrupta decisión presidencial.” Decía un reportero desde el patio del Palacio, y a su espalda se veía las inmediaciones del patio del palacio y la Plaza Mayor.

Mientras que en otro canal de TV entrevistaban al abogado del Abusador. “No puede ser!…-dijo a gritos el picapleitos-… Mi defendido ha sido detenido como si fuera un criminal. No han pasado ni siquiera 24 horas de su libertad, dictada por el juez de turno, y ahora está detenido nuevamente e incomunicado. Quiero denunciar que se me ha negado verlo y esto no puede ser en un estado de derecho, en donde todos tenemos que respetar las leyes, sea quien sea!”. Y por “rarísima coincidencia”, a esta noticia le siguieron otras relacionadas la captura y encarcelamiento de un líder de la oposición en Venezuela, en donde se afirmaba que se habían violado sus DDHH.

Los periodistas, luego de la conferencia de prensa, ya no tenían nada que hacer en el palacio y sus inmediaciones, porque los ministros al llegar se habían negado a dar declaraciones, mientras que otros decía desconocer la agenda a tratar. Así, todos se fueron al Congreso con la certeza de que se venía un escándalo de proporciones nunca visto.

Día: Miércoles.

Lugar: Puertas del Congreso. Lima, Perú.

Hora: 10 A.M.

La mayoría de los congresistas estaban en las puertas del Congreso y la antesala, dando declaraciones a los diversos periodistas, quienes no se daban abasto para cubrir tanta locuacidad. Los camarógrafos de todos los canales de TV transmitían las imágenes desde afuera y dentro del Congreso, y en una de ellas mostraba en un primer plano a un grupo de mujeres congresistas, aunque en el fondo, cerca de un árbol, un buen observador podía ver a un perro defecando, como si el  animal supiera en qué lugar estaba. Sí, allí, ante las múltiples cámaras estaban: “Las cinco chicas poderosas”, bien al guante blanco en mano; los cuatro gatos de “La Plata Llega Sola”; los “Come Pollo”, los “Mata Perro”, los “Roba Cable”, los “Lava Pies”, los “Come Oro”, “El Proxeneta Norteño”, los “Nosotros Matamos Menos”, los “La Violación Nunca Embaraza”, los “Papitas Lay”, “El Perro de Chacra”, “La Culpa es de los Caviales!”… y otros más; incluso los que no siendo congresistas se creían con suficiente derecho para estar allí, en el centro de la noticia, como la de ojos chinitos:“Mi Male me Vale Belga…!”, otro, con pinta de auquénido pero con alma gringa:“Mi suegra, sobreviviente del holocausto, compró esa propiedad!”, otro con pinta de gringo y lengua de trapo:“Yo tener pasaporte perruano!”; y otro muy sonriente, que cuando apenas apareció, todos guardaron sus billeteras:“Robo pero hago obras!”, ahora si estaban todos, en el centro del zoológico de la fauna política… con la sola excepción de dos ex presidentes, que les hubiera gustado mucho estar allí, pero no pudieron llegar; uno, porque estaba en la cárcel, sentenciado a 30 años por asesino y ladrón, y el otro, aunque aún caminaba libre por las calles, por estar dando sus declaraciones ante el juez por haber indultado a miles de narcotraficantes y criminales.

Así, los noticieros de los medios, transmitiendo directamente desde el Congreso, estaban en el tope de la sintonía, como esparciendo las declaraciones con ventilador; para regocijo de los directivos de los medios, quienes por su experiencia profesional sabían que a final de cuentas: No iba a pasar nada. Sí, ese era el mensaje subliminal que se enviaba a la población: todo era un escándalo, un alboroto que sin importar la gravedad de este, de todos modos iba a quedar impune, por más comisiones investigadoras que existieran… “Así era el Perú, pues!”

Pero en las calles había sucedido un inusitado fenómeno social. La noticia del acto presidencial, de haber ordenado por iniciativa propia detener a abusador, había caído muy bien en todos o casi todos de aquellos llamados “Gente de a Pie”. De la misma manera como hacía solo tres días la noticia del abuso a una mujer había causado revuelo en toda la población, esta vez la noticia de su captura causó alegría en la gente joven de las universidades, en plazas, mercados, en los servicios de transportes masivos y otros. La gente se sentía inusualmente contenta.

Un video, ya editado, que contenía la captura y la declaración del presidente, había sido colgado en Youtube, y se había vuelto viral. En menos de dos horas, tenía 3 Millones de entradas, incluidos los 2.5 Millones de “me gusta”  y solo 100 “no me gusta”. Los comentarios eran en su gran mayoría muy positivos, aunque aparecían otros con insultos de toda clase, incluidos los de corte racista.

Día: Miércoles.

Lugar: Sala de Prensa del Palacio de Gobierno.

Hora: 12 del Mediodía.

La sala estaba abarrotada de periodista, nacionales y extranjeros, pero aún así seguía llegando más de ellos.

Ya habían pasado quince minutos y el presidente no aparecía. Pasaron otros quince y tampoco llegó. Mientras tanto los periodistas hacían comentarios entre ellos acerca de los últimos sucesos, intercalando sus obligados comentarios profesionales ante las cámaras de sus respectivos canales, para así buscar el ángulo particular de la pregunta y repregunta que debían hacer para buscar las respuestas y la particularidad de la noticia que debían transmitir. Así, cada periodista ya tenía hecha una lista de preguntas, previamente coordinadas con sus respectivos directores de prensa, mucho antes que el presidente hablara. Los periodistas en general poseen dos normas muy rigurosas. Una, es la dictada por su compromiso moral con la ética profesional. La otra, es la que venía de los directores de prensa, delimitando el giro y dirección que debían dar cada periodista con respecto al mensaje presidencial; ambas normas casi nunca eran compatibles, por lo que se imponía la que les daba de comer a él y a su familia, aunque para otros ya la primera era un mito que se había quedado en la escuela de periodismo. Por eso, en cualquiera de los casos, en la mayoría de las mentes de los reporteros rebotaban las semillas que debían germinar: “Abuso de Autoridad”, “Tirano”, “Dictador”, “Chavista”, “Interpelación”, “Golpe de Estado”, “Comunista”,  “Izquierdista”, “Caudillo”…

Los periodistas salieron de la modorra espera al advertir el revuelo que causaba las limosinas en el patio llevando a sus respectivos ministros. Algunos salieron para tratar de entrevistar a algún ministro. Aunque los que se quedaron en la Sala de Conferencias del Palacio se enterarían que el presidente definitivamente no vendría.

Día: Miércoles.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 02 PM.

A esa hora la Cámara del Congreso parecía un gallinero asaltado por un zorro. Todos gritaban o vociferaban sus diversas demandas contra el presidente y otros por defenderlo, mientras caminaban agitadamente de un escaño a otro, empuñando papeles y blandiendo sus brazos, buscando apoyo a su pedido o para amenazar al que se oponía; mientras que otros, mano en alto, pedían la palabra como “cuestión de orden” o porque, señalando con gestos el reloj de su muñeca, reclamaban que ya había llegado el turno que les tocaba hablar. Entonces un secretario entró a la Cámara y se acercó al presidente del Congreso para decirle algo al oído, acto seguido se retiró.

El presidente del Congreso hizo sonar su campanilla para imponer silencio, pero no lo logró hasta la tercera vez.

“Señores congresista… -El presidente del Congreso habló- …sírvanse retornar a sus asientos y guardar silencio porque tengo algo muy importante que anunciarles…!”

“No puede ser… -Gritó el congresistas que había estado hablando- … estoy en el uso de la palabra, y ud. ni nadie va quitarme el derecho de denunciar… bla, bla, bla”, continuó diciendo.

“No señor presidente… -grito otro, sobreponiendo su voz a la del que hablaba- …es mi turno de… bla, bla, bla…” argumentó el otro congresista.

Solo después de diez minutos de campanillazos y exhortos al silencio recién llegó la calma a la sala, pero sería por corto tiempo.

“Señores congresistas, debo anunciarles que el señor presidente se dirigirá al país esta noche a las 8 pm y mañana en la mañana vendrá al Congreso… -y tan pronto terminó de decir la última silaba “…so”, se levantó de su asiento anunciando- …se levanta la sesión. Mañana a las nueve esperemos al señor presidente!”  claro que esta ultima parte lo dijo en medio del barullo que se había originado apenas lo vieron pararse.

“No puede ser, esto es un abuso!” gritó un congresista. “Esta burla a la majestad del Congreso no lo permitiremos!” vociferó otro en tono amenazante, blandiendo un puñado de papeles. “Que soberbia, primero fue el presidente y ahora son Uds. los del oficialismo!” y el bochinche continuó. Al presidente del Congreso lo siguieron los de su bancada oficialista, aunque sin saber el porqué de la interrupción de la sesión congresal. Luego, en una sala privada, se reunieron el presidente del Congreso y sus correligionarios.

“Señores parlamentarios, quiero decirles que solo he cumplido un pedido del señor Presidente, más información no puedo darles porque desconozco los pormenores de tal decisión. Posiblemente me vea con él tan pronto como salga del Congreso, no sé, ya veremos, en todo caso estaremos en contacto.” Explicó el presidente del Congreso, un tanto azareado.

A esa hora el ánimo de la gente común y corriente en las calles de la ciudad de lima y alrededores se había caldeado. Los comentarios de apoyo a la medida presidencial y su discusión de si era legal o ilegal era secundario al hecho de que por “fin se empezaba a hacer justicia en el país”. “Ya era hora que nos dejáramos de tanta corrupción y comisiones investigadoras que nunca llegan a nada, mientras los delincuentes se pasean por las calles” decían unos y los que lo escuchaban asentían en señal de aprobación, mientras otros añadían: “Sí, ese panzón corrupto que ha indultado a narcotraficantes tiene al poder judicial en el bolsillo, y no le hacen nada!” “Igual que el otro, el de la vincha y la chacana, que compra propiedades por millones de dólares y dice que su suegrita le ha prestado el dinero!” “Creo que solo el del Cuy es honesto!” retrucó un señor bien vestido. “No, que va. Ese gringo caga leche es el más ladrón!” “Como va decir eso, señor, más respeto!” le increpó. “El señor tiene razón, el Cuy sin autorización ordenó pagar millones de dólares a la International Petroleoum Company cuando Velazco expropió la Brea y Paríñas, y luego se fugó a los Estados Unidos escondido en la maletera de un auto”. “Pero este presidente prometió mucho, no hace nada y le llaman traidor!” retruco otro. “Pero ahora ha cambiado!” Y los dimes y diretes continuaron en todos los lugares públicos… pero algo había o estaba cambiando, las conversaciones que se habían iniciado por el caso del abuso a una mujer se estaban transformando en un debate político acerca de los problemas del Perú, en todos los lugares y rincones de la gran Lima.

Lo habitual de la gente era comentar la sopa de escándalos políticos y de la farándula, que la radio, prensa y TV presentaba ante sus ojos, sin llegar a nada; solo que esta vez no se sintió tranquila con solo hablar y criticar la situación que venía soportando por años, sino que se sintió impelida a hacer algo. Y ese algo se transformó en una acción espontanea y multitudinaria, al enterarse que el Presidente iba a dar un mensaje a la nación por la Radio y TV esa misma noche, a las 8 pm, entonces se dirigió a la Plaza Mayor, al Palacio de Gobierno.

A la gente no le importó mucho el rumor mañanero de que la esposa del presidente se había ido a Disneyworld, Florida, con sus hijos esa misma madrugada, a pesar de que se preveía el inicio de una crisis. Pero los medios, una vez confirmada la salida de la primera dama por Inmigraciones en el aeropuerto, explotó la noticia con una serie de conjeturas.

A esa hora el alborotado gallinero del Congreso era un desierto. Pero los set de TV, de todos los canales de señal abierta, no se quedaron atrás y ocuparon el lugar que les correspondía como envilecedores de la conciencia pública. Así, esa tarde todas las vedetes, los travestis, los “desclosetizados”, las “muñecas inflables”, las “caramelo-caramelo”,  y figuretis del Congreso y fuera de él, tenía full chamba para acotar con bromas de pésimo gusto, los comentarios “políticos” de los invitados, para así vulgarizar o banalizar el problema. Claro que nadie les ordenaba que jodan o corrompan la verdad o los valores, sino que a ellos les salía sin ningún esfuerzo, de manera natural y espontanea, como lo hacían en el baño. Por eso los directores de los TV canales ordenaban su contratación y participación diaria. Y en medio de esa chacota se soltó como primicia un fragmento de la grabación telefónica interceptada en la madrugada, entre la primera dama y su mejor amiga, la de la tarjeta de crédito, poco antes de que viajara a Miami.

“Así pues hija… -Le contaba la Primera Dama- …hemos tenido una muy fuerte discusión, que creo que ya no tiene solución. Todos estos años he bregado para que mi esposo no se salga de la línea democrática y ahora me viene con esto, a defender a una fulana que ni conocemos, ni nos importa, solo por el hecho de que su marido la castigó, sabe dios por qué. Con que el tipo fuera a la comisaria detenido y de allí a la carceleta judicial, la cosa terminaba, pero el idiota este se indignó y lo mandó a meterlo a la cárcel nuevamente, sin orden judicial ni nada, ¿te das cuenta?, como si fuera Chávez, y de eso ya habíamos quedado bien claro, nada de revolución ni niño muerto. ¿Que se habrá creído el cachaco este, que la oposición se va a quedar sin hacer nada? ¿Y la prensa que jode día y noche? No, no, no. Yo no le aguanto más, así que lo dejo solo para que se las entienda con los medios y la oposición. Yo no puedo hacerme cómplice de este lio y perjudicar mas mi carrera política, ni mi próxima candidatura, suficiente tengo con el escándalo de las agendas. Yo estoy trabajando para el futuro. Eso es lo que él no entiende. Por eso me voy, hija, a Disneyworld con mis hijos, y regresaré cuando todo haya pasado. Chau, te llamo desde allá”.

Los comentarios de los congresistas no se hicieron esperar y todos, de la oposición o no, asociaron la breve interceptación telefónica con la reciente conducta del Presidente. Los más tibios pedían la interpelación; los “cuatro estrellados solitarios” pedían un Juicio Político; los del “Chino con ch”, la dimisión; y por último, los oficialistas tenía la boca como el poto del gato… y no se les encontraba en ningún lugar.

Nunca “todo el mundo” significa todo el mundo. Así que, si no todo el mundo estaba en camino a la Plaza Mayor de Lima, los que se había quedado en casa y habían visto o escuchado las últimas noticias, se levantaron de sus sillas y salieron con rumbo al Palacio Presidencial.

MUJERDesde todos los conos de los suburbios de la ciudad, de los cerros, de los barrios populares y hasta de las zonas residenciales de la clase media, habían comenzaron a movilizarse como pequeños riachuelos para luego confluir y convertirse en un caudaloso rio de gente; entre ellos miles y miles de amas de casa de toda condición social. Si el video del maltrato a la mujer las había indignado, la libertad del abusivo las había enfurecido, pero después, la actitud del Presidente de volver a encarcelar al pegalón, contra viento y marea, las había encorajinado y estaban dispuestas a defenderlo de tanta basura leguyera, parlamentaria y judicial.

Mujeres-protesta-en-PerúLos estudiantes universitarios dejaron las aulas cuando sus celulares comenzaron a inundarse de llamadas de sus compañeras y amigas a reunirse en la Plaza Mayor de Lima… y luego los profesores también; claro, todos ellos tenían una madre, una esposa, una hermana, una hija, una novia o una amiga y sentían que no podían fallarles.

Como comprenderán, todo el mundo pensaban que el país, sino era una mierda estaba por serlo. Todos los presidentes de los últimos 20 años habían sido unos ladrones, corruptos y sinvergüenzas de la peor calaña, conjuntamente con sus pandillas congresales, y aún así, tenían en mente la desfachatez de querer regresar al poder en las próximas elecciones para continuar delinquiendo. Pero este último se había descarrilado, y se había atrevido a romper la ley ante el descaro de un juez de liberar a un delincuente abusivo, y esto había colmado la paciencia de él y de todo el mundo… y todo el mundo iba a apoyarlo.

mujer combativa2Día: Miércoles.

Lugar: Plaza Mayor. Lima, Perú.

Hora: 06 PM.

La Plaza Mayor estaba totalmente llena, y aún así seguían llegando más y más gente por las calles aledañas que desembocaban en la Plaza.  En las avenidas Abancay, Tacna, La Colmena y puentes cercanos al Palacio Presidencial el transito vehicular habían colapsado por estar invadidas por una muchedumbre que avanzaba ordenadamente por pistas y veredas. La policía no se interponía al paso de la gente a pesar de ser una zona rígida para manifestaciones, pero realmente nadie había convocado nada, y solo se limitaba a proteger a los transeúntes y desviar los vehículos a las calles que los lleven lejos de la zona.

Foto Esterilizaciones 2Unas horas antes, los reporteros de las Radios y Canales de TV ya habían notado el extraordinario fenómeno que estaba ocurriendo en las calles. Lo sabían porque lo veían con sus propios ojos, desde sus ventanas o porque llegaban los que estaban en las calles, además de la estrepitosa caída del rating de audiencia de sus programas. Por supuesto que los auspiciadores comerciales no tolerarían que las marcas de sus productos no estén en donde la mayor cantidad de gente los pueda ver, entonces empezó en los medios el alboroto por llegar con sus cámaras y ocupar los mejores lugares de la Plaza Mayor.

mujer combativa3Día: Miércoles.

Lugar: Plaza Mayor. Lima, Perú.

Hora: 08 PM.

El Palacio de Gobierno  estaba totalmente iluminado, lo mismo que la Catedral, los Portales y balcones coloniales que circundaban la Plaza Mayor y el Palacio Municipal.

Las campanas de la Catedral sonaron anunciando la hora: 8 de la noche, y la gente gritó con más ímpetu que como lo había estado haciendo por horas. Gritos en los que predominaban los agudos lanzados por las mujeres que colmaban la Plaza.

DEJAME DECIDIRSí, eran la mayoría y estaban dispuestas a hacer notar su presencia. Muchas habían llegado temprano y de manera organizada, entrelazando sus brazos y ordenadamente, desfilaron por el perímetro de la Plaza. Una veintena de ellas mostraban los pechos descubiertos en donde se podía leer: “Yo Aborté!” o “Déjame decidir”, otro tanto se mostraban de la misma manera solo que llevaban escrito algo diferente: “Soy Feminista!” y detrás una muchedumbre de mujeres jóvenes con carteles, liderada por una muy hermosa mujer que vestía polo rojo, blue jeans y zapatillas, todas ellas gritando, puño en alto: “Crear, Forjar, Poder Popular!”

Foto Esterilizaciones 2Sí, a esa hora los gritos ya eran de consignas políticas en contra de la corrupción, la impunidad criminal, la muerte de campesinos en manos de la represión, por la conservación del ambiente y otros.  Los hombres siendo minoría también portaban cartelones en donde destacaba uno que decía: “Putas al poder, porque sus hijos fracasaron!”

No bien habían terminaron de sonar las campanas de la catedral aparecieron simultáneamente, como si lo hubieran coordinado, el Presidente en el balcón izquierdo del Palacio de Gobierno y el Alcalde de la Ciudad en el balcón municipal. Y una silbatina de repudio se dejó oír en toda la Plaza Mayor. Y ambos, Presidente y Alcalde, se miraron a la distancia; el primero pensando que era dirigido para el “Roba pero hace obra” y el segundo sabiendo que era para él, se retiró inmediatamente dejando solo a su compadre; a fin de cuentas era él quien iba a hablar.

mujer combativa4Tan pronto la silbatina cesó el presidente empezó su discurso: “Compatriotas…” y así siguió. Este no era ni siquiera un orador regular. Especialmente desde el día en que, seis meses luego de haber asumido el poder, se deshizo de los intelectuales de Izquierda que lo habían apoyado y dio un giro a la derecha, dedicándose desde entonces a auto consolarse en ejecutar algunas obras publicas como construir carreteras, puentes, escuelas y hospitales; pero de la Gran Transformación prometida o la rebajada Hoja de Ruta: nada. En realidad su rol en el gobierno había terminado y desde ese día su ministro neoliberal y el empresariado minero aseguraron el control económico del Perú.

Durante su campaña quizás él mismo se contagió del entusiasmo que puso de querer cambiar al Perú, cuando confrontaba a toda la derecha y hablaba de manera fluida y precisa, con pasión y alegría. Pero luego no. Ahora tartamudeaba y hasta tenía lagunas que demostraban que no sabía qué hacer. Peor aún en esta noche en que estaba ante miles de manifestantes no solo sin su única asesora conyugal, sino en contradicción con ella.

Así, su mensaje fue como un Mea Culpa público de lo que quiso hacer y no hizo, pero que sentía que aún estaba dispuesto a hacer. Pero necesitaba apoyo, el indudable apoyo de la gente. En realidad la mente del Presidente estaba obnubilada por la cantidad de gente que se había reunido en la Plaza Mayor cuando ni él, ni su partido, los había convocado; y no podía percibir, o lo minimizaba, que un pequeño sector entre la gente lideraba las principales arengas en contra del gobierno, y creía que esta era una manifestación totalmente de apoyo.

El Presidente repitió hasta el cansancio que no permitiría la injusticia y la violencia contra la mujer, que estaba dispuesto a iniciar el proceso de transformación, pero pedía el apoyo de todas ella. Pedido que era festejado con grandes gritos de aprobación en la Plaza. Y así terminó, auto convencido de que había recuperado el apoyo popular. Entonces, agitando las manos como despedida, desapareció del balcón.

Esa noche el Presidente no pudo dormir. Sabía que tenía que dar la cara y presentarse, a pedido propio, en el Congreso. Él era consciente de la crisis que había originado debido a la orden que dio y tenía que dar explicaciones en el parlamento, que la derecha con sus congresistas, periódicos, radios y TV lo estaban acusando de diversas maneras que se resumían en un antejuicio, lo que traía como consecuencia: la vacancia o destitución presidencial.

Por su mente rondaban varias alternativas: “Pegarme un tiro. Mmm, no”; “Someterme al antejuicio, que es lo mismo que darme un tiro, mmm… tampoco”; y “Dar un golpe militar. Mmm… Ganas no me faltan”.

Entonces llamó a sus edecanes y les dio la orden de llamar al Comando Conjunto, cuyos miembros eran de su promoción; y a sus contactos de izquierda.

Día: Miércoles.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 10 PM.

La radio y TV no ampliaron la información de la manifestación, de la ya transmitida directamente. En cambio propalaron los temores de todas las bancadas políticas de la derecha, quienes coincidían en que el sistema democrático estaba amenazado por propias palabras del Presidente en su discurso y podía interrumpirse, aunque otros solo lo veían como una bravuconada presidencial o de distracción a los problemas que tenía su esposa con la prensa y las comisiones investigadoras. Luego, como si todo siguiera igual, pasaron a sus programas faranduleros de calatas, chismes y traiciones. Pero los directivos de los medios enviaron a sus reporteros con cámaras y micrófonos a “montar guardia” en diversos lugares estratégicos de Lima.

Día: Jueves.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 03 A.M.

tanquesLos reporteros de los principales medios apostados en las inmediaciones de los lugares estratégicos de Lima eran testigos de que movimientos nada extraños, sino previstos para el caso, estaban sucediendo en el Palacio de Gobierno, el Cuartel de la División Blindada “General Rafael Hoyos Rubio”, el Pentagonito, el CAEN y otros. Entonces, los que estaban agazapados frente al Cuartel de la División Blindada dieron el alerta definitivo: el Golpe Militar se había iniciado! La señal era clara al ver que una columna de tanques salía del Cuartel haciendo temblar las calles, y no para dar un paseo o calentar motores.

Pero una hora antes sucedieron cosas no tal evidentes o al alcance de los acuciosos ojos de los reporteros…

Día: Jueves.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 02 A.M.

El Presidente había recuperado la calma. Sabía que la crisis política estaba en curso y que dentro de unas horas ésta iba a estallar en el Congreso. Hasta allí todo había salido tal como se había planeado, pero lo que se venía era de mucha mayor responsabilidad y riesgo. Por eso necesitaba estar calmo, porque el siguiente paso que daría no tenía la opción de dar marcha atrás.

Hacía solo una semana, antes del video del abusador, el Presidente había recibido al embajador norteamericano en el palacio con motivo de su regreso al Perú, para presentarle sus saludos y renovar el compromiso de amistad y ayuda que tenían ambas naciones. Sí, eso era lo oficial y protocolar que los medios se encargaron de anunciar.

Pero lo real era que el propio embajador había solicitado al Presidente una reunión con carácter urgente y de interés en la seguridad nacional del Perú.

Dicha reunión duró escasamente una hora, en donde el secretario del embajador, quien era realmente un agente de la CIA, explicó de manera muy concisa la situación política del Perú, la crisis moral parlamentaria, la crisis de la seguridad ciudadana, la corrupción en todos los niveles de los poderes del Estado, el descontento popular, especialmente en el campesinado afectado por las compañías Mineras, y finalmente lo más importante para ellos, de las señales de recomposición, unidad y ascenso popular de la Izquierda revolucionaria; luego hizo silencio. Entonces fue el turno del embajador de hacerle llegar al presidente el plan norteamericano.

“Señor Presidente… -Empezó a hablar con un buen dominio del español-… De lo ya dicho Ud. comprenderá que los Estados Unidos de Norteamérica no pueden permitir que en las próximas elecciones del 2016, pueda ganar una organización de Izquierda. Nosotros sabemos muy bien del grado de crisis político que tienen los partidos democráticos y de la desesperanza del la gente por todos los candidatos amigos de los Estados Unidos. De tal manera que no vamos a esperar que llegue ese día para actuar… -El tono de voz del embajador se hizo más dura de lo protocolar y agregó-… En América Latina los comunistas han logrado ganar Nicaragua, Ecuador, Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina y tenemos problemas en Honduras y Guatemala, además de Uruguay y Chile… -el embajador hizo una pausa, se tragó el chicle o su pútrida saliva, y añadió-… y si en el Perú ganan los comunistas, como ya pronosticamos que puede ser así, entonces tendremos que intervenir militarmente en los países nombrados, empezando por Venezuela… -Volvió a hacer una pausa y miró directamente a los ojos del Soldado y le dijo-… ¿Se da Ud. cuenta, Señor presidente, del escenario geopolítico que se armaría si el Perú es parte del Eje del Mal? ”. El embajador guardo silencio y, sin esperar respuesta, miró al agente de la CIA como invitándolo a hablar.

“Señor Presidente… -intervino el de la CIA, con actitud más dinámica y optimista-… tenemos un plan ya elaborado y coordinado con algunos de sus generales, que solo funcionará si Ud. como militar nacionalista lo lidera y les cierra el paso al comunismo…” y el agente continuó explicándole el plan que ellos mismos habían ya denominado como: “Virrey”, ante la sumisa atención del Presidente.

Por eso, una semana más tarde, cuando el Presidente vio que se le presentaba la mejor excusa para crear una crisis, lo hizo. Luego puso a buen recaudo a su familia enviándola a Miami y, para pretexto,  filtró anónimamente a los medios una seudo-conversación “privada” de su esposa con una amiga, dando a entender una desavenencia conyugal.

“Generales… -Empezó diciendo el Presidente-… la hora ha llegado, creo que todos Uds. conocen el “Plan Virrey”… -y los militares se miraron unos a otros, serios en un inicio pero luego sonrieron. No en vano eran de la misma promoción de la Escuela Militar y de la Escuela de las Américas (de la CIA) en Panamá, haber ascendido ayudándose unos a otros, además de ser parte de la cadena de corrupción en el interior del ejército; y más aun, de haber firmado un acta de honor, frente al Presidente, cuando asumieron el mando del comando conjunto, para respaldarlo en caso de un Golpe Militar que él comandara. Y continuó diciendo-… y no hay mucho que decir, si no seguir las instrucciones del caso y del procedimiento ensayado desde que fuimos ascendidos a generales para los casos de guerra interna o externa y en el político, como ahora!”

“Señor Presidente… -Uno de los generales se animó a hablar-… el “Plan Virrey” menciona la necesidad de contar con de un respaldo popular al golpe. Entonces, ¿Qué nos puede decir?”

“Sí, general, teniendo en cuenta que solo es necesario para el momento del golpe y nada más, ya hice las coordinaciones. Uds. saben que con los civiles no podemos ser muy claros y menos dar a conocer el Plan Virrey. Así que, enmascarándolo, invité a la  izquierda a apoyarnos, ofreciéndoles nuevas elecciones y una asamblea constituyente, que es lo que ellos quieren, pero que en realidad esta nunca se daría. Pero ellos se negaron y me respondieron con una grosería. Creo que dos veces no cae el gato, no?… -y todos los generales rieron a carcajadas. Y continuó-… Creo que solo nos quedan los amigos naturales que están en el Congreso, al que iré dentro de unas horas y explicaré, en sesión secreta, acerca de la amenaza terrorista de los comunistas, que ya han tomado y controlan las comunidades andinas ubicados en los alrededores de los centros mineros, se han vuelto a infiltrar en las fábricas, universidades y están dejando granadas o explosivos por doquier. Así, buscaremos que se ilegalice a toda la izquierda marxista y aceptaremos solo a los reformistas para así evitar su unidad. Una vez conseguido esto, no serán problema de que intervengan en la política. Acerca del acto de disolver el Congreso, no creo sería absolutamente necesario, ya veremos, pero sí llamaremos a nuevas elecciones con todos los partidos que de verdad defienden la democracia, he dicho!”

Sí, de allí en adelante las palabras estaban demás, y se ordenó la salida de los tanques y el emplazamiento de todos los generales golpistas en sus puestos de combate. El resto quedaba en manos del Presidente y sus órdenes serían seguidas sin dudas ni murmuraciones.

Claro que del dicho al hecho hay mucho trecho.

TropasDía: Jueves.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 05 A.M.

Aquellos que no vivían en las inmediaciones de las zonas estratégicas para un golpe militar, solo se enteraron de su realización a través de la radio y TV. Se veían tanques y camiones porta tropas avanzando por las calles de Lima. Unas se apostaron en el Palacio de Gobierno, otras en el Congreso, otros frente al local de la CGTP, el SUTEP, las universidades de San Marcos y la UNI, los locales del Frente Amplio y demás grupos de Izquierda, y de las plazas públicas. Entonces, súbitamente se oyó una voz que informaba acerca de un mensaje del Presidente, y en la pantallas apareció su rostro anunciando, con voz calmada, que no había nada que temer porque no se interrumpiría la democracia y que los tanques y las tropas están para la seguridad de los transeúntes, anunciando que se presentaría esa mañana en el Congreso. Mensaje que se repitió más allá del cansancio, intercalándolo esporádicamente con las intervenciones de los congresistas que llamaban a mantener la calma y esperar el mensaje del Presidente en el Congreso. Pero de aquellos que discordaban simplemente no eran transmitidas.

Peruvian Army troops guard the main entrance of the Palace of Justice on April 07, 1992 two days after President Alberto Fujimori announced late 05 April the dissolution of the Congress and the suspension of the Constitution.

¿Qué pasó luego? ¿Qué diría el Presidente en el Congreso, respetaría su palabra dada públicamente de no interrumpir la democracia? ¿Cuál sería la actitud que adoptarían los partidos de la derecha en su conjunto? ¿Y Aldito, y el Doble Filo de Miami y el resto de DBA… lo aceptaría?

Pero, principalmente, que haría la Izquierda al ver los tanques en las calles, si ya se había pronunciado mandando a la mierda al traidor. ¿Y la gente común y corriente, qué haría? Lo de la noche anterior pudo haber sido una demostración de total apoyo al Presidente, si no hubiera sido por las mujeres de izquierda que lograron darle el verdadero y único sentido a su movilización. ¿Pero esta vez, ante las armas, se esconderían las mujeres?

poder popular

Como bien pueden suponer esta sería otra historia, muy diferente a la “Crónica de una Mujer Maltratada”, que muy pronto leerán, llamada “El Plan Virrey”, si es que me animo a garabatearla.

No creo que esté demás volver a decir que esta fue una crónica ficticia basada en hechos reales, pero que, lamentablemente como en este caso, la realidad supera muchas veces a la ficción.

Hasta pronto.

Michaelangelo Barnez.

19
Ago
15

YO TÉ

C. Denueve 4Ya era mediodía cuando me senté alrededor de una pequeña mesa redonda para dos, de mantel a cuadros rojo y blanco y al aire libre, en la acera del Café Le Dome, de La Ciudad de la Luz: Paris, cercano a la plaza en donde se erguía la imponente Torre de Eiffel, en espera de la única amiga que tenía allí, a quién solo había conocido a través de un portal literario de las redes virtuales de internet. Ella, Marie Denueve, era la persona fundamental para mi corta estadía en esa gran y hermosa ciudad, ya que hablaba, además del obligado francés, el inglés y español; estas dos últimas las únicas lenguas que yo dominaba.

A decir verdad, desde que salí del aeropuerto internacional de París, Charles de Gaulle, me sentí perdido, ya que tenía dificultades para comunicarme con la gente con quienes ineludiblemente tenía que tratar. Al taxista solo le enseñé el tríptico de propaganda del hotel para hacerme entender que me llevara allá, aunque al querer pagarle por el servicio y no entender lo que me decía opté por enseñarle una baraja de billetes de Euros, equivalentes a $80 Dlls, para que él escogiera lo debido, y el taxista tomó todos y me agradeció con una amplia sonrisa. Realmente no me sentí mal con la actitud de este, ya que yo sabía de antemano que era la tarifa aproximada, incluyendo la propina.

En el hotel me fue más fácil ya que hablaban inglés y mi agente ya había hecho las reservaciones del caso. Solo tuve que mostrar mi pasaporte americano y mi tarjeta de crédito para que las muy amables francesas me atendieran como un rey. ¿Francesas? No, no lo eran. Luego me enteré que realmente eran españolas, pero solo me hablaron en inglés durante mi corta estadía.

Así transcurrieron mis primeras horas, acomodándome en mi suite del hotel Saint Dominique, ubicado en la calle del mismo nombre; en el lobby de este y luego aventurándome a caminar por los alrededores, sin alejarme mucho para no perderme. Y en la noche viendo la TV en cable.

“A cappuccino, please!” le dije al maître del café cuando este se acercó a atenderme. Luego, desplegué el diario, Los Ángeles Time, que gentilmente me habían obsequiado en el avión el día de ayer, y repasé las noticias ya obsoletas, mientras había dejado sobre la mesa los tres libros que pensaba obsequiar a mi amiga Marie: “Rayuelas” de Cortázar; “Los Heraldos Negros” de Vallejo; y “Te Veré en Sueños” la novela que iba a presentar el próximo viernes.

Pero Marie demoró más de lo que yo demoré en beber tres tazas de café, así que, como ya era hora del almuerzo, le pregunté al maître por el menú, y este me trajo una cartilla con todo lo que servían allí… escrita en francés por supuesto. Pero no tuve dificultad para elegir lo deseado, porque no iba a almorzar aun, sino matar el hambre y justificar mi larga espera en esa meza del concurrido Café. En la lista vi una foto a colores, entre muchas, con una descripción: “Crêpes gratinées à la mozzarella et jambon”.

“I want this, please!” le dije poniendo mi dedo en el grafico, adivinando que era un Crepé de mozarela y jamón. Y el maître me entendió… Pero agregó: “Et pour la boisson? Y me dejó en el limbo por tres segundos,  para remontarme a los años de mi llegada a gringolandia, cuando sin saber inglés adivinaba lo que me decían acertando casi al 100% de veces, cuando me hablaban. Entonces le respondí: “A cold Pepsy, please!”  Y el maître se fue.

El hojear el diario en mis manos solo cumplían una fachada a mi prolongada espera por Marie. Realmente no tenía ningún interés en releer las noticias ya pasadas y menos los abundantes avisos comerciales. Y de tanto en tanto, miraba a mí alrededor y observaba a la gente que ya iba llenando las mesas contiguas. Y una vez más pude comprobar que el mundo se había globalizado no solo económicamente, sino en razas y culturas, tan igual como sucedía en California desde ya muchos años atrás.

Y mientras paseaba mi mirada observando a la gente del café, mis ojos coincidieron con los de una linda joven, sentada a pocos metros de mí mesa, quien me sonrió amablemente. Yo, caballerosamente, respondí con una leve reverencia con la cabeza y una sonrisa en mis labios, y continué con mi observación, sin mostrar mucha importancia al hecho en particular. Aunque para mis adentros pensaba que quizás ella me conocía del portal literario o en Facebook. Intrigado, volví a buscar sus ojos y encontré su fresca sonrisa y alegre mirada sobre mi persona. Y yo solo atiné a responder de la misma manera, para luego refugiarme en el diario, simulando leerlo.

Mientras comía mi Crepé volví a mirarla, y volví a encontrar su dulce mirada y sonrisa. Entonces yo, cogiendo el vaso de hielo con soda, hice un ademán levantándolo, mientras decía con una sonrisa y sin palabras sonoras: “Salud!”

Ella se alegró e hizo lo mismo diciéndome algo que yo entendí como: “Yo té!”

Continué comiendo y bebiendo a sorbos mi soda, mientras pensaba que usualmente mal interpretamos los gestos, creyendo que ella había mal entendido el mío, cuando levante el vaso, como refiriéndome al contenido de mi vaso, por lo que ella me contestó con lo ella bebía: “Yo té!” sin palabras.

Yo ya había terminado de comer mi crepé y mi paciencia por la espera se había agotado también, así que estaba dispuesto a pedir la cuenta y regresar a mi hotel. Pero antes hice el último intento de comunicarme con Marie, solo para obtener la misma decepcionante respuesta de que sistema satelital de esa zona no registraba mi llamada.

Así, mientras tenía el celular pegado al oído, vi como la linda joven se acercó a mi mesa y me dijo: “Yo té!” y con toda naturalidad se sentó en la silla libre.

Yo, muy solicito, llamé al maître con un ademán de mano para que se acercara y ordenarle lo que ella pedía: Un té. Pero la linda muchacha, sonrojada y ofuscada, se levantó y se fue, sin antes decirme algo, en voz baja, como un susurro, que entendí como: “bla, bla, bla, la mierdé!”

Realmente yo no comprendí lo que había sucedido y menos aun el motivo del porqué esta bella joven me había mandado a la mierda.

Pero mi confusión fue breve ya que la tan esperada amiga Marie Denueve por fin llegó.

Nos abrazamos, besamos y sentamos, y sin dejarme decir una palabra empezó con un interminable tsunami de palabras.

“Querido Mich, que guapo eres, mejor de lo que aparentas en las fotos de tu portal literario y en Facebook, como me gustan los latinos-hispanos, dios mío, como me gustas Mich. Pero bueno, te pido disculpas por no haber ido ayer a esperarte al aeropuerto, estuve tan ocupada con lo de tu presentación para este viernes que recién hoy lo he finiquitado todo. Vamos a tener como invitados a un poeta español y a un peruano ayacuchano que toca lindo el charango, ambos residentes en París, además de la presencia del agregado cultural del Perú en Francia. Todo eso lo logré recién hoy, en esta mañana, por eso es que demoré tanto, además de que no contestabas tu celular. Te llamé mil veces y nada. ¿Está malogrado? Bueno no importa ya, porque por fin nos reunimos para hablar frente a frente y…” y Marie continuó hablando, asegurándome la presencia de los amigos del portal literario, la comunidad peruana y de países hermanos residentes en Paris, dándome todos los detalles del evento literario y los preparativos para los días siguientes, previos al evento. Mientras yo solo asentía con la cabeza a todas sus decisiones ya tomadas por Marie.

Luego de la andanada de palabras de mi amiga, cambiando de tema, recién pude contarle mi breve experiencia de las 24 horas que llevaba en Paris.

Así, tuve la oportunidad de preguntarle acerca del comportamiento de la bella joven, que de cierta manera podía decir que había conocido en ese Café.

Y le conté todo, con lujo de detalles acerca de lo ocurrido, de lo que me dijo, de lo que creí entender, de lo que pensé y también supuse.

Entonces, Marie me interrumpió con una carcajada interminable. Ella reía como una loca. Sí, realmente como loca, sin importarle que llamara la atención de la gente que estaba en las otras mesas. Al principio me sentí incomodo, pero su risa era tan franca que contagiaba a la risa. Así que yo también reí, aunque sin saber porqué realmente. Hasta la gente de otras mesas empezaron a sonreír y cuando el maître vino sonriendo a ver que sucedía, Marie le contó en breves palabra lo sucedido, y este, soltando una sonora carcajada, comenzó a reír como un loco también.

“Mich, mi querido Mich… Jajajaja oh dios, oh dios!” y no pudo continuar porque la risa se lo impedía. Y así entre risas y las lagrimas provocadas por esta, me siguió diciendo: “Esto tienes que contarlo en viernes, dios mío, no puedo más, me orino de la risa… Jajajajajaja!!!”

Los vecinos de otras mesas, hombres y mujeres, reían también, pero no me incomodé por eso.

Salimos del Café porque era imposible conversar allí sin que a Marie le de otro ataque de risa.

Caminamos un poco, bajo la guía de ella, y encontramos un parque y bancas vacías, en donde nos sentamos a conversar.

Allí pude pedirle que me explicara lo que pasó entre la bella joven y yo, sin percatarme realmente.

Entonces ella me explicó que cuando yo creía que ella me decía: “Yo té!” ella realmente me decía: “Je t’aime!” que suena parecido para tus oídos, pero significa: “Yo te amo!” y no se refería a la bebida de té que pensabas. Y cuando se sentó a tu lado en la mesa, volvió a decirte. “Je t’aime!” pero volviste a creer que te estaba pidiendo un Té. Y Marie soltó una vez más otra carcajada: “Jajajajajaj… oh dios, oh dios!”

“Y cuando llamaste al maître del Café, ella creyó que te ibas a quejar, por eso es que, ofuscada y avergonzada, se fue!” dijo Marie y añadió “Pero luego… Jajajajajaja… Oh dios!… Ella no te mandó a la mierda… Jajajajaja… Cuando ella se fue… Jajajajaja… te dijo: “Bienvenue à la Ville Lumière!” Jajajajaja… y no “bla, bla, bla a la mierdé! Jajajaja… Oh dios, me oriné otra vez!”

03
Nov
14

LILITH

Alice Cooper / 2010

Amigos, esta es mi horrible historia, tan verdadera como que existe dios y el diablo, y que hoy he decidido contarla para que alguien más aprenda de esta aterradora experiencia… y esté prevenido.

LilitHace un año conocí a Lilith en una fiesta de Halloween, a la que fui disfrazado como Alice Cooper, cantante de hard y heavy metal rock, con la cara pintada, las arrugas y serpiente enroscada en mi cuerpo. Y lo que yo creí que era algo totalmente ridículo y risible, acerca de mi apariencia, resultó absolutamente atractivo para una mujer de cuerpo exuberante y belleza intimidante, disfrazada de… no sé qué, creo que de una guerrera de la antigüedad, pero muy sexy, y como me miraba fijamente me atreví a preguntarle:

“¿Quién eres?”

“Lilith… la primera y verdadera esposa de Adán!” dijo ella con voz grave y sensual, pero que a mí su explicación me sonó a nada.

“¿Y sabes quién soy yo?” repliqué inmediatamente con la intención y la esperanza de que la conversación continuara, porque su extraña belleza me había cautivado.

“Claro, eres Alice, te estuve esperando toda la noche…!” y Lilith acercó su rostro a mí, como invitándome a besarla, y yo solo atiné a darle un beso en la mejilla, y así sentí el intenso calor de su piel. Al retroceder pude ver que ella sonreía y adiviné que era a causa de mi timidez de no haberla besado en los labios. Así, casi extasiado, me quedé mudo por unos segundos, contemplando la belleza de su rostro, pensando que ahora ella seguiría su camino a reunirse con otros amigos de la fiesta… Pero, no. Ella seguía parada frente a mí, esperando que haga o diga algo. Pero yo no dije nada y me quedé paralizado. Entonces vi que Lilith, sonriendo, alzó su mano hacia mí y levantó mi barbilla, porque sin saberlo yo estaba con la boca abierta.

Lilith muy dueña de sus actos se colocó a mi lado, lo suficientemente cerca como para sentir su cuerpo, y comenzó a menearse al ritmo de la música de la fiesta: “Hey, Stoopid!” del rockero demoniaco al que yo emulaba con mi disfraz.

“Esta es la que más me gusta de ti!” me dijo Lilith y yo, malinterpretándolo, tuve la sensación de que me tomaba el pelo. Entonces reaccioné. Me di cuenta que si yo quería llegar algún sitio con esa mujer, la cama por ejemplo, tendría que despercudirme de mi estúpida timidez. Al fin de cuentas, era ella la que se había acercado a mí, pero yo no haría nada para que rebotara, sino todo lo contrario.

“¿Deseas tomar algo, Lilith?”

“Sí, tráeme una Mimosa, cariño!”

Así que me dirigí al bar a traer los cocteles, alegre de haber tomado la iniciativa.

No sé cuánto cocteles, Mimosas ella y Tequila Sunrise yo, tomamos esa noche, pero recuerdo que estábamos bailando “Down by the River” de Neil Young, muy pegados, sobando nuestros cuerpos, embriagados en alcohol y el néctar del deseo. No estará demás decirles, para cerrar esta aventura de la noche de Halloween, que nos fuimos a la cama. Si hicimos sexo, no lo sé, porque no recuerdo nada. Solo desperté como al mediodía del sábado con Lilith desnuda a mi lado en un del cuarto de un motel de Hollywood, y con un dolor de cabeza producto del alcohol bebido.

“¿Aló, mamá?” dije sentado en la cama del motel mientras Lilith dormía. “Sí, me tomé una copas de más y preferí quedarme en casa de unos amigos… disculpa que no te haya llamado, mom… Llego más tarde, no te preocupes de nada, ok?” y colgué.

“¿Con quién hablabas, Alice? Me preguntó suavemente y entresueños la adorable mujer que yacía en la cama, sin mostrar ningún reparo de su desnudez… ni de lo embelesado de mi mirada. Al contrario, Lilith comenzó a estirar sus brazos y piernas, y luego a contorsionarse sobre las sabanas. Si anoche no habíamos fornicado ya no me importaba, porque lo que veía ahora era más que una descarada invitación a hacerlo.

No sé a qué horas me dormí, solo recuerdo que bebíamos una mezcla de whisky americano, Jean Beam, con jugo de fresas y hacíamos sexo, luego más alcohol y más sexo, hasta perderme en la oscuridad de la nada.

De pronto desperté, y tuve la impresión de que despertaba nuevamente de otro sueño, porque todo lo que veía a mí alrededor ya lo había visto anteriormente, era como un Déjà Vu. Mi somnolienta mirada se paseó lentamente por la habitación, constatando que allí estaba Lilith, impúdicamente desnuda sobre la cama, en una pose inverosímil, mostrándome el Agujero Negro del centro de la Vía láctea, además el mismo cuadro en la pared, el mismo teléfono, la misma mesa de noche y lámpara. Todo era igual, a excepción de la ruma de botellas vacías, servilletas sucias y huesos carcomidos de las docenas de alitas de pollo que habíamos tirado dentro de un embase de cartón del KFK sobre la mesa, lo que me demostraba que no había soñado sino haber despertado antes en el mismo lugar.

“Holy shit!” exclamé al percatarme que era el mediodía del domingo.

“Aló mamá…! -dije cuando oí su débil voz a otro lado de la línea-… discúlpame, se me hizo tarde otra vez y volví a quedarme con mis amigos… pero esta tarde regreso a casa, mamá, no te preocupes!” No era posible. Jamás antes me había ausentado de casa de esta manera, sin ni siquiera llamar anunciando que no iba a llegar. Pero la cautivante belleza y exótica personalidad de Lilith, además del sexo y alcohol, me hacía perder la noción del tiempo y de mis responsabilidades.

Un atisbo de lucidez llegó a mi mente, en esa habitación del motel, y me hizo pensar que lo mejor era alejarme de Lilith. Realmente no sabía nada de ella a excepción de su nombre, si este era verdadero, y tampoco puedo decir que estaba enamorado de ella. Aunque no puedo negar que me gustaba de sobremanera y el solo hecho de recordar su cuerpo desnudo y lo que hicimos hizo que una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Pero sacudí mi cabeza para alejar la malsana idea.

Cuando entré al baño a darme una ducha, ya había tomado la firme resolución de irme tan pronto me vistiera, así Lilith estuviera dormida. El agua caliente de la ducha comenzó a despejar el malestar de la resaca que sentía y me relajé girando alrededor del chorro de agua… Lamentablemente no duró mucho la sensación de libertad que tenía, porque Lilith entró y se hizo dueña de la situación. Creo que es en vano dar los detalles de lo que sucedió allí, mientras el agua caía incesantemente. Solo diré que volví a sucumbir ante sus encantos y la habilidad amatoria que ella tenía.

Desperté en la oscuridad, vi la silueta de Lilith a mi lado, y sin pensarlo dos veces ni hacer ruido me vestí y salí de la habitación.

Afuera del motel, el frio de la noche terminó por despertarme, así que caminé al parqueadero, tomé mi auto y me marché rumbo a casa. La sensación de libertad había vuelto a mí otra vez.

“Mamá!… -exclamé al verla que despertaba, sentada en el sillón de la sala de la casa-… perdona por mi descuido de estos días!” le dije con sinceridad y ternura, abrazándola fuertemente.

“No te preocupes, Raulito. Lo importante es que estés en casa!” Me dijo al oído cuando la abrazaba, sin regañarme en absoluto.

Sí, tengo 22 años y aun soy lo que muchos dicen: “hijo de mamá”, cuando la mayoría de mis amigos de la universidad de medicina viven fuera de casa, solos, con amigos de la facultad o enamoradas. Pero creo que sería injusto que yo la dejara ahora, después de que ella eligió mantenerse sola, sin compromiso, luego de la muerte de mi padre en un accidente, para cuidar de mí con tanto esmero. Más aun si, a pesar de su juventud, 40 años, sufría del corazón de una manera irremediable y ya estaba en una lista de espera para un trasplante… que no llegaba. Yo era testigo de verla como su salud se iba deteriorando más y más, así como pasaba el tiempo, y temía que muriera antes de llegar a la meta del quirófano.

Esa noche me fui a la cama arrepentido de mi mal obrar y de haber puesto en riesgo la salud de mi madre, además del cargo de conciencia en el supuesto pero probable caso de que hubiera habido una emergencia y no haber estado allí para auxiliarla.

Sin embargo, mi subconsciente me despertó a las 3 de madrugada, sudando y anhelando tener a Lilith a mi lado. Por mis ojos o mi mente desfilaban escenas obscenas, pornográficas, del recuerdo de los breves días y noches compartidos con ella. Yo trataba de que esas ideas se fueran de mi mente. Me volteaba y re-volteaba en mi cama, tratando de distraerme y quedarme dormido, pero fue en vano, las imágenes no se iban. Miré el reloj de pared. “Las cuatro, mejor me levanto!” me dije a mí mismo y fui a darme una ducha.

En el camino a la universidad y durante las clases, el rostro y exuberante cuerpo de Lilith aparecían como destellos brevísimos, que no pude evitarlos.

A la salida, cuando iba acompañado de un grupo de amigos con dirección al parqueadero, pude ver desde lejos a Lilith recostada en mi auto, así que me despedí de mis amigos y fui hacia ella.

LucreciaEsta vez ella vestía recatadamente, con una especie de túnica negra de mangas largas, sujetada en la cintura por un cinturón de apariencia metálica y debajo unos pantalones cortos de lycra que le cubrían los muslos, además de las medias negras y botas del mismo color. Pero lo más impresionante era la belleza y serenidad de su rostro. Ninguna malsana idea vino a mi mente esta vez, sino pronunciar para mis adentros, mientras me acercaba: “Dios mío, parece una virgencita!”

Y no pude resistirme. Al contrario, mi ego se regocijó con su compañía.

Al poco tiempo de iniciada esta relación ya no supe distinguir entre el deseo sexual que sentía por Lilith o el amor. Todo lo que sabía era que no podía vivir sin verla. De esa manera descuidé mis estudios y, peor aún, mis ausencias de casa empeoraron la salud de mi madre… pero ya nada me importaba.

Perdí a la mayoría de mis amigos, porque Lilith se comportaba de manera muy arrogante con ellos, y cada vez fui alejándome de todo lo que representaba mi yo. Ahora solo asistía a los lugares preferidos de ella y con la gente de su entorno, quienes me miraban con desdén, como si fuera poco hombre para Lilith.  “Alice, te tienen envidia!” me decía cuando le reclamaba lo esnobistas que eran ellos… Y ella persistía en llamarme “Alice” a pesar de haberle remarcado mi nombre: “Raúl!!!”

Y así pasaron los meses y yo cada vez más sumiso a la voluntad de Lilith, aunque confieso que me sentía más feliz que nunca. Hasta que llegó el mes de aniversario de nuestro amor: Octubre.

“Alice, vamos a tener una reunión muy importante para los preparativos de Halloween… -me dijo Lilith entre sudores después de nuestro consabido e insaciable rito sexual-… y quiero que me acompañes porque el Maestro quiere conocerte!”

“Pero… creo que ya me lo presentaste una vez!”

“No. Este es el Maestro Mayor, el Maestro de maestros, y viene de Europa para los preparativos y la ceremonia principal! Él me tiene una especial consideración y, repito, quiere conocerte. No me defraudes!!!”

Y así, lo que ella dijo se hizo. Esa noche, unas semanas antes del 31 de Octubre asistí acompañando a Lilith a una casona a las afueras de Los Ángeles.

Estábamos en una espaciosa pero lúgubre sala que más parecía el de una Iglesia. Había mucha gente, sentados en unas bancas de madera, vestidos con una túnica negra que les cubría de pies a la cabeza, de esa manera no sabíamos quién era quién. Nosotros no éramos la excepción en nuestro vestir, aunque el color de nuestras túnicas nos diferenciaba del resto ya que eran de color rojo.

El sonido de un órgano llenaba la sala con una melodía que había oído en las películas de terror: “Dark Moon” de Paul Mottram. Así que yo pensé que todo esto era el montaje para una farsa y me preparé a disfrutarlo.

No puedo negar que la entrada del Gran Maestro fue espectacular. Primero, en total silencio la sala se llenó de una densa nube que apestaba a azufre. Luego se oyó la música estridente de un rock interpretada al revés que daba escalofríos. Entonces, de la penumbra apareció un inmenso… ¿Hombre? No. Este tenía facciones de hombre pero era del color rojo y tenía cuernos y cola. Y no se detuvo hasta llegar al pódium que le habían preparado.

De pronto me miró, y un escalofrío recorrió mi cuerpo y no deje de temblar.

Lilith tuvo que sostenerme de un brazo para no caer al suelo. “Animo, Alice, no me defraudes!”

diablo“Dios mío, es el mismísimo Diablo!!!” exclamé sin palabras. Y el Maestro de maestros gruño, como leyendo mis pensamientos, escandalizado de haber dicho “Dios” para mis adentros, y no dejé de temblar. Pero lo peor estaba por venir.

Lucifer habló con voz tétrica, aliento putrefacto y sin rodeos: “Lilith, tienes que traerme el corazón de la madre de tu pareja, sino no podrás renovar el contrato de la vida eterna!!!” Y dando media vuelta se marchó, en medio de gritos y llantos que los concurrentes lanzaban como alabanza al gran Maestro.

Yo ya no era consciente de lo que sucedía a mí alrededor. El pedido del demonio o la farsa de este me había aturdido totalmente.

Así, solo pude reaccionar cuando Lilith detuvo el auto, en un recodo del camino de regreso a Los Ángeles. Ella me miró en silencio, en la penumbra y soledad del camino.

“Alice, no me defraudes, seremos eternos y podrás poseerme cuando quieras y para siempre!”

“Lilith, mi madre es lo que más quiero, no puedes pedirme eso!”

“Tu madre ya no vivirá mucho, Alice, ella está muy enferma y a punto de morir. Por el contrario, si haces lo que te pido, tú… y yo… tendremos la vida eterna a cambio!”

Lilith me beso tan pronto dejó de hablar para no darme la oportunidad de replicar su pedido, mientras que con sus manos manoseaba mi miembro viril para lograr mi excitación. Así, una vez que lo logró cambió sus manos por sus labios y ardiente lengua, sin dar tregua a que el raciocinio llegara a mí, y al oírme gemir se posó sobre él para fornicar con violencia en el limitado espacio de auto. Debo confesar que el lado de mi instinto animal de mi ser se había apodera de mi conducta y en el momento culminante del éxtasis sexual sentí que mi alma ardía y vi fugazmente al demonio lanzando una carcajada por su triunfo.

Lilith me dejó en el parqueadero donde había dejado mi auto y se marchó en silencio.

Yo, como un verdadero zombi, es decir como un muerto sin alma ni pensamiento, tomé mi auto y conduje a casa sin ser consciente de cómo lo hacía. Solo me percaté del lugar en donde estaba cuando me detuve frente de mi casa. Allí me vino el alma al cuerpo y lloré, lloré por un largo rato. Avergonzado de lo bajo que había llegado. Hasta que oí que alguien tocaba débilmente las empañadas lunas de mi auto. Al abrir la puerta de mi auto vi a mi madre frente a mí… y no pude contener mis sentimientos.

Salí de auto tambaleándome y llorando abracé a mi viejita linda, llenándola de besos como nunca lo había hecho, diciéndole que la amaba más a que a mi vida y prometiendo, para mis adentros, que jamás volvería a ver a la demoniaca de Lilith. Mientras mi madre me consolaba diciéndome: “No debes tomar demasiado hijito!” creyendo que el desborde de mis emociones eran producto del alcohol.

Al día siguiente mi madre quiso servirme el desayuno pero no pudo, así que fui yo quien la atendió y luego me marché a la escuela preocupado de lo débil de ella estaba.

En el camino y durante las clase no pensé en Lilith, ni su imagen vino a mí como en otras veces, y me sentí libre de su malévola influencia. Cuando salí y me dirigí al parqueadero tampoco estaba ella. Así que me fui a casa, feliz de haberme librado de Lilith.

De regreso encontré a una ambulancia de los paramédicos parqueado en la acera, frente la puerta de mi casa. Adentro, en la sala, estaba mi madre reclinada en el sofá, siendo atendida por dos de ellos.

“Ya hemos estabilizado sus signos vitales, pero tiene que llevarla al doctor en la brevedad!” Me dijo uno de los paramédicos. Y así lo hice, esa misma noche llevé a mi madre al hospital para que el doctor la vea.

“El tiempo de tu madre se ha agotado, la próxima vez tendremos que usar las maquinas para mantenerla viva… su corazón ya no responderá!” me dijo su doctor con cruda sinceridad. Y agregó: “Tiene que quedarse. En el muy probable caso de un  próximo paro cardiaco, los paramédicos no llegarían a tiempo para auxiliarla!”

Pero yo repliqué firmemente: “Doctor, quiero a mi madre en casa, Ud. sabe que ya casi soy un medico y sé cómo cuidarla!”

Llevé a mamá de regreso a casa y allí la acosté lo más cómodamente posible. “Yo te cuidaré mamita linda, duerme tranquila!” le dije y le di un beso en la mejilla. Luego me fui a dormir.

Pero en la medianoche, en pleno sueño o despierto, no sé, escuché la voz del doctor del hospital que me decía repetidas veces: “El tiempo de tu madre se ha agotado, la próxima vez tendremos que usar las maquinas para mantenerla viva… su corazón ya no responderá!” Y de pronto, de la nada, apareció el virginal rostro de Lilith ante mis ojos, diciéndome: “Tu madre ya no vivirá mucho, Alice, ella está muy enferma y a punto de morir. Por el contrario, si haces lo que te pido, tú… y yo… tendremos la vida eterna a cambio!”. Lilith estaba arrodillada sobre mi cama, acariciándome mientras hablaba, y sin darme más oportunidad hizo lo mismo de la última vez, en el auto. Pero en esta oportunidad yo estaba decidido a no permitirlo, así que traté de alejarla empujando su rostro fuera de mi sexo, pero no pude desprenderla. Entonces la agarré de los cabellos y sin ningún miramiento la sacudí enérgicamente para que me soltara… y tampoco lo logré. Y en la desesperación grité, porque en mi alma sentía que la razón y mis valores sucumbían ante la sensación del instinto animal del placer… y no pensé más… solo gocé de la exquisita lujuria que me brindaba los ardientes labios de Lilith… toda la noche, suavemente y de manera interminable… pero sin llegar al éxtasis.

De pronto desperté y mi único pensamiento era ver a Lilith y de fornicar una eternidad. Salí de casa, desesperado, sin despedirme de mi madre, para buscar a Lilith.

Su teléfono no contestaba a mis llamadas y yo desesperaba cada vez más y más, porque ya había dejado decenas de mensajes pero ella no respondía. Así, rogué no sé a quién, poder encontrarla en su tienda, en la antesala de su casa, de suvenires satánicos que vendía de manera legal al público, en Santa Mónica.

Cuando llegué la encontré detrás de un escritorio, sentada en su sillón reclinable. Me acerqué y sin más me arrodillé ante ella y me hundí en su regazo, y entre sollozos le pedí perdón. Le dije que estaba dispuesto a hacer lo que me pedía, pero que no me dejara. Ella acarició mi cabello y lentamente se limitó a subirse la falda y separar sus rodillas para que yo alcanzara sus ya húmedos y ardientes labios. No sé cuánto tiempo estuvimos embriagados en el sexo, porque lo que empezó en el sillón reclinable de su escritorio, continuó en la bañera, en el piso del corredor, en la cocina, para finalmente despertarme en su cama.  Creo que esta vez mi conciencia moral había muerto definitivamente, porque no sentía ningún remordimiento, al contrario, estaba tranquilo, y se puede decir que hasta feliz, porque mi ansiedad había acabado. Ahora no solo sabía lo que tenía que hacer, sino que estaba dispuesto a llevarlo a cabo. Luego salimos a un Coffee Shop cercano.

Lilith, mientras tomábamos un café en la calle, me dijo: “Alice, te he preparado una lista de lo que tienes que tener preparado… -y lo leyó antes de entregármelo-… Una caja conservadora de tamaño apropiado y mucho hielo. Una solución anticongelante y una solución salina… todo eso lo consigues en una farmacia. Lo del alcohol yodado, guantes, bisturí y otras cosas ya lo sabes, tú eres ya un doctor…” y yo guardé la lista en el bolsillo de mi chaqueta. Luego del café volvimos a la cama y esta vez fue ella la que se paseó por todo mi cuerpo. Ya en la tarde me despedí de Lilith con un acuerdo de reunirnos más tarde para la ceremonia de esa noche.

De regreso a casa compré todo lo necesario en el camino porque sabía que no habría más tiempo. Y así fue, ya que encontré a mi madre totalmente inerte sobre el sofá. No me distraje en nada y fui directamente a donde ella. Chequeé su pulso y comprobé que los latidos de su corazón eran muy débiles y desacompasados, como el sonido del motor de una carcocha próxima a apagarse definitivamente. Juro que mis sentimientos habían desaparecido y ahora actuaba con la frialdad profesional de un medico. Acto seguido, a sabiendas que ya no había marcha atrás, descubrí el pecho de mi madre, limpié la zona de su corazón y alrededores con alcohol yodado y le inyecté una solución apropiada directo al corazón… ya no había vuelta atrás.

Antes de salir de casa e ir al encuentro de Lilith, revisé que todo esté en orden, y lo estaba, ahora ya no había más tiempo que perder. Entonces, tomé el teléfono, marqué 911 y llamé a los paramédicos, ellos comprenderían. Y salí raudo al encuentro del destino, cualquiera que fuera este.

“Alice, lo trajiste?” me dijo Lilith ansiosa.

Y yo, sonriendo, levante la caja conservadora.

“Wow, Alice, te adoro, nunca te vi tan seguro de ti mismo, me gustas!”

Y sin más dilación nos fuimos con rumbo al lugar en donde se llevaría a cabo la diabólica Ceremonia.

Por el camino, solo tuve un instante de debilidad cuando el cuento “El Ruiseñor y la Rosa” de Oscar Wilde y “Balada Catalana” de Vicente Balaget llegaron a mi mente, y una lagrima rodó por mi mejilla. Pero me repuse inmediatamente.

Ya era de noche y parecía que la carretera era solo para nosotros. Dentro del auto reinaba el silencio. Entonces en un recodo del camino me detuve y encendí la luz interior. Lilith estaba extrañada por haber detenido el auto y me miro directamente a los ojos. Yo no sé lo que vio en los míos, pero lanzó un grito descomunal.

De vuelta a la carretera conduje desenfrenadamente, casi como un loco, pero sabiendo perfectamente lo que hacía.

Freneé haciendo rechinar las llantas de mi auto, frente a la puerta de emergencia del hospital, y corriendo por el pasillo de este llegué al quirófano en donde estaba mi madre y grité:

“Doctor, ya puede operar a mi madre, aquí traigo un corazón!”

 

27
Jul
14

LA VIUDA NEGRA

Viuda negra1

MICHAELANGELO  BARNEZ

Nota del autor: Queridas amigas y amigos, hoy les traigo un cuento, repito, un cuento y no algo que me sucedió, por más que lo narre en primera persona. Claro que resulta todo un halago hacerles creer en mis cuentos que realmente me sucedió o fui testigo de esas historia que, quiéralo o no, le sucedió a alguien en el mundo de una u otra manera. Allí va, pues…

Hace unos meses celebramos el 50 aniversario de la promoción de la escuela secundaria en donde estudié. Allí, lamentablemente, no pudieron estar todos los que egresamos; unos por estar muy lejos y ocupados, y otros porque habían hecho el consabido viaje sin retorno. Como sea, la celebración fue muy amena, llena de alegría y cariño fraternal por el reencuentro.

De allí, luego de la algarabía de la Cena y Baile en un centro de celebraciones de un hotel de cinco estrellas, nos retiramos prometiendo reunirnos más a menudo. Aunque mis más cercanos amigos y sus esposas no querían irse a casa inmediatamente. Así que los invité a ir a la mía… a seguirla!!!, como decíamos y hacíamos antes, pero ya no en el mismo sentido de una juerga de esos tiempos, sino a hacer lo que no habíamos podido hacer durante la fiesta, y esto era conversar, intercambiar tantas experiencias acumuladas todos estos años y contarlos sin ninguna presión o compromisos.

En el camino a mi casa la mayoría de mis amigos compraron bebidas y botanas, a pesar de que ya les había dicho que tenía de todo en casa. Así, cuando fueron llegando comencé a apilar botellas de Whisky, Vodka y Tequila en mi bar y las botanas nacionales en el frio bar; y ellos encontraron una variedad de fuentes de botanas al estilo de california, vinos peruanos y nuestro infaltable pisco, es decir yo estaba preparado… por algo soy viejo en estas lides.

Todos teníamos mucho que contar de nuestras vidas, ya sea como profesionales u hombres de familia… y así lo hicimos una vez bien instalados alrededor de una gran mesa, bebiendo y comiendo con mucha moderación, prestando atención a las palabras de quien hablaba.

Todos contaron acerca de cómo conocieron a sus parejas, de sus logros y éxitos en la vida, de los hijos y también de nietos que ya llegaban.

Así las horas pasaron volando y ya en la madrugada comenzamos a rememorar nuestras travesuras de adolescencia. Y de todas ellas, una merece contar.

Fue durante el llamado viaje de promoción que hicimos al Cuzco, vía Arequipa y Puno, en donde a uno de los compañeros, el mas “vivo” de la clase, se le ocurrió debutar en el arte amatorio con una “obrera” del oficio más antiguo, lo cual no tiene nada de malo, pero sí hacerlo a más de 4,000 mts de altura sobre el nivel del mar, en Puno, lo que le costó a este costeño ir al hospital en emergencia porque se ahogaba, y así perderse el resto del viaje.

Bien con este antecedente contado y por todos nosotros festejado, el susodicho se animó a contar lo que le sucedió años más tarde, cuando ya era un profesional y gerente de una gran empresa importadora.

Resulta que en el proceso de la firma de un acuerdo muy importante con otra empresa de Hong Kong, tuvo que viajar con su asistente a esa gran ciudad del lejano oriente.

Una vez allí, desde su llegada, fueron atendidos en todas sus necesidades de alojamiento y transporte, así como asesorados con guías y traductores hasta que firmaron el pretendido contrato.

Una vez terminado los asuntos de negocio tuvieron un día más para ir de compras y la consabida diversión, antes de regresar, así que esa noche ambos decidieron darse “la vida loca”. Así, con eso en mente le preguntaron con toda confianza al guía que los había acompañado desde el primer día, por un lugar donde conseguirlo, y este, ni corto ni perezoso, no solo los iba a orientar con una información, sino que se incluyó en el paseo del placer.

Esa noche, no bien se ocultó el sol, empezaron a recorrer diversos lugares que ofrecían con sus brillantes luces de neón toda clase de pecados; desde las comidas y bebidas exóticas hasta el carnal en su variedad para mirar o “tocar”. Mi amigo, el mismo loco que se le ocurrió hacer el amor a 4,000 mts. en Puno, estaba eufórico por hacer lo mismo, pero ahora en Hong Kong, a nivel del mar… Y así fue.

De nada valió los consejos de su asistente y del guía para que tome las cosas con calma y no bebiera tanto, y de que era preferible escoger un solo lugar para todo lo que él quería, porque allí se lo ofrecían por unos buenos dólares. Pero el loco estaba eufórico y, ya bebido, incontrolable.

Los tres estaban en la barra del bar de un buen centro nocturno, bebiendo y charlando, a la espera de que las consabidas damas de compañía del lugar se acercaran; mientras a sus espaldas unas bellas mujeres se esmeraba en su baile exótico en la pista y en el tubo, mientras que el guía y el asistente se enfrascaron en una conversación de cómo abordarlas cuando se acercaran.

De pronto se percataron que el loco había desaparecido del lado de ellos; lo buscaron en el baño, en los cuartos privados y por los alrededores del centro nocturno y no lo encontraron. Así decidieron esperar unos minutos, en caso de que esté con alguna dama en los privados a puertas cerradas… pero, nada, no apareció. El loco les había arruinado la noche. El guía comentó que si andaba bebido, perdido por las calles a estas horas… nada garantizaba su vida.

El guía, más para librarse de responsabilidades que otra cosa, le pidió al asistente que denunciara la desaparición de su jefe… Pero en la estación de policía le contestaron entre carcajadas que seguro estaba “viviendo la vida loca” y que ya aparecería, y como sea, ellos no podían hacer nada antes de las 48 horas de su supuesta desaparición.

El asistente y el guía no podían hacer más; y se despidieron una vez que el primero ya estaba en el lobby de su hotel, con el compromiso de contactarse al día siguiente.

El asistente durmió a piernas sueltas a pesar de no haberse embriagado por el susto, sino de la cantidad de alcohol consumido. Pero fue despertado casi al medio día por la ruidosa llegada de su jefe y amigo… el loco había aparecido apestando a alcohol y con todo el cuerpo pintarrajeado de colorete por los besos recibidos.

El loco entró como un zombi, sin percatarse de nada, y se fue directamente al baño a darse una ducha. Allí pasó casi media hora y al salir le dijo a su asistente: “Hey, compadre, no entres al baño por un buen rato, porque lo he dejado, uyuyuiiii…!!!” y fue a sentarse en la otra cama vacía.

“Hay carajo, como me duele el culo, seguro que anoche me caí sentado al suelo de lo borracho que estaba!” añadió el loco. Luego el asistente le comentó de la preocupación que habían tenido por su desaparición, pero el loco no dejaba de vanagloriarse de la aventura sexual que había tenido esa noche, o de lo que recordaba de ella, con una mujer extremadamente linda, de talla y cuerpo espectacular y voluptuosa como ninguna, que le había dado el placer jamás conocido antes a pesar de su experiencia como don Juan, con mujeres casadas y mayores que él. “Sí, la Viuda Negra, así se hace llamar la bendita, rompió los límites de mi experiencia amatoria… oh, que placer dios mío!!!” decía el loco.

“Disculpe, jefe, debo llamar al guía, debe estar preocupado!” y sin esperar nada cogió el auricular y llamó.

“Sí, ya apareció mi jefe, no tienes por qué preocuparte!” le dijo al guía y este respondió algo siguiendo el diálogo.

“Sí, llegó bien, solo tiene un dolor en las sentaderas porque cree que se cayó al suelo de lo borracho que estaba!” le siguió contado el asistente.

“Ah, sí, no para de darme los detalles de su noche loca y de hablar de la Viuda Negra, creo que es una famosa vedette, ¿no?… Quééé?…” y el asistente fue interrumpido por el guía.

“Noooo, no puede ser!!!” el asistente casi gritó u luego lanzó una carcajada “Ja, ja, ja…!!! No, no puedo decírselo… dile tú!” y le alcanzó el auricular a su jefe.

El loco cogió el auricular con una mano, mientras con la otra se sobaba el culo. “¿Sí?” dijo y se quedó escuchando al guía, y luego de un largo minuto cayó desmayado sobre la cama.

El asistente volvió a coger el auricular caído y se despidió del guía. Luego mirando a su desmayado jefe, dijo: “Loco imbécil e ignorante, no sabías que la viuda negra es una araña que se come al macho luego de hacer el amor… Anoche estuviste con un travesti, borracho estúpido!”

20
Jul
14

DEL CORAZÓN

corriendo3Siento que ya estoy cruzando un punto crucial en el camino de la vida, aunque en este recodo no me resigno a bajarme en la estación: “La Tercera Edad”, menos aun en la estación que viene: “Anciano”, y no por rebeldía, así digan que es mandatorio, sino simplemente porque me siento capaz de acometer cualquier cosa, física o intelectual, siempre que me lo proponga y midiendo mis propios límites.

Pero una cosa es la positiva actitud mental que tengo, frente a la inexorable ruma de años que voy apilando sobre mi espalda que ya parezco el jorobado de París, y otra, la cantidad de achaques que, quiéralo o no, se van reflejando en mi capacidad y salud física.

Por ejemplo, no hay día que me despierte sin dolores, y no me refiero a mi linda vecina, sino a lo que siento en la espalda, a la altura de la cintura. Pero ya me acostumbré a ello, al punto de que se han transformado en un indicador mañanero, no del de mi fogosa juventud, sino de que he despertado y estoy vivo.

Y lo bueno es que con unos suaves movimientos de gimnasia, por unos minutos, las benditas molestias desaparecen totalmente. Entonces es cuando salgo a correr, ja, ja, ja, ya quisiera; es decir, salgo a trotar tres kilómetros… y es cuando siento mi corazón decir “pum, pum, pum, como el cañón”. Igualito como cuando hago mis ejercicios maritales en el rin de las cuatro perillas.

Así, les cuento que hace un tiempo, en uno de los días que salí a dar mis trotes matinales por las calles de la Molina, mi barrio, me sucedió algo que llamó mucho mi atención.

Yo ya llevaba como 20 minutos jadeando y trotando por las calles, cuando vi venir corriendo a una linda mujer. Yo no sé si son los años los que me han podrido el cerebro o es la dieta de lechuga que como a diario lo que lo ha verdeado. El asunto es que disminuí la velocidad de mi trote para observarla, al punto de quedarme parado, sí, como un idiota, con la boca abierta. La vi venir en cámara lenta, con sus frescos senos revoloteando, como queriéndose salir del ceñido t-shirt de lycra negra, a la vez que cimbreaba sus caderas al ritmo de sus saltitos. Yo no sé si babeaba o no, pero la señorita sonrió cuando pasó velozmente a mi lado.

Y yo, como si fuera un inspector de culos, la seguí con la mirada y me di con una grata sorpresa.

No sé si la hermosa fulana era una exhibicionista, una vedette o bailarina del Tubo, o todas esas cosas, pero en la ruina, porque el apretado pantalón de lycra que vestía dejaba al descubierto las redondeces de sus nalgas, como si fuera un hilo dental.

La impresión hizo que el “pum, pum” de mi corazón “trastabillara” y, olvidándome de la suculenta pototitos, comencé a chequear los latidos de mi corazón poniendo dos dedos en mi muñeca y luego en mi cuello.

Lo que oí no me gustó, así que me olvidé del ejercicio y me dirigí directamente a casa. En el camino noté que suspiraba repetidas veces y mi mal pulso no disminuía.

Una vez en casa llamé al doctor, y este, usando su estetoscopio, descubrió y nombró al desorden como: Una Arritmia y ordenó una serie de chequeos empezando con el más simple: un Electrocardiograma.

Luego de una semana que chequeos, los resultados fueron negativos a que estuviera mal del corazón. Pero yo ya había sido picado con el temor de padecer un mal cardíaco, ya que mi esposa, en todo este drama, me había dicho que en las noches, durante el sueño, ella había sentido que yo dejaba de respirar un largo rato, para finalmente dar una sacudida de cuerpo y empezar a respirar profundamente.

Lógicamente, yo le conté al doctor, pero él se remitió a los resultados gráficos que tenía en mano y restó importancia a lo dicho.

Luego pasaron varias semanas y yo volví a mi rutina física. Solo que ahora hacía gimnasia y caminaba un tanto rápido y nada más. Y en las noches dormía apaciblemente, aunque mi esposa me decía, cuando se daba cuenta, que había temblado varias veces.

Hasta que una noche, me contaron, dejé de respirar del todo y mi esposa hizo un alboroto de los mil demonios. Como si ya me hubiera muerto… y yo sin despertar o reaccionar. Como sea, llamaron a Emergencia y estos prometieron enviar una ambulancia, pero cuando llegaron yo ya había reaccionado y fui parte del coro de disculpas por la falsa alarma.

Solo ahora, y entre nos, les contaré algo que pueden tomarlo como quieran, total, solo yo sé que fue así.

Tengo un extraño recuerdo de que la noche que llamaron a la ambulancia, yo ya estaba en una sala de emergencia. Allí vi como en tinieblas, un tanto deslumbrado por la intensa luz del quirófano, a dos doctores, rodeados de enfermeras, que se acercaron a mí y me dieron un par de choques eléctricos sobre mi pecho, que sacudió todo mi cuerpo en la camilla, y fue cuando creí despertar. Yo miré agradecido a los doctores y estos me sonrieron también. Entonces dieron media vuelta y salieron del quirófano, fue cuando vi el par de alas que poseían en sus espaldas. Traté de mirarlos mejor a través del vidrio de la ventana y vi una mujer conversando con ellos, era mi difunta madre.

“No se preocupe señora, su hijo está bien!” le dijo uno de los… ¿doctores?

Y una luz más brillante me deslumbró y desperté en medio de la algarabía de mi familia… luego llegaron los de la ambulancia.

 

10
Jun
14

Secuestro y Violación

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“¡Abran la puerta en nombre de la ley o la derribamos!” Rugió el jefe del comando policial golpeando la reja metálica que protegía el frente de mi casa; detrás de él estaba un grupo de hombres con uniformes y otros de civil, sucios, mal vestidos y con palos y cadenas en las manos; además, uno de terno gris, flaco y encorvado, como un buitre, cargando un maletín negro.

Yo, desde mi sala, miraba por entre las cortinas de la ventana, con temor, a pesar de que ya había imaginado que iba a suceder. Entonces, respiré profundo varias veces y salí a enfrentar la situación.

Apenas aparecí en el porche, detrás de la puerta, de mi casa, una mujer de mediana edad me gritó:

“¡Violador, maldito, secuestraste a mi hija… una menor de solo 15 años!”

Yo no me perturbé, o al menos no lo demostré, porque desde que abrí la puerta sabía a lo que me iba a enfrentar. Así, sin dar marcha atrás, caminé el corto espacio que existía entre la puerta y la reja de hierro, en medio del griterío de insultos y amenazas. Y en el trayecto, vi dos hombres que portaban cámaras de televisión y otros dos más con micrófonos, mezclados con los policías, matones y el que fungía de juez o fiscal.

Yo no tenía la intensión de entregarme, sino defenderme y evitar que los policías derriben la reja metálica y entren a apresarme. Pero mi ilusión de maniobra se desvaneció cuando apareció Joseline detrás de mí, en el pórtico de la casa. Ahora no podría negarlo.

 

Joseline era una dulce adolescente llena de contrastes; era estudiante del último año de la secundaria en uno de los mejores colegios privados, ganadora del último Concurso Escolar de Matemáticas a nivel de Lima Metropolitana, aunque su pasión era ser escritora; confesión que hizo de boca propia cuando la conocí ocasionalmente, en la Feria del Libro de Miraflores, mientras le autografiaba una de mis novelas. No contenta con la breve y usual charla del instante, volvió a ponerse en la línea de espera con otra de mis novelas entre las manos para acercarse, hasta que la tuve a mi lado otra vez. En esta oportunidad presté más atención a su persona. Su rostro, otro contraste en ella, era el de una niña, pero su cuerpo el de una mujer. Ella vestía el uniforme escolar, en donde el botón de la blusa blanca que vestía parecía que iba a ser vencido por el volumen de sus senos redondos a punto de desbordarse y su recortada falda de pliegues dejaba ver sus torneadas y muy blancas pantorrillas, provocándome a mirar disimuladamente los demás detalles de su cuerpo, como su talle y tracero, que esta vez sí aprecié y que luego, en la soledad de mi casa, evoqué con cierto halo de erotismo, ya que había sentido la dureza del pezón de su carnoso seno al rozar mi brazo en el momento que estampaba mi firma en el libro. Lógicamente, yo lo asumí como un acercamiento natural y fortuito, pero no por eso dejó de perturbarme al punto de quedar grabado en mi mente. “¡Ah, viejo cochino!” me dije a mí mismo a modo de autocensura y despejar mi mente de tales malsanas ideas.

Todo hubiera quedado allí, como una de las tantas anécdotas que tenemos en la vida y que casi nunca contamos, pero no fue así.

A la semana siguiente, mientras divagaba acerca de uno de los capítulos de mi nueva novela, recibí una llamada telefónica, que me extraño al principio ya que era la voz desconocida de una niña la que escuché en el auricular.

“¿Señor escritor, se acuerda de mí, soy Joseline?”

Una serie de ideas se agolparon en mi mente de manera caótica tratando de recordar quien era, pero entre ellas, su voz, su nombre y los detalles físicos no se relacionaron.

“Ud. me autografió dos de sus novelas en la feria, ¿Me recuerda?”

“Mmm… Creo que sí.” Mentí para que no se sienta mal, especialmente si era una de mis lectoras.

“!Ud. prometió ayudarme con mi novela ¿Podría verlo, estoy cerca de su departamento?” Me dijo la voz de niña, y la insinuación logró encender en mi mente el recuerdo del cuerpo de mujer en el rostro de la hermosa niña que me había perturbado en la Feria. Sí, era la niña-mujer.

En esos eventos, por lo general, contesto con un “Sí!” o “Ya veremos!” de manera cortés y política a muchos pedidos de mis lectores; como responder los emails o invitaciones en FB que me enviarán, revisar sus trabajos literarios y comentarlos, participar en presentaciones o hasta asistir a cafecitos con el club de amigas y otros muchos más, que luego, de manera muy cortés y amable, a través de mi secretaria, declinaba participar.

Pero, como sea, yo estaba muy seguro que no había prometido a nadie a ayudarle a escribir su novela y menos aun haberle dado el número de mi teléfono e invitado a mi departamento… Pero una idea pecaminosa asociada a la niña-mujer se encendió dentro de mí, lo que motivó que dijera una mentira y una contradicción en una sola frase.

“Mmm, no creo recordarla, pero aceptaré su visita por unos minutos y única vez.”

“Oh, gracias, gracias, maestro, ah, ja, ja, ja!” dijo riendo coquetamente a través del auricular, suspirando como una niña y añadió: “¿Me deja entrar? estoy abajo, en el lobby del condominio!”

Yo me quedé perplejo por un segundo, pero no tuve más tiempo para pensar porque el zumbido del intercomunicador me sorprendió, y como un autómata presioné el botón de este, al colgar el teléfono.

“Hola, soy Joseline!” escuché su musical voz, y volví a actuar como un autómata, presionando el botón del seguro que abría la puerta del lobby.

Increíblemente, me bastaron los escasos minutos que uno demora en llegar desde la puerta del lobby, subir por el ascensor al último piso del condominio, en donde esta ubicado mi departamento o pent-house, para despejar mis ideas y pensar de la manera como suelo ser. Así, dos ideas muy claras quedaron en mi mente: Joseline es una linda admiradora y es una menor de edad.

Entonces escuché dos golpecitos a la puerta.

Mi departamento consta de un dormitorio con baño propio, una lavandería, y su mayor espacio está en el semicircular living, en donde está la cocina-comedor y baño de invitados, todo circundado por ventanas que permite una vista panorámica del mar y la Costa Verde de Miraflores. Ventanas cuyas cortinas plegué, antes de que llegue Joseline, como para que la sala perdiera toda intimidad. Entonces fue cuando escuché los débiles toques de Joseline a la puerta. Eran las cinco de la tarde y el sol brillaba en el horizonte.

Abrí la puerta con el automático y apareció la niña-mujer entrando como un huracán de juventud y fresca alegría.

Yo estaba parado en medio de la sala y Joseline se acercó sonriendo y me dio un beso en la mejilla. Yo me senté en el sillón individual y amablemente la invité a sentarse en los otros. Joseline escogió uno, exactamente frente a mí. Tiró su mochila escolar a un lado, sobre el piso alfombrado, y se dejó caer en los suaves almohadones del sofá. Yo seguía todos sus movimientos con la mirada y no pude evitar ver sus hermosas piernas bajo la minifalda escolar.

“Que lindo depa tienes!” Me dijo coquetamente, dejando la formalidad de lado para tutearme.

Yo me limité a sonreír, y guardé silencio para que ella me explicara lo que quería.

No lo hizo.

“¿Allí es donde escribes?” Dijo señalando mi escritorio y la PC.

Yo me mantuve en silencio, observándola.

Joseline, inquieta, se levantó y comenzó a caminar por toda la sala, esquivando muebles. Llegó a las ventanas y apreció el espectacular atardecer, jugó con las cortinas y sin detenerse llegó al bar.

“¿No me invitas algo?” me dijo agarrando una botella de Vodka.

“Claro, yo te sirvo!” le dije, levantándome del sofá.

Tomé una copa, otra botella y serví.

“¿Hielo?” le pregunté.

“Mmm, en las Rocas!” me contestó coquetamente con un tono musical. En realidad todo lo que hacia Joseline era pura coquetería de niña-mujer.

Joseline recibió la copa y bebió.

“Guácala!!!, me has dado agua!”

“Ja, ja, ja… y que creías, si eres una menor!” Sonreí sin muchas ganas, dejando entrever mi censura.

La niña traviesa se acercó a la reliquia de Rockola que tengo en un rincón del living, llena de música roquera de los años 50 y 60s, y presionó una del menú.

Entonces se escuchó los sonidos de un piano, baterías, guitarras eléctricas y el grito del vocalista diciendo a todo pulmón: “Ahí viene la plaga…”

Y la niña-mujer empezó a contorsionarse al ritmo de la música roquera clásica. Y lo hacía bien, muy bien. Hasta que, en uno de sus paso del baile, hizo el ademán de enlazarme y jalarme hacia ella a bailar.

Yo fui a la Rockola y detuve la música.

“Bailas muy bien el rock clásico, Joseline… -Le dije amablemente, y añadí-… pero estoy muy ocupado, y si no me dices el motivo de tu visita, creo que tu tiempo se ha terminado, querida amiga!” le dije lo mas amablemente posible mientras caminaba a mi asiento, ya que el mensaje era claro.

Ella volvió a su asiento sin mostrar ningún disgusto en su rostro, al contrario, se sentó y cruzó las piernas, igualita que Sharon Stone en Bajos Instintos, y me miró sonriendo.

Yo no pude reprimir mi sonrisa al verle el calzón blanco.

“Ah, y para que sepas, tengo 18. ¿Quieres que te enseñe mi DNI?” me dijo, bajando el rostro para solo mirarme maliciosamente.

“El mismo que enseñas para entrar a las discoteca y beber cerveza con tus amigas, ja, ja, ja!” le respondí, dejando claro que no solo no le creía, sino que estaba al tanto de las jugarretas de los adolescentes.

Y la mirada de malicia se fugó del rostro de Joseline.

Yo la miraba afablemente, en silencio, a la espera que se calmara y conversáramos.

Entonces, sin dejar su coquetería, me dijo:

“Quiero escribir una novela, pero primero quiero escribir una serie de cuentos, y realmente no sé cómo hacerlo, tengo las ideas y los diálogos fluyen por mi cabeza pero no puedo concretar nada. Ya tengo algunos casi terminados… déjame mostrártelos!”

Y de la posición sentada en que estaba hizo un giro sobre el brazo del sofá para alcanzar la mochila que estaba en el suelo alfombrado.

Dios mío, todo el culo de Joseline quedó a mi vista ya que el hilo dental que usaba era eso, un hilo que no cubría nada.

Cuando ella volteó y me entregó las notas de sus cuentos sin terminar, me miro fijamente a los ojos. Esta vez no había ninguna señal de picardía el los verdes iris de Joseline, y pude notar en su mirada que esta vez escudriñaba los míos.

No sé qué fue lo que ella vio en los míos, pero estaba seguro que todo lo que ella hizo desde que entró a mi departamento fue un jueguito muy inteligente, aunque peligroso, para probarme la clase de gente que era.

Su actitud cambió, se sosegó y dejó de lado la sonrisa coqueta. Yo la miré y no pude reprimir la idea de que era una hermosísima niña… en el umbral de ser una mujer, pero niña al fin.

Estuvimos en silencio por unos minutos. Yo leyendo los cuentos breves que me había alcanzado y cuando levantaba mi mirada, al terminar uno de ellos, encontraba los ojos de ella estudiando mis facciones para descubrir en ellos los signos de aprobación o rechazo.

Fueron casi 30 minutos de absoluto silencio, hasta que, devolviéndole las notas, le dije:

“Muy buenos cuentos, Joseline, todos, aunque el que más me encantó fue la historia del perro. Hay que pulir muchas cosas ligadas a la Corrección de Estilo pero lo principal con respecto a la calidad de textos es bueno. Escribes de manera clara y con un buen vocabulario, sin adornos superfluos, pero con un buen uso de las metáforas y del tono de la ironía… -le dije con toda sinceridad, y añadí-… y será un honor para mí ayudarte en lo que pueda!”

Joseline se cubrió el rostro y lloró, lloró como lo que era, una niña. Luego se levantó y se acercó hacia mí.

“Gracias maestro, gracias!” dijo y volvió a llorar. Esta vez se arrodilló y apoyó su cabeza en mis rodillas, y yo acaricié sus castaños cabellos consolándola.

Cuando se calmó se sentó a mi lado y conversamos, es un decir porque fue ella la que no dejaba de hablar de muchas cosas, de todo y de nada. Claro que Joseline seguía siendo la niña hiperactiva que gesticulaba de manera graciosa. Me dijo que su vida era muy triste y que no le atraía ninguno de sus compañeros de escuela y por eso no tenía enamorado, más aun, que nunca tendría uno.

Yo la escuchaba atentamente porque la personalidad de Joseline era desbordante, quizás por su dinamismo juvenil, pero ya se entreveía que iba a ser una mujer de carácter y simpatía inigualable… Sin embargo descubría que algo la atormentaba y empañaba la chispa de sus ojos y que, en cierta manera, buscaba mi aprobación… y amor. Sí, ella estaba sedienta de amor y comprensión.

“Las 8 pm, dios mío, me tengo que ir volando, maestro!” dijo Joseline, y esta vez se paró de una manera decente y al momento de recoger su mochila, dobló las rodillas y no me enseñó el poto.

Yo sonreí complacido de que se comportara como debía ser una niña.

Esa noche, en la soledad de mi cama, todos los detalles de la visita de Joseline se repitieron en mi mente, y me quedé pensando en ella. Era indudable que Joseline, su apariencia física, su inteligencia y su comportamiento me habían conmovido.

“Algo no está bien en Joseline… -cavilaba para mis adentros-… creo que está perturbada por algo… pero no soy yo el que pueda descubrirlo… Mañana hablaré con Cecilia, mi ex; nunca pensé que recurriría a ella por un motivo así, pero en fin, ya veremos.”

Cecilia era una psiquiatra de 40 años, 35 cuando la conocí, y habíamos compartido varios años en una relación sin futuro, por eso duró tanto ya que no hablábamos de matrimonio y menos de tener hijos, aunque ella decía que nunca habíamos terminado, y solo nos habíamos alejado para poder respirar mejor, por eso compartíamos algunos fines de semana ocasionalmente. Con ella, durante nuestra convivencia, se barrieron una serie de tabús y se hicieron realidad muchas de mis fantasías en la cama, hasta que nos aburrimos y decidimos vivir por separado y vernos solo si ella o yo la llamara. “Sí, estoy seguro que ella y Joseline congeniarán!” sonreí y me dormí.

Joseline vino la tarde siguiente, la siguiente y así sucesivamente por varios meses y cada vez nos hacíamos más íntimos. Le di la llave de mi pent-house, ahora ella podía entrar a la hora y cuando quiera, estuviera yo o no, aunque nunca le dejé pasar la noche conmigo, así me dijera que podía inventar una excusa respaldada por sus amigas. Así, con ese grado de intimidad, ella desnudó su alma y me contó todos sus secretos y yo solo algunos, y comprobé que maduraba de una manera prodigiosa en todo sentido en que puede ir la personalidad de una niña que va convirtiéndose en mujer bajo la batuta de un hombre maduro como yo. Hasta que sucedió lo inevitable.

“No voy a regresar mas a mi casa… -dijo Joseline al entrar a mi depa y llorando, se refugió en mis brazos, y añadió-… Odio a mis padres, jamás regresaré!” Yo sabía que hablaba en serio y a estas alturas ya no podía hablarle como a una niña.

“Me quedaré contigo!” Me dijo con toda seguridad.

Sí, ella confiaba en mí al 100% y daba por sentado que yo no me iba a negar. Aun así mi cordura se imponía. Ella era una menor de edad, y si decidía quedarse conmigo, así fuera por propia voluntad, sería considerado un secuestro. Peor aún, si pasaba la noche en mi compañía. Definitivamente, sus padres podían acusarme de secuestro y violación; y nada, ni el consentimiento de ella, ni el amor eran excusas validas legales.

“Joseline, puedes quedarte conmigo… pero tengo que llamar a tus padres y decirles que estás aquí, conmigo!” le dije muy seriamente.

“¿Acaso no te conté como son ellos?… -me respondió con una irónica sonrisa, por mi supuesta ingenuidad, y añadió con toda seguridad-… Mejor me voy a otra parte para no comprometerte!”

“De ninguna manera, Joseline. Te quedas aquí, conmigo, después de conocerte como te conozco, estoy dispuesto a correr todas las vicisitudes del caso contigo… -le dije casi como una orden, y añadí con la misma resolución-… Pero llamaré por teléfono a tus padres de todos modos y les diré que estás conmigo!”

Y así lo hice, bajo la atenta mirada de Joseline, quien a la vez iba a escuchar la conversación en el teléfono auxiliar.

“Eres un corruptor de menores y la pagaras muy caro, te voy a denunciar ahora mismo, ya verás!” me gritó la madre y el padre no se quedó atrás y añadió “Maldito violador, te voy a colgar de los huevos!!!”

Joseline se acercó a mí rápidamente y sin decir una palabra me quitó el teléfono de la mano y colgó.

“Le van a hacer mucho daño, Maestro, los conozco como son y temo por Ud.!” y me abrazó.

“No te preocupes por mí, querida, solo quiero decirte que tienes mucha razón, no puedes regresar donde ellos!”

“Vendrán aquí a buscarte con la policía y matones… -me advirtió y añadió-… desde que tengo uso de razón supe que son abogados malvados, y estafan a la gente más débil quitándoles sus pertenencias y propiedades… incluso creo que han causado la muerte de algunos, pero a ellos no les pasa nada porque forman parte de una mafia judicial!”

Yo miraba a los ojos de Joseline mientras me hablaba y comprobé una vez más en estos cortos meses de convivencia diaria, que ella ya no era una niña, sino una mujer de muy claro raciocinio.

“Tenemos que irnos, no tardarán mucho en llegar y si te encuentran te harán mucho daño!”

“Sí, vamos a mi casa de las playas del sur!” me limité en responder, mientras hacía una llamada con mi celular a Cecilia para ponerle al corriente de lo que sucedía.

 

“¡Abra la puerta en nombre de la ley!” Rugió el jefe del comando policial mirándome, al momento en que yo aparecía en el porche de mi casa de playa.

“¡Violador, maldito pervertido, secuestraste a mi hija y la has violado!” gritó la madre.

“No sabes con quien te has metido, maldito, te meteré a la cárcel, allí te violarán, hijo de puta, y me quedaré con tu casa!” gritó el padre.

No puedo decir que los insultos no me hacían mella, nunca me habían tratado así, pero viniendo de quienes venía, me tenía sin cuidado. Así que caminé hacía la reja de seguridad.

Entonces apareció Joseline detrás de mí. Yo no me hubiera dado cuenta de ello, porque mi atención estaba en sus padres y pude ver que estos ni se inmutaron ante la presencia de su hija. Fue por el alboroto de los reporteros que lo noté. Volví mi rostro y vi a Joseline muy serena y dueña de sí misma, sin ningún temor. Ella sonreía ligeramente al caminar hacia mí. Yo ya estaba a casi un metro de la reja metálica cuando me detuve, entonces ella me alcanzó, tomó mi mano e hizo que la abrasara.

“Oficial de policía, ¿puede enseñarme la orden de detención?” le dije mirándole a los ojos y con mucha calma, porque era lo que me transmitía Joseline; tratando de hacerme oír en medio del griterío de la jauría de desaforados.

El policía dudó, pero inmediatamente agregó gritando: “Ud. no tiene derechos, señor. Estamos ante un crimen en pleno desarrollo, así que puedo arrestarlo sin orden judicial.”

“¿Así, y cuál es el crimen?”

“Tiene secuestrada a una menor de edad!” volvió a gritar el uniformado, mientras los padres de Joseline no dejaban de vociferar insultos hacia mí, pero ninguna palabra de cariño o consuelo para Joseline.

“¿Así?” le contesté mientras sacaba un manojo de llaves, entre ellas la de la reja, y se las di a Joseline.

“Joseline, si quieres puedes irte!”

“No, no quiero irme y de aquí no me saca nadie!” contestó.

“¿Y cómo va a arrestarme, señor policía? ¿Acaso tiene la orden del allanamiento de mi morada para entra y proceder?” Esta vez los labios del policía quedaron más cerrados que el poto del gato; solo atinó a voltear su cabezota y mirar al gallinazo de terno y maletín. A quien tan pronto miré, se acomodó los lentes y agitó unos papeles. Los matones se sumaron a la bulla golpeando la reja metálica son sus palos y cadenas, sumándose a los insulto y amenazas.

“Es mejor que no se resista, señor, y se entregue a la autoridad; como sea, Ud. sabe, saldrá libre en 24 horas!” trató de distraerme el leguleyo.

“Por favor, enséñeme la orden!” lo conminé.

“Solo me basta dar una orden y derribaran la reja, señor. Entréguese, no se resista!” dijo sudando el torcido abogado. Mientras los camarógrafos y reporteros grababan todo.

Yo y Joseline sonreíamos, manteniéndonos tranquilos a un metro de la entrada.

Entonces el tinterillo se retiró maldiciendo a todos, así quedaron solo algunos policía, los matones y los denunciantes. Fue cuando todo indicaba que entrarían sin ninguna orden legal, a la fuerza y el supuesto arresto se transformaría en un linchamiento.

En eso, justo cuando estaban por derribar la reja, llegaron más policías en varios patrulleros. De uno de ellos bajó Cecilia acompañado de otro civil, de terno, corbata y con un maletín en la mano. Y se acercaron a la reja. La presencia de todos ellos, de alguna manera, detuvo el asalto a la casa.

“¿Señora Brigitte de la Romaña? ¿Señor Carlos Alberto Chelentano? ¿Son Uds. los padres de Joseline?” preguntó con amabilidad Cecilia.

“Sí… -respondieron en coro, y agregaron-… y le exigimos que capturen a ese depravado!” y la pareja me señaló.

“Señor fiscal, por favor!” dijo Cecilia para que el abogado del estado, que la acompañaba, proceda a la lectura de una orden judicial, mientras los policías recién llegados rodeaban a la pareja.

“Señores… -El fiscal comenzó a leer la orden llena citas y artículos de ley que los padres de Joseline entendían perfectamente, hasta que finalmente dijo-… Uds. quedan arrestados y serán procesados por abuso sexual reiterado en desmedro de su hija legitima, Joseline, con conocimiento y consentimiento de la madre… !”

Y la policía procedió a esposar a ambos, ante la andanada de insultos y amenazas… Los matones y lo policías a contrato, expertos en esas artes, ya se había largado.

Epilogo

Joseline se quedó a vivir conmigo, contra viento y marea de la opinión pública, ya que Cecilia no solo había logrado la denuncia y orden de arresto, sino que había conseguido liberar a Joseline de la Patria Potestad de sus padres, y transformarla legalmente en mayor de edad. Así, ella podía ejercer su libre albedrio.

El proceso judicial duró un año y la prensa explotó el morbo del la gente, con conjeturas sexuales propias de un verdadero depravado. Bastaba que usaran los condicionales como, “se cree que” “se dice que” “podría ser que” para decir cualquier cosa. Así la gente se polarizó a favor o en contra de Joseline y mía.

El Cardenal de la ciudad, apenas se enteró, por declaraciones mías, que era ateo y comunista, me sentenció como culpable mucho antes de terminar el juicio, y a Joseline la excomulgó, poniéndola como una clara señal de la corrupción previa al fin del mundo.

Yo no era un escritor de fama, pero el escándalo mediático me puso día y noche, los siete días de la semana, a lo largo del año, en las portadas de revistas y periódicos, como la persona más popular. No les importaba si era inocente o culpable, sino le bastaba que acepte las entrevistas y asista a los sets de TV. Podía decir lo que me viniera en gana, cierto o falso, no les importaba, con tal de generar polémicas y así vender sus periódicos, y con ellos, sus avisos comerciales.

Al final del juicio, la pareja de malos padres fueron sentenciados a prisión. Joseline y yo, a pesar de no tener o quedar cargos legales de ningún tipo en nuestra contra, en la gente de pensamiento ligero, quedamos como amantes.

Después, nuestra actitud de negarnos al juego mediático con la prensa y el paso del tiempo, hicieron que nuestros nombres desapareciera de sus portadas y noticias.

El rostro de Joseline había dejado sus facciones de niña. Ahora existía una perfecta relación de rostro-cuerpo que reflejaba su extraordinaria personalidad.

Una noche de Junio, después de haber padecido un proceso gripal pero ya repuesto, estaba descansando en mi cama, pero no dormía, fue cuando sentí que Joseline entró sin hacer ruido a mi dormitorio, y de la misma manera se acercó a mi cama. Yo me hacía el dormido, pero aun con los ojos entrecerrados podía verla en la penumbra.

Así, la vi pararse muy cerca de mí por unos segundos para mirarme. Luego se agachó y acercó su rostro al mío, me dio un beso en la mejía y murmuró a mi oído:

“Feliz día, Papá!!!”

Fue la primera vez, en mi larga vida, que celebré ese Día.

 

05
Feb
14

LA AMANTE Y LA ESPOSA

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Hola, debo confesar, para ser sincero y honesto (¿?) con Uds., que de joven fui un libertino, como bien dice un corrido mexicano: Borracho, mujeriego, pendenciero y jugador. Bueno, pero no tanto, eh!

¿Y esto me trajo problemas? Mmm… Déjenme decirles que creo que supe cuidarme y ver los límites de mis desvaríos, así que: No, no tuve problemas. Muy al contrario, a esta temprana edad y la espontánea explosión de mi personalidad me hizo muy popular en el barrio donde vivía y luego en la universidad, especialmente entre mis amigas, ji, ji, ji… Hasta que me casé. ¿Qué, me jodí? No, en absoluto.

Bueno, pero creo que Uds. quieren que hable de mi amante, así que iré directo al tema.

Creo coincidir con todos, o por lo menos con la mayoría que sabe, que la amante es una persona especial, que trae alegría, vitalidad, lozanía, gozo y principalmente placer sexual sin compromisos aparentes, amoralmente hablando. Y como los momentos compartidos son breves, relativamente, disfrutamos de ese tan ansiado extravío a plenitud. Con ella puedo hacer lo que quiera y plazca; ella siempre está a mis órdenes cuando la llamo para una cita y responde con tal alegría y ansiedad que llena mi egolatría de amante.

Con la esposa las cosas son diferentes. El matrimonio trae responsabilidades y compromisos, hijos y preocupaciones; las que están demás enumerarlas porque son tan conocidas que aburren y/o mortifican. Aunque no puedo negar que a través del matrimonio uno llega a alcanzar el desarrollo pleno, en lo personal y como pareja, y uno se siente realizado en la felicidad de los hijos y esposa. Creo firmemente que ellos son el aliciente del progreso económico del hogar, porque empezamos a desear tener una casa y auto más grande; ya no el depa de soltero ni el auto deportivo, solo para dos, de antes. Si realmente queremos a nuestros hijos, les daremos la mejor educación y seguro de salud que podamos… Amén de los caprichitos de siempre en la ropa y la moda… y todo eso cuesta. Por eso estudiamos, trabajamos y doctoramos; o arriesgamos nuestra salud mental invirtiendo hasta la camiseta en la empresa que dirigimos, y todo para poder pagar ese progreso económico, en el que mi esposa es una estricta administradora del gasto familiar.

Con la amante me relajo y voy al mejor hotel y restaurant de la ciudad o del lugar que decidimos escaparnos brevemente. Con la esposa la cena en casa es obligada y rodeados de los hijos y sus problemas. Aunque tengo que reconocer que ningún chef cocina más rico que mi esposa. A la amante no le importa cuánto gasto, a la esposa si, y si podemos ahorrar mejor, porque las vacaciones anuales con todos los hijos cuestan un ojo, o los dos, de la cara.

¿Pero… y la lealtad, la fidelidad, la felicidad…? Se preguntarán Uds.

Ah, sí, me olvidaba decirles que mi esposa es mi amante.

FELIZ DÍA DE SAN VALENTÍN!




“TE VERÉ EN SUEÑOS”

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