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AYAHUASKA: UN VIAJE AL INFINITO… 2

Les contaba, en el anterior articulo, que los integrantes a iniciar la experiencia con la toma del Ayahuasca estábamos en un salón de 5×10 m2 aproximadamente, recostados en cómodas literas, con un cubo a cada lado que serviría como deposito de nuestro ineludible vomito de astronautas en el viaje al universo infinito de la… ¿Subconciencia? Sí, o quizás al mas allá.

“Ahora vamos a iniciar la experiencia prometida… Vamos a beber una porción como ésta de Ayahuasca… –y el Shamán nos mostró un vaso a medio llenar, y nos advirtió-… sus efectos se empezarán a sentir dentro de diez a veinte minutos y se prolongará hasta el amanecer… les recomiendo que cierren los ojos al sentir los primeros efectos, nosotros apagaremos las luces y siempre estaremos con ustedes para ayudarlos en cualquier caso aunque sin interferir con sus experiencias… Kapulana estará al lado de cada uno cuando la purga llegue… Buen viaje…” y las luces se apagaron quedándonos en la semi penumbra. Yo mantuve los ojos abiertos, los que pronto se acostumbraron a la oscuridad, y pude distinguir perfectamente la silueta de todos en el salón. El Shamán estaba frente a nosotros con los brazos extendidos, y el poncho que llevaba puesto ahora, debido a la penumbra, se asemejaba al de la túnica de un sacerdote, y Kapulana, a su lado.

De pronto, el joven que estaba a mi lado izquierdo anunció “Empiezo a ver luces muy intensas… de colores… y a oír un ruido…” y no pudo decir mas porque el vomito se lo impidió doblándolo con dirección al cubo.

Yo, instintivamente, había volteado a verlo cuando empezó a hablar y mi sorpresa mayúscula fue cuando lo vi vomitar al cielo una llamarada de fuego multicolor, exactamente como si fuera un dragón… Sí. Él había empezado su vuelo… y yo, de una manera tan peculiar e inesperada, también, aunque sin la anunciada purga. 

Narrar todos y cada uno de los eventos por los que uno pasa en este extraordinario viaje es imposible, sería como querer volver a experimentar la abrumadora avalancha de sensaciones audiovisuales, cada una tan espectacularmente maravillosa como la anterior o la siguiente, nuevamente. Y no sólo sería imposible contarlo sino que no podría entenderse a plenitud ya que es demasiada la información que pasa por nuestro cerebro en un instante que nuestra conciencia bloquearía, como realmente lo hace, la mayor parte de ésta. Por eso es una verdad irrefutable que el efecto del Ayahuasca  en nuestro cerebro es el de permitir a nuestro subconsciente ocupar un lugar domínate de nuestras percepciones, y así expandir los limites de nuestra conciencia al unirse a ella momentáneamente.

Pero luego de la experiencia ya nada será igual, porque en alguna parte de nuestro cerebro, algunos millones de nuestras neuronas habrán establecido una conexión mínima necesaria en el proceso, y encontrado la vía para interactuar entre la subconciencia y la conciencia, ampliando a su vez sus limites los que serán usados conciente o inconcientemente según el requerimiento del caso.

Quisiera hacer una comparación para ayudar a la comprensión de lo que digo: el efecto que la Ayahuasca provoca en nuestro de cerebro es el de la expansión de su capacidad al limite de ser capaz, como en un hipotético caso de ir a un parque de diversiones y ser conciente de absolutamente todo, de cada rostro que veamos, de cada sonido que escuchemos, del aire y de cada color, luz y penumbra que hiera nuestra retina, y lógicamente de la infinita gama de la mezcla de éstas impresiones al limite de abrumarte en un torrente de sensaciones… Aun así, este ejemplo es como la luz y la calor que sentimos de la Estrella del Sur… es decir, nada. Porque además se produce otro proceso, paralelo y conciente, que analiza todos estos eventos.

En mi caso, en mi experiencia, el Ayahuasca me provocó una secuencia incoherente de sensaciones audiovisuales sin ningún guión, ni historia o mensaje.

Ante mis ojos aparecieron luces multicolores en donde predominaban el amarillo y el verde, y la infinita variación de estos sobre un fondo oscuro… ¿Ante mis ojos dije? ¿Cómo puede ser posible si estoy cómodamente sentado en una litera?…. Entonces escuché sonidos y melodías irreconocibles. Y vi formas que de seguro estaban almacenados en algún lugar de mi memoria. Pero increíblemente estaba conciente del mundo que me rodeaba, sabía que estaba en la sala de un albergue en Cieneguilla a pocos Km. de Lima, acompañado de otros 5 psiconautas, el Shamán y su asistente. Era como si mi “yo” pudiera entrar a una sala de cine, abierta por el efecto del brebaje amazónico, y salir de ella cuando quisiera. Y decidí dejarme llevar en ese viaje al infinito.

Después de la visión del dragón y su fuego aniquilador, que les conté en la parte anterior, se hizo la oscuridad. La visión que tuve sólo había sido un relampagueante flash inesperado, pero tuve conciencia de que mi viaje había empezado. Entonces vi que en medio de la oscuridad aparecieron lentamente los colores amarillo, verde, azul y rojo, como estelas de colores de cometas cósmicos que giraban y crecían según se iban acercando. De pronto, cuando estuvieron abrumadoramente cerca, distinguí que no eran tales cometas sino superficies cilíndricas retorcidas como espirales helicoidales semitransparentes… pero lo que me hizo temblar de emoción fue descubrir que su superficie no existía como un plano material sino que era una secuencia bidimensional de formulas matemáticas, geométricas, físico-químicas e infinite-decimales cuidadosamente agrupadas para formar una superficie compacta. No, no estaban escritos sobre algo, sino era la superficie en si, y que me permitía ver a través de ella su vacío interior. Cuánto duró esta visión? No sé, pero fue un éxtasis. El primero, por así decirlo… Hasta que esas formas y colores comenzaron a tornarse en amarillo y perder sus contornos para diluirse y luego, muy tenuemente, se delinearon figuras angelicales, es decir en seres alados y divinos, en quienes no creo que hayan existido como tal, a no ser que fueran visitantes extraterrestres… Como sea, no pude reflexionar más porque fue en ese preciso instante que mi conciencia me lanzó una idea de alarma urgente para salir del trance… Y salí del cine sicodélico.

Mi madre murió hace más de 15 años, sin embargo la amé y la amo tanto que la tengo en mi memoria cada día de mi vida. Y, según como concibo la vida creo que ésta, la vida, no desaparece con la muerte sino se transforma para formar un ente energético mas en el universo, desde donde vino, y quizás regrese para formar otra vida como la conocemos aquí. Como fuere, en ese preciso momento de mi trance Ayahuasquero sentí una terrible sensación de miedo, sentí que la posibilidad de ver a mi madre frente a mi era posible, y la inminencia de ese hecho me abrumó de miedo. No por un temor a los fantasmas o animas. Sino porque tenía la absoluta certeza que yo no podría resistir la emoción de verla y abrazarla… y que, definitivamente, me iría con ella… Lo que simple y llanamente significaba la muerte… y yo no estaba listo para ese trascendental viaje sin retorno al mas allá… Pensé en mi esposa, en mis hijos y tuve la plena conciencia de que no, no estaba listo aun… si podía elegir elegiría… y elegí.

Abrí los ojos, o, mejor dicho, di paso a la conciencia de percibir visualmente la realidad que me circundaba. La penumbra no me permitía ver nítidamente las siluetas que estaban en mi entorno pero pude distinguir sus contornos. Vi las literas y a sus ocupantes, vi al Shamán en medio de la sala y a Kapulana ayudando a alguien… Pero lo vi de una manera muy particular ya que toda mi visión estaba teñida del color verde y su gama de tonalidades de claros y oscuros para permitir delinear los objetos… pero había una característica más… Extraordinaria, diría… todo lo que veía estaba formado de puntos, como la exagerada ampliación de una fotografía en la que podía distinguir los granos de su resolución, con la particularidad de que estos puntitos verdes eran millones de “@” conglomerados y distribuidos ordenadamente para formar las siluetas de mi verdeada visión… y una idea llegó a mi mente como un relámpago… “Matriz!!!… Lo vi en la película Matriz”, me dije, cuando una cascada de formulas matemáticas en la pantalla anunciaban su inicio… Y sentí, o me di cuenta, que el ayahuasca me llevaba nuevamente hacia en Viaje Infinito… Y quise salir, pero no pude… Y en el esfuerzo talvez gemí… Entonces escuché un lejano sonido, sordo y grave, de un prolongado MMMMMMMM… MMMMMMMMM… MMMMMMMMM… que se me asemejó al sonido de alerta de un lejano barco en medio de la niebla marina… Luego me vino a la mente los Budistas y sus Mantras meditativos… hasta que me di cuenta que era el Shamán quien hacía aquellos profundos sonidos graves para guiar el viaje de cada uno de los que participábamos en la experiencia Ayahusquera, que a mí me sirvió de manera particular para regresar a la realidad.

“Se encuentra bien señor Barnez…” me preguntó una silueta humana en la penumbra que poco a poco se hizo nítida mientras se acercaba.

“Si… Gracias” respondí, reconociendo la suave voz de Kapulana.

Y el Ayahuasca, como un rapto, me llevó a una espléndida visión… La penumbra desapareció vencida por la abrupta luminosidad verde del ambiente, y las paredes de la sala se transformaron lentamente en el intrincado follaje de la selva amazónica. Mi visión era nítida, las “@” habían desaparecido para dar paso a una nitidez de calidad digital. Era una visión mas allá de lo real porque los matices de colores no correspondían a la realidad según la apreciamos concientemente. Sobre el dominio del color verde y sus matices destacaba muy puntualmente el color amarillo… Entonces lo extraordinario de mi visión se completó cuando vi emerger de entre las lianas, árboles y arbustos a la hermosa y desnuda Diosa Madre Selva, quien lentamente, con un elegante y suave paso, como flotando sobre un lecho de hojarascas, caminaba hacia mí. Al acercarse vi que su piel no era tal, ni formulas matemáticas tampoco, sino un sin numero de hojas de coca superpuestas a la perfección como diminutas escamas para no perturbar su hermosa silueta, y si pudiera ser mas preciso diría que mas parecía un suave tatuaje en toda su piel de relieves de hoja. Su largo cabello eran finas lianas entrelazadas formando delgadas trenzas, que caía sobre sus hombros y pecho, y ocultaban sus robustos senos. Entonces se detuvo frente a mí, muy cerca, y me miro con cariño, y yo a ella.

Acaso sentía temor o algún tipo de preocupación? No, para nada. Estaba totalmente embelesado con la experiencia y totalmente sumido en ella. ¿Realidad? ¿Subconciencia? ¿Sueño? ¿Ayahuasca? ¿Formulas matemáticas? ¿La Muerte?. Nada, todo había desaparecido para mí… Mi conciencia había dejado de funcionar y me permitía gozar libremente de un pedacito del paraíso.

Vi a la Diosa de la Selva, la tenía frente a mí, sonriéndome afectuosamente, como dándome la bienvenida a su reino, como brindándome todos los frutos que de ella podría requerir, y con la magnificencia real que imponían un respeto a su linaje. Y pude ver la armonía de su rostro, bello y sereno. Distinguir sus ojos rasgados y su rostro triangular, que cedió como hermosa herencia a toda mujer amazónica. Entonces se arrodilló, y me invitó a hacerlo como para iniciar una charla. Y en esos escasos segundos pude apreciar las líneas de su cuerpo, ahora ya no absorto en los detalles de su piel, rostro y cabellera. Era una mujer robusta y alta, de armoniosas líneas, de senos y caderas carnosas, y esbelto talle, mujer cuya figura podía ser voluptuosas si ella se lo proponía. Pero no lo era, para nada, el estereotipo de la mujer actual. No, no era la imagen de una supermodelo rellenada de silicona, sino una extraordinaria amazona de belleza natural, dispuesta para la lucha por la supervivencia en la selva y para parir guerreros que la defiendan de la depredación… Y yo allí, frente a ella, extasiado con la visión, perdido en el tiempo y espacio… Pero el encanto se interrumpió.

Sentí que alguien acomodaba la cobija de mi lecho alrededor y debajo de mis piernas, y me di cuenta que había regresado a la realidad. Era Kapulana quien lo hacía. La temperatura de la madrugada había bajado, y era ella quien nos ayudaba a todos, concientes o inconscientes, a evitar que lo sintamos. Fue en esos instantes en que sin mediar una motivación me vino una ráfaga filosófica y, como el frió viento que corría afuera, me golpeó en el rostro, y me pregunté: “¿Michaelangelo que demonios haces aquí?”…

Disculpen queridos lectores… Es indudable que me he extendido, y les pido disculpas porque hay tanto que contar y poco el tiempo para hacerlo, en consecuencia creo que habrá una tercera parte porque hasta aquí, les puedo asegurar, que aun no empezaba a plenitud mi verdadero vuelo en el propiamente dicho Viaje al Infinito, así que habrá una III parte que estará aquí la próxima semana, y espero que disfruten del video que es, repito, sólo un pálido reflejo de mi experiencia… Hasta pronto.


4 Responses to “AYAHUASKA: UN VIAJE AL INFINITO… 2”


  1. 1 Camaché
    16 marzo, 2010 en 7:48

    curiosesco curiosesco. No se si hayas leído, pero te lo recomiendo: las puertas de la percepción de Aldox Huxley, si no estoy mal y si no escribí mal el nombre.
    Yo no lo he leido porque aquí no se consigue, supongo que por lo polémico y “peligroso” que puede ser, pero yo eso no le quita que sea muy bueno.

    No sabes cuánto quisiera yo saber cómo funciona el cerebro en esos casos. 😀

    • 2 Michaelangelo Barnez
      16 marzo, 2010 en 10:42

      Estimado Camaché… Resulta fascinante el trabajo de nuestra mente y el cerebro. Hay quienes, como Terence Mckenna (La Onda del Tiempo) y Rick Strassman (El Espíritu de la Molécula), quienes han estudiado en el laboratorio y a profundidad la acción de la sustancia DMT, elemento básico de la Ayahuasca, en nuestro cerebro. Sus informes son fascinantes y bastante largo para explicártelo aquí. Busca la sinopsis en Youtube, te dará una idea de sus trabajos… Buscaré el que recomiendas.
      Saludos

  2. 30 marzo, 2010 en 11:05

    Me encantaría tener la experiencia, hace poco estuve en Mexico y casi… casi, pero no se dieron las cosas, tal vez temor?, En mi loca juventud prové la mariguana, interesante si tienes claro el porque, el cuando, despues de muchos años, tal vez hace unos cinco con una amiga se nos dio la gana de volver a fumarla, despues de 4 o cuatro aspiradas y de hablar con Dios, pegarme en una estrella por largo rato me bajó un ataque de angustia, no podía respirar, sí, no tengo idea porque, tal vez me hice consciente de cada inhalación y eso, en algún momento hizo que pudiera detenerlas, el cuento es que me bajo un ataque de pánico y hasta ahí llegó mi audacia. No se si me atrevería, no se si lo necesito…, creo qeu con la música, cierta música logro disparar mi consciencia a saltos interesantes. Bueno.., gracias por relatarnos tu experiencia, que por demás esta decir es interesantísima.

    Slds.,

  3. 4 Michaelangelo Barnez
    31 marzo, 2010 en 12:37

    Dear Patricia… La experiencia es extraordinaria, valdría la pena salir de la realidad por siquiera una vez en la vida para navegar por el subconsciente, y quizás aún más allá, por el universo infinito.
    Saludos


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