03
Abr
10

AYAHUASCA: UN VIAJE AL INFINITO… III

Sí. Allí estaba yo, a mis 56 años de edad, en la penumbra de la habitación rodeado de gente que no conocía, alucinando, en el real sentido de la palabra, experiencias jamás vividas en una situación de la que siempre me había alejado o negado a participar. Mi educación cívico-cristiana, casi fundamentalista, desde muy joven, había levantado una muralla ante el uso de las drogas, sin embargo estaba allí recostado en una litera experimentando los efectos de la Ayahuasca.

Y de pronto el recuerdo de un pasaje de mi juventud vino a mi memoria traducida por la magia del Ayahuasca en imágenes. Recordé gráficamente que una tarde, ante la ausencia de un profesor a una de las clases en la Universidad, la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima-Perú, un grupo de amigos decidimos hacer tiempo yéndonos a dar un “paseo”, en espera de la siguiente clase, por una nueva urbanización cercana al Campus. Éramos seis compañeros del mismo salón, tres XX y tres YX, entre ellas mi virtual enamorada. Cuando me invitaron a dar el “paseo” yo lo entendí como tal, y para mis adentros me dije que era la mejor oportunidad para concretar los mensajes que recibía de la chica que me tenía embobado desde el inicio de clases; aunque luego descubriría que “el paseo” tenía otro significado. Entonces, por mutuo acuerdo, y sin palabras, ella y yo nos sentamos juntos en los espaciosos asientos de adelante del auto, un Buick del 69, de mi amigo.

Cuando llegamos a un paraje solitario de esta novísima Urb., aun en la etapa final de su edificación, mi amigo detuvo el auto y bajándose de éste se escurrió en la parte posterior en donde estaba su enamorada y una pareja mas, mientras decía alegremente “Tenemos dos horas libres… tiempo suficiente para fumarnos un ‘tronchito’… Fue entonces que me di cuenta del real significado del llamado “paseo”. Yo era muy joven, recién salido de la adolescencia, y tenía una determinación férrea, aunque irracional, de decir ‘no a las drogas’; sin embargo todos los que ejercieron esa educación en mí eran adictos a la peor droga de nuestra sociedad: El Tabaco…

Y me vi en una encrucijada. Yo no acostumbraba a pasar el tiempo con este grupo, pero mi admiración, expresada locuazmente, por la música de Carlos Santana, Jimmy Hendrix y otras estrellas de la onda de la música psicodélica, y principalmente por la invitación que hice a la chica que me paralizaba la respiración a ver el estreno de la película ‘Woodstock’, habían enviado señales erróneas al grupo de amigos con quien ahora estaba en el auto.

Si hubiéramos estado en una fiesta hubiera tenido escapatoria, pero allí no la había. El ‘trochito’ de marihuana en realidad parecía un típico Habano Cubano de fabricación rudimentaria, como los que solían fumar Fidel, Camilo y el Che, por lo grande; Además descubrí que la Biblia que estaba en la guantera del auto de mi amigo no servía como la guía espiritual que yo imaginaba sino como proveedor del fino papel para envolverlo y así crear el peculiar cigarrillo.  

El ‘troncho’ empezó a girar, mis cuatro amigos que estaban atrás lo aspiraron, cada uno en su turno, con ansiedad y vehemente lentitud, que yo esperaba que fuera una eternidad para no tener que enfrentarme al inexorable momento de verme con el ‘pucho’ en mis manos… Hasta que pasó al asiento de adelante… a manos de mi adorada y casi ya enamorada.

Ella lo recibió he inmediatamente se lo llevó a los labios. Sus ojos azules relampaguearon alegremente mientras me miraba y aspiraba, y vi como la punta del ‘tronchito’ ardía quemándose por semejante aspirada. Luego, sus delicadas manos me lo alcanzaron mientras contenía la respiración, y yo escuchaba toser a mis amigos de atrás… El momento de la verdad había llegado de la manera más usual, pero inverosímil para mí, a pesar de haberme imaginado muchas veces estar en esa situación. Tomé en mis manos el ‘troncho’ brindado de las manos de quien menos quería rechazar algo, y mientras ella me miraba sonriendo y aguantando la respiración, entonces vino lo inesperado para ella y vi la expresión de sorpresa en sus ojos cuando yo, sin simular nada, pasé el ‘tronchito’ al los ‘patas’ del asiento de atrás, sin aspirarlo.

Ella fue la única testigo de mi ‘deslealtad’ con el grupo… y entonces tosió, tosió muy fuerte, quizás como queriendo expeler todo lo aspirado, o talvez por la sorpresiva decepción del abandono. Me miró con el seño fruncido, no de cólera sino de extrañeza, como preguntándome ¿Por qué no?

Yo, aun hoy y bajo las presentes circunstancias, no puedo imaginar la expresión de mi rostro en tal momento. Lo que sí recuerdo fue la sensación que experimenté, y fue la de sentirme libre del maldito dilema de ceder ante una presión social del momento, y creo que eso a ella la avergonzó… La acción ya estaba hecha, producto de una determinación, repito: más fundamentalista, resultado de la educación cívico-religiosa recibida de decir un no absoluto a las drogas, que de un conocimiento  racional.

La ronda del ‘tronchito’ se repitió tres veces más, en medio del fétido e inconfundible olor a hierba quemada. Rondas, que a mi no me fue difícil evitar y pasarlo a los inadvertidos amigos del asiento de atrás, aunque ella y yo evitamos mirarnos a los ojos. Aun así, muy fugazmente vi sus dos perlas azules nublarse de un velo transparente y languidecer en un ensueño, cuando de reojo me miraba a ver si volvía a obviarlo… Sólo en la ultima ronda de aspiradas al pitillo sus ojos volvieron a relampaguear, aunque ya no con el brillo inicial, mirándome desafiantemente como para decirme un ‘Y que!’ sin palabras o quizás simplemente a manera de un adiós a la ilusión de amor.

No está demás contarles que allí, en ese momento, había terminado la posibilidad de un amorío juvenil. Luego sólo fuimos amigos de aula, por el semestre, y ocasionalmente en otros durante la etapa estudiantil. Con los otros amigos quedamos con un ‘Hola… Hola’, de ida y vuelta, ocasional, para luego quedar en un hielo absoluto. En realidad no había nada que nos identificara en una base de una relación de amistad.

Nunca me sentí absolutamente seguro de haber obrado bien por tal decisión, al contrario inicialmente me sentí orgulloso de haber sido leal a mis principios, y jamás me avergoncé ante ellos, pero en la profundidad de mi interior quedó algo me molestaba cada vez que lo recordaba. Extrañamente, meses después, en las elecciones estudiantiles, cuando fui el candidato de una lista radical de izquierda en la universidad, los vi apoyarme a pesar de que sabía que ellos discrepaban en casi todo lo que planteábamos en nuestro programa para: Una Universidad Democrática y Popular.

Años más tarde me encontré con ella, la frustrada enamorada de mi juventud, en California, en una Licitación de un Proyecto de Ingeniería Civil para la cuidad, que ninguno ganamos, pero que sí fue una gran ocasión para rememorar los dulces años universitarios y el ineludible anécdota ya contado.

Esa misma tarde, luego de compartir el lunch y beber unas Miller Draft en un sencillo restaurante de Santa Mónica, fuimos a la playa, y mientras caminábamos por la orilla del mar ella abrió la cajetilla de un conocido cigarro y sacó un ‘tronchito’ enrollado de manera casera, aunque ahora muy semejante a un cigarrillo; Lo encendió con toda confianza y seguridad, pero esta vez no hizo el intento de invitarme, simplemente lo fumó con la consabida aspirada, aguante y tosida; pero sus ojos volvieron a relampaguear al mirarme por un instante… Luego, cuando la charla de los recuerdos se agotó y la cosa pudo volverse más intima nos despedimos prometiéndonos vernos otra vez para compartir una barbacoa con nuestras familias. Evento que jamás se realizó porque, de la misma manera como en aquellos días de nuestra juventud nos enviábamos señales sin palabras, hoy comprendimos, a la orilla del mar, que no deberíamos vernos más…

Recuerdos gráficos que pasaron por mi mente como imágenes en una sala de cine.

De pronto, como si una refrescante brisa de conciencia me golpeara, me di cuenta que el Ayahuasca había hecho su extraordinario efecto otra vez, y de una manera muy sutil había abordado un recuerdo que yo no había logrado ordenar en su momento y que en cierta manera me molestaba en el fondo de mi subconsciente… Fue como ‘Recetear’ la PC de mi mente para quitarle todos los virus y basura enraizadas en las profundidades de los programas instalados en el Disco Duro… Entonces como una ráfaga volvió a venir la visión de la Muerte y el temor volvió a mí…

Era un temor preventivo que me anunciaba algo maravilloso pero terrible. A esas alturas de mi trance Ayahuasquero no sabía exactamente cuanto tiempo había transcurrido. Creo que los consabidos quince a treinta minutos de las primeras visiones alucinantes, previas al bendito vomito que no llegaba para iniciar mi verdadero viaje al infinito, habían ya expirado. O quizás pronto llegaría la abrupta contracción de mi abdomen para lanzarme en aquel vórtice de visiones incontrolable escondidas en mi subconsciente que me abrumarían hasta el límite de la anunciada taquicardia.

¿Acaso no sería así para mí? ¿Sería yo la excepción? Cómo no poder dudarlo si mis compañeros de viaje estaban ya en medio de esporádicos vómitos y estertores motivados por las visiones dantescas, que los abrumaba y los hacía titiritar llevándolos del paraíso a la pesadilla del infierno en medio de sus propios demonios. 

“Luís… -llamé al compañero de a lado, preocupado por sus quejidos y balbuceos incoherentes con el propósito de traerlo a la realidad, y añadí-… ¿Estas bien…?”

“Sí Mike… No te preocupes… Estoy en medio de algo maravilloso… Haaaaaaa” y la coherente voz de la conciencia de Luís se perdió en el trance de quejidos y balbuceos.

Su respuesta me tranquilizó, respiré profundo para calmar mi temor. Sabía que ese miedo podía transformarse en pánico, y si eso sucedía iba a estar en una difícil situación… al menos eso era lo que pensaba…

¿Quién? ¿Quién razonaba en medio de mis alucinaciones? ¿Mi Yo? ¿Mi conciencia? ¿Aquel guardián y guía creado por el cerebro como una mera ilusión en el largo camino de su evolución, en el momento especial del salto dialéctico del Hombre-Mono al Homus Sapiens, y que ha tenido la destreza de ir de la mano con éste, interactuando ambos por millones de años?

La conciencia es una maravillosa ilusión  creada por el cerebro que nos ha permitido transformar muestra habita con todos los avances tecnológicos que vemos a nuestro alrededor, del que gozamos, pero que al mismo tiempo es responsable de ponernos en el riesgoso limite de nuestra destrucción. Conciencia cuyo gran defecto es su increíble miopía limitándonos sólo a la supervivencia… A excepción de aquellos casos en donde hombres extraordinarios se han liberado de sus barreras y han podido ver los ‘secretos’ del universo que nos rodea, desde el uso de sus manos como creador de rudimentarias herramientas hasta el descubrimiento de la llave del umbral del espacio y el tiempo… La Teoría Quántica y la Formula Total del Universo…

Y por allí me llevó el Ayahuasca… Ahora estaba en un estado alterado de la conciencia, especial, digamos meditativo, de comprensión analítica, totalmente conciente que hurgaba en el basural de la subconciencia todo lo que había aprendido, leído o escuchado alguna vez, desde que tuve razón, ordenando mis conceptos acerca de la ciencia, la filosofía… la vida, en una palabra, y en el porqué de ella…

Sí amigos, esta historia continuará en una ultima parte mas, y no olviden de disfrutar de la experiencia audiovisual del Video alusivo al tema.


6 Responses to “AYAHUASCA: UN VIAJE AL INFINITO… III”


  1. 5 abril, 2010 en 19:23

    Dear Michaelangelo, un texto brillante, muy profundo, donde traes a flote un recuerdo del pasado, estancado en la mente, pero que a todas luces te marcó. Me ha hecho gracia como mientrás tu compañero de viaje divaga…tú analizas! El video es una maravilla, las imagenes de alas, un sueño.
    Te mando un cordial saludo.

  2. 2 Michaelangelo Barnez
    6 abril, 2010 en 0:51

    Dear Anne… Realmente resulta ya un estribillo decir que fue una experiencia extraordinaria. La particularidad fue que mantuve un estado dual de consciencia-subconsciencia durante la experiencia, lo que no sucedió con los otros compañeros de “vuelo” que fueron arrastrados por la vorágine de la ayahuasca como una débil canoa flotando en las turbulentas aguas del subconsciente.
    No he vuelto a repetir la experiencia de la Ayahuasca, en cambio he investigado mucho acerca del tema porque me fascina la maravillosa relación que existe entre el cerebro humano y el universo que nos rodea. ¿Por qué? Simplemente porque soy testigo de su efecto liberador de traumas y de haber abierto una puerta a otros niveles de conciencia en mi persona.
    Dear Anne, agradezco tu visita, la lectura y las palabras que me dejaste.
    Saludos

  3. 3 Camaché
    8 abril, 2010 en 5:05

    Bueno, bueno, bueno.. la tan esperada (por mí) tercera parte del viaje al infinito.
    No deja de sorprenderme el asunto, así como tampoco dejan de entrarme las ganas de probar y ver qué tal me va. Espero no pecar de dogmático y de tener una mente cerrada, pero creo que estas experiencias alucinógenas son aptas para mentes maduras, mentes que de alguna u otra manera han recorrido la vida y la han visto desde muchas de sus aristas y pueden luego de algo como esto, crear sus opiniones y una postura frente a la cuestión. Yo por mi parte, si bien no le digo que NO a las drogas, tampoco las consumo, precisamente por eso. Creo que no tengo la madurez mental suficiente como para probar sin que deje alguna secuela… pero me temo que sólo hablo por mi ignorancia y un miedo infundamentado a este tipo de experiencias.

    gracias por compartir esto y bueno, quedo pendiente de la próxima parte.
    Por cierto, es fascinante la manera como narras.

    Saludos.

  4. 4 Michaelangelo Barnez
    9 abril, 2010 en 9:50

    Estimado David, La Ayahuasca no es una droga placentera ni recreativa, menos aun adictiva. Cuando alguien nos “saca nuestros trapitos al sol” nos sentimos avergonzados, el Ayahuasca no lo hace público sino nos lleva directamente al subconsciente a ventilas nuestros problemas y traumas que preferimos dejar de lado, sin resolver. No es muy grato vernos tal cual somos, creo, por eso la gente sufre en algunos momentos de trance. Lo gratificante viene después, al sentirte libre de esos fantasmas de humo.
    Sigue tu instinto, no lo hagas hasta que creas que es necesario y beneficioso para tu vida.
    La parte final viene la próxima semana.
    Saludos

  5. 5 Concha Huerta
    16 abril, 2010 en 22:25

    Loado esa reflexión sobre el no ceder a las presiones sociales origen de tantas tragedias. Enhorabuena. Del otro viaje decirte que yo he probado varias drogas en salas de hospitales y la verdad no le deseo a nadie esas experiencias.
    Un saludo

  6. 6 Michaelangelo Barnez
    17 abril, 2010 en 2:49

    Dear Concha… Sí… Soy muy claro cuando hablo o escribo acerca de la Ayahuasca y sus efectos para que no se entienda como una promoción a las drogas en general.
    Saludos


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


“TE VERÉ EN SUEÑOS”

ENCUENTRA LA NOVELA AQUÍ... HAZ CLICK
abril 2010
L M X J V S D
« Mar   May »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Blog Stats

  • 52,033 hits

Más Leídos

Goodreads


A %d blogueros les gusta esto: