17
Abr
10

AYAHUASCA: UN VIAJE AL INFINITO… PARTE IV. FINAL

La experiencia que tuve con el Ayahuasca hace unos años fue única, y tan extraordinaria que puedo evocarla con precisión después de todo este tiempo. Sin embargo quisiera precisar que no tengo la memoria como virtud, por lo general olvido, o confundo, nombres y números de teléfono de una manera increíble, y lo que aún es peor, me es difícil deletrear el ABC en español, con la particularidad de que sólo lo aprendí través de otro idioma cuando la necesidad de expresarme en Ingles, en California, me forzó a memorizarlo, aprendizaje que logré ayudado por canciones infantiles y ‘flash cards’, exactamente como los niño de kindergarten suelen hacerlo. Quienes aprendieron el idioma Ingles saben que el ABC… es indispensable para una correcta escritura.

De esta manera podrán deducir que no soy un virtuoso memorista, sino mucho menos. La dificultad con mi memoria en ciertas áreas, me llevó a descubrir que poseía un ‘Learning Desability’ es decir una “Discapacidad en el Aprendizaje”. Probablemente nací así, pero no tengo la menor duda fue agravado en la escuela y su sistema represivo, ya que aquella discapacidad iba acompañado con una hiperactividad, que en español simple significa que era un niño inquieto. Es decir un niño problema en el salón de clase. Que no sólo no aprendía la lección sino que además era travieso. Y ya se pueden imaginar por las que tuve que pasar cuando fui muy niño, desde que fui a la escuela, cuando sólo tenía cinco años de edad, hasta mi pubertad, cuando mi niñez quedó atrás irreversiblemente para dar paso al germen del futuro hombre en que me convertiría…

Pero porqué les cuento esto? Qué tiene que ver mi niñez con el tema de la Ayahuasca? La respuesta es muy simple. Es obvio que tuve una traumática etapa escolar de muy niño, etapa que quedó olvidada en las profundidades de mi subconciencia, pero que a veces regresaban al presente en formas de pesadillas de censuras y negaciones, aunque sin llegar a ser un cuadro de perturbación psicológica en mi personalidad. Lo asombroso viene a ser que, en el trance del viaje que el Ayahuasca había aperturado en mi conciencia, ésta difícil etapa de mi niñez regresó a mi mente como un relámpago y me golpeó con una escena de miles de cuadros que retrataban todos y cada uno de los momentos de mi niñez… Fue un flash de recuerdos que me abrumó y, que recuerde, fue el único momento en que gemí… Fue una experiencia fugaz de la que no pude salir, y forzado como en una pesadilla de la cual uno no puede escapar pasé velozmente por delante de cada uno de los cuadros mencionados con la sensación de estar a punto de estrellarme contra ellos, exactamente como en el paseo del ‘Túnel del Tren Fantasma’.

Vi cientos, sino miles, de rostros en actitudes agresivas y de censura, de profesores y profesoras reprendiéndome, de adustos adultos que se acercaban a darme un castigo, e inclusive a mis padres y familiares entre ellos… Entonces gemí, gemí como niño porque no podía defenderme ni salir de esa desagradable situación. Sin embargo ‘El Tren’ siguió su camino llevándome por el desván de mis traumáticos recuerdos, con la particularidad de que ahora estos fantasmas o demonios se desvanecían ante mí como el humo o la neblina perdiendo toda su capacidad de asustarme o hacerme daño.

Fue ese el momento en que sentí la diferencia entre la actitud de un niño y la de un adulto ante un fantasma. Y me sentí liberado de aquella sensación de miedo de revivir una pesadilla. Ahora, la calma había regresado a mi pensamiento, aquella opresiva sensación de temor a la muerte desde el inicio del viaje había desaparecido junto con mis demonios, para luego descubrir que a lo lejos de aquel oscuro túnel había una luz que anunciaba la tan ansiada salida.

Era indudable que la Ayahuasca me había llevado por un asombroso tour que mi conciencia no quería recordar, pero que estaba allí, en el fondo de mi subconciencia, en un lugar especial del basural de mis recuerdos, posiblemente molestándome y ocasionándome problemas de inseguridad en mi conducta, y quizás otros mas, durante muchos años, pero que ahora, al estrellarme contra ellos se habían desvanecido como el humo… Porque sólo eso eran, fantasmas o demonios en mis recuerdos que al enfrentarlos se desvanecieron en la nada.

Pero la salida de aquel túnel no significó el fin del viaje sino el comienzo de otro.  Otro que, sino mas asombroso que el anterior, en un instante lo dejó en el olvido. De la oscuridad del túnel pasé al destello de una intensa luz que me encandiló. Y así, ante lo deslumbrante, mis ojos reaccionaron como el lente ‘Autofocus’ de una cámara, y mi visión se alejó para poder distinguir lo que tenía adelante.

Para mi sorpresa, me di cuenta que estaba flotando en el oscuro cosmos observando a los millones de estrellas de la Vía Láctea. Visión que ahora me permitía diferenciarla del resto de puntos brillantes del universo.

Y del embelesamiento de la observación pasé a la sensación de temor, ya que al mirar mis pies y darme cuenta que estaba flotando en la inmensidad del oscuro cosmos tuve la sensación de que caería, pero antes de que ese temor me abrumara y se convirtiera en pánico cambié el tema de mi concentración retornando a la hermosura de la galaxia que tenía enfrente, y el cambio funcionó.

Así pude apreciar el conglomerado de millones estrellas que giraban alrededor de un centro oscuro, desde el que parecía salir o entrar una estela de vapor, como si fuera el eje de una rueda… En realidad aquel centro de la Vía Láctea era un agujero negro, el cual iba tragando todo el polvo cósmico que la circundaba, y creo que en un futuro muy cercano de unos cien mil millones de años amenazaba con tragarse a la galaxia toda… Mucho tiempo? No, en realidad era un abrir y cerrar de ojos en la eternidad del universo.

Pero de donde me llegaban todas estas ideas si no era mi conciencia la que estaba trabajando? No lo sé… Sólo recuerdo lo que de una manera misteriosa pasaba por mi mente como cuadros de visiones con una nitidez digital provocado por el alucinógeno amazónico. Visiones e ideas que llagaban a mí como la cascada del torrencial río del conocimiento… Sí, todo eso alguna vez lo escuché, leí o vi en la escuela o la TV, como ciencia o ficción, o quizás ambas. Lo real, si puedo hablar de realidad en medio de todo esto, era que, de la misma manera que el polvo cósmico, aerolitos, cometas, planetas, y cuanto objeto se acercara peligrosamente al agujero negro eran inevitablemente atraído, triturados y tragado por aquel tenebroso oscuro pasaje, me sucedió a mí… y por allí fui atraído por la inconmensurable fuerza de la experimentación, ya que algo me decía que ese era el camino que la Ayahuasca tenía para mi.

Esta vez no hubo temor alguno ante la aventura que tenía por delante sino la simple actitud de dejarme ir, atraído por aquella fuerza, y disfrutar de la belleza del espectáculo que me brindaba aquel triturador cósmico reciclando todo lo que deglutía. Fue la actitud del abandono que adopté la que me permitió ir por aquel dantesco remolino, incandescente en su entorno como la lava de un volcán y terriblemente oscuro en su centro.

Hasta este punto de mi vuelo infinito, nunca me había abandonado la idea, sensación o “conciencia” de mi mismo, es decir que era “yo”, en carne y hueso, el que estaba viajando por todas esas experiencias por mas fantásticas que parecieran. Y repito, hasta aquí, porque entonces se me hizo inmensamente evidente que lo que tenía como materia e identificaba como mi persona, mi “yo”, mi cuerpo, sería triturado y desintegrado en sus mas elementales elementos, los que así regresarían al universo… al lugar desde donde una vez vino… Sin embargo no tuve el menor temor de… ¿Morir?. ¿Sería así la muerte en su momento definitivo? Quién sabe… Porque lo que me alentaba a seguir, ya que tenía la alternativa de romper el viaje llamando a mi conciencia al rescate, era la creencia de que la Ayahuasca me protegería como lo había hecho por generaciones con los hombres amazónicos, y muchos otros psiconautas modernos que lo experimentaron, y recordé la traducción que me dijeron de la palabra Ayahuasca: ‘La Liana del Muerto’, aquella liana que me mantendría ligado al mundo real mientras me permitía el viaje al Infinito o al limite de la muerte… Y me dejé llevar por el remolino cósmico al centro del agujero negro.

Lo que vino a continuación es difícil de explicar con palabras porque fue, no sólo una experiencia filtrada por una conciencia acostumbrada a interpretar todo a través de los sentidos y en las formas del mundo en el que se ha desarrollado, sino que fue mi ser cósmico, o lo que yo llamo “mi ser quántico”, al margen de mi cerebro, y por lo tanto al de la conciencia, quien experimentó dicho vuelo…. Como les dije, difícil de explicar. Ojala sea posible entenderlo.

Una vez que me sentí atrapado por la fuerza de atracción del agujero negro éste me llevó por una vorágine de visiones y sensaciones. Lo que recuerdo es que en ese momento tuve la sensación de que caía por el cráter de un volcán activo cuya lava estaba en plena ebullición. Y sentí como el abrasante calor que quemaba cada una de mis células para liberar a “mi ser quántico”, un ser energético carente de elementos materiales, y aun así parte del universo.  Y sentí la liberación de mi ser… y así fui capaz de alcanzar la visión del universo en sus mas elementales elementos.

Seré muy breve para explicar esta experiencia porque realmente las palabras sobran… Creo que sólo es posible comprenderlas a plenitud a través de un estado alterado de la mente, exactamente como en el que me encontraba, o través de un profundo estado de concentración meditativa… porque lo que “vi”, creo, fue el Nirvana.

Cuando digo “vi” estoy usando una palabra creada por nuestro cerebro para definir la acción entre un objeto, el órgano visual, el nervio óptico y el cerebro. Pero Uds. comprenderán que nada de eso se daba en esta experiencia. Ya que yo estaba simplemente recostado en una litera, con los ojos cerrados, respirando lenta y profundamente, dejando libremente a mi… ¿Conciencia…? Mmmm…Tal vez… ¿Espíritu…? Puede ser. O mi Ser Quántico?, creo que es lo más probable, viajara por el universo Infinito.

Entonces, repito lo contaré muy brevemente, vi todo el universo desde sus elementos básicos como los electrones, protones, neutrinos etc. pertenecientes al universo quántico, hasta aquel conglomerado de estrellas, sistemas planetarios, galaxias, nebulosas y otros, que no eran otra cosa sino los mismos elementos quánticos en cantidades fabulosas… ¿Pero, qué era lo extraordinario de esta visión?  Lo maravilloso fue ver todo lo que les he descrito… en formulas matemáticas. No como solemos verlos, escritos sobre un pizarrón o papel… sino escrito y repetido millones de veces sobre los objetos que definían en la realidad.

Vi la línea recta en su formula básica, aX+bY=c, y sus innumerables combinaciones para formar aquel mundo tridimensional de formas geométricas. Vi el circulo, aX2+bY2=c, y sus variaciones formando esferas, cilindros etc…

Y vi la luz… En su espectro y la gama de millones de combinaciones, pero lo asombroso fue verlo viajando por el universo en sus dos manifestaciones: como paquetes luminosos formado los Fotones, y como ondas energéticas cuya frecuencia de onda definían los colores… y aun así… todo esto expresado en formulas matemáticas… Maravilloso.

En síntesis, todo lo que vi fue un universo infinito de formulas interactuando entre ellas… la materia y la energía  existían, sí, a través de ellas… Hasta que la máxima expresión de la complejidad del universo apareció ante mi… La Vida… Cómo un conjunto de formulas químicas complejas y elementales formando aquella escalera mágica del ADN… y algo mas… su energía, al “Ser Quántico”…  Maravilloso.

Y súbitamente regresé a la realidad… llamado por los estertores y balbuceos del compañero de a lado, Luís, quien tenía, supongo, una experiencia mucho mas intensa que la mía, porque temblaba, bramaba y murmuraba incoherencias, y de cuando en cuando vomitaba.

“¿Luís estas bien?” fue mi inocente pregunta.

“Sí… no te preocupes michaelangelo” me dijo balbuceando y volvió a bramar como un caballo, para luego murmurar palabras ininteligibles demostrando que regresaba a su propio viaje.

Yo, regresando a mis asuntos, instintivamente miré la hora de mi reloj digital pulsera, al que había dejado en el modo del cronometro apenas bebí el vaso de Ayahuasca, y extrañado vi que marcaba sólo 30 minutos transcurridos. Inmediatamente supuse que ya habría dado varias vueltas completando los 60 minutos de una hora y reiniciado la cuenta, y para comprobarlo miré mi reloj en el modo normal de la hora. Para mi sorpresa habían transcurrido sólo hora y media desde que apagaron las luces. Y desde allí en adelante ya no tuve mas visiones. De tal manera que me pasé el resto de la noche escuchando las incoherencias de todos los viajeros y sus vómitos, y haciéndome la pregunta de si realmente se había realizado el viaje Ayahuasquero o simplemente me dormí y todo lo contado lo había soñado, debido a que no me sucedía lo mismo que a mis compañeros. A mí, en realidad, el Ayahuasca como acción colateral me afectó al sistema digestivo porque sentía tronar a mis intestinos como cuando los ocasiona un purgante. Quise ir al baño pero, ante el temor de caerme debido a que no controlaba la visión del entorno y mi equilibrio, me abstuve. Entonces me dormí, sólo para ser despertado súbitamente luego de unos minutos por la alarmante sensación de haberme ido en los pantalones. Me alarmé, sí, y una ola de  vergüenza me inundó por las consecuencias que esto acarrearía, es decir irme cagado en los pantalones y hediendo por todo el camino a casa. Mi reacción inmediata fue levantarme e ir al baño. En el camino aparecieron en mi mente opciones al problema como destellos luminosos, ‘Tienes que ducharte’ ‘No tienes una muda de ropa extra’ ‘Habrá agua caliente a esta hora?’ ‘Shit’… Felizmente caminé bien y en el baño comprobé que todo había sido una alarma de mi subconsciente para evitar lo ya descrito, entonces evacué como un ser adulto y civilizado, volviendo a mirar la hora, en medio de una sensación de plena libertad.

Fueron como 4.5 horas de continuos dormir y despertar, sin soñar, los que pasé, esperando ansioso el amanecer, escuchando a todos y cada uno sus balbuceos de viaje, incluido los de Shamán… Hasta que por fin amaneció.

“Buenos Días a todos… –nos dijo el Shamán cómodamente sentado en su litera-… posiblemente todavía sientan algunos efectos de la toma pero eso se ira atenuando durante el día… Beban bastante agua y al mediodía almuercen ligeramente” nos recomendó. Acto seguido aperturó un dialogo entre todos para contar e interpretar cada una de nuestras experiencias. En lo que a mi concierne ‘hablé hasta por los codos’ de todo y de nada, menos lo que les he contado aquí, siempre con la duda, a falta del bendito vomito, de si realmente la Ayahuasca había echo efecto en mí. Dicho sea de paso, nadie, pudo o quiso, contar o dar detalles de su experiencia, aunque hablaron de las luces y ruidos que escucharon al inicio. Dialogo que duró casi dos horas y participamos los seis psiconautas, luego nos levantamos y arreglamos muestras cosas para marcharnos.

No sé porqué, al levantarme, tuve la premura de irme a casa. Me ofrecieron un desayuno que rechacé… lo único que tenía en mente era llegar a casa, darme una ducha y dormir porque me sentía agotado… y además con una sensación de temor y preocupación. Sensación que me siguió por casi una semana para luego ser reemplazada por una de paz y tranquilidad mucho más duradera…

Aparte de las visiones durante el efecto directo de la Ayahuasca, puedo afirmar, luego de una semana de la experiencia, que comprobé una limpieza en mi organismo. Dolores de huesos y problemas digestivos cesaron por un periodo bastante largo, lo que aproveché para iniciar una nueva dieta en donde los productos naturales pasaron a ser los principales. Pero el mayor beneficio que he recibido de esa única toma a sido la constatación de la expansión los limites de mi conciencia… Sigo olvidando cosas, nombres, números de teléfono y el ABC en español… a los que considero sólo arena sin importancia. Y tengo la plena certeza de que el Ayahuasca me ayudó a escribir mi nueva novela: “LA PUERTA DEL SOL”, que ya está en las librerías…. Y hasta aquí llegamos queridos amigos, gracias por su atención y su paciencia de seguir todos estos capítulos que se prolongaron, ajenos a un plan deliberado, de la narración de mi experiencia a la que decidí llamar “AYAHUASCA: Un Viaje al Infinito”

Por ultimo, pero no en importancia, Agradezco además al Shamán: Ronald Rivera Cachiche y a su esposa Kapulana, por la experiencia y guía que me brindaron, además de la gran amistad que hemos desarrollado desde entonces, a los que recomiendo con plena confianza:

http://mistica.ayahuasca-sabiduria.com

Hasta muy pronto, y no pierdan el contacto con este blog  porque les tengo mucho que contar de otros temas que sé que les fascinará. 


6 Responses to “AYAHUASCA: UN VIAJE AL INFINITO… PARTE IV. FINAL”


  1. 1 mabella
    18 abril, 2010 en 3:13

    Y…sì….Realmente me fascinò tu experiencia relatada de un modo agil e interesante.
    Espero las pròximas. Me encantò leerte. Cariños

  2. 18 abril, 2010 en 6:16

    Dear Michaelangelo,he leído atentamente el relato de tu experiencia con el Ayahuasca y tu viaje al infinito. Me parece fascinante. Gracias por compartir la experiencia, me das la oportunidad de saber lo que se siente porque a mi, para serte sincera, esas drogas me dan mucho miedo y no las pienso probar.
    He descubierto que tenemos una cosa en común: la mala memoria!
    Un saludo,

  3. 3 Michaelangelo Barnez
    18 abril, 2010 en 7:53

    Dear Mabella… Gracias por la lectura y el comentario a esta remembranza surrealista.
    Saludos

  4. 4 Michaelangelo Barnez
    18 abril, 2010 en 8:11

    Dear Anne… Te comprendo y comparto tu temor. Me costó mucho vencer mi miedo a su experimentación y a lo que podía ver dentro de mí. De otro lado, también existía la posibilidad de ver a mi madre en las visiones provocadas por esta, lo que a mí me aterraba por la posible reacción que tendría de estar al frente del ser que más quise durante su vida.
    Considero a la ayahuasca y su experimentación como algo extraordinario, por lo tanto único en la vida, una vez me bastó.
    Saludos

  5. 5 Camaché
    21 abril, 2010 en 2:49

    qué viaje! Gracias Michaelangelo por haber compartido esta experiencia. Déjame decirte que tienes una capacidad para describirlo todo, impresionante. pude sentirme minimamente parte de el viaje que has hecho con tus palabras.
    Gracias de nuevo y seguiré pendiente de tu Blog que es de mis favoritos y bueno, pues ver qué más tienes por compartirnos.
    Un abrazo.

    • 6 Michaelangelo Barnez
      22 abril, 2010 en 9:08

      Estimado David… Me siento muy honrado por tu asidua lectura. Con respecto a mi experiencia con la Ayahuasca, fue como dije: Extraordinaria; ya que nunca en mi vida, antes o después de esta, estuve fuera del dominio de la conciencia, lo que no volvió ni volveré a repetir.
      Saludos


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