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May
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MENSAJE DE TEXTO

Hoy, lunes, recibí un mensaje de texto en mi celular. Era de Juliette, en donde me decía que me amaba, que nunca había amado a nadie de esa manera y que estaba segura que jamás amaría con la intensidad que sentía ahora… Yo, con rabia, tiré el celular hacia un rincón de mi habitación.

Hacía solo cuatro semanas que había conocido a Juliette, en un conocido coffee shop cercano a mi apartamento de soltero. Nadie nos presentó formalmente sino que coincidimos allí de manera fortuita, en la corta línea de espera para ordenar la deliciosa bebida caliente, y cuando nuestros ojos coincidieron en la mirada, nos sonreímos mutuamente y nada más, aunque yo pensé: “Es linda”.

“El siguiente, por favor… -llamó la cajera del café, y yo avancé-… ¿En que lo servimos, señor?”

“Dame un café expreso, doble, sin crema y sin azúcar… -y a mi espalda escuché un, “Uuuf”, de comentario, que yo ignoré, y agregué-… además dos donuts, uno de chocolate y el otro de coco, por favor”

Y a mi espalda volví a escuchar otro comentario de la misma persona, casi como un susurro.

“Ajá, ahora sí tiene sentido”

Yo sonreí para mis adentros, giré levemente a mi derecha, la miré casi de soslayo sobre mis hombros y le sonreí. Ella sonrió y encogió sus hombros.

“¿Es todo, señor?”

“Sí”

“Entonces, son 7 dólares con 50 centavos, más impuestos”

Yo busqué un billete de 10 para pagar, pero lo único que encontré en mi billetera fue uno de 100, y se lo di a la cajera, acompañado de una sonrisa.

“Lo siento, señor, no damos cambio de 100”

“Damn it.” maldije.

“¡Yo tengo!” dijeron a mi espalda. Esta vez su voz me sonó angelical.

“Lo arreglamos en la mesa, ¿ok?” le dije, con el azafate en la mano, para no crear malestar en la línea de los presurosos clientes. Ella sonrió, avanzando a ordenar lo que deseaba.

En la mesa esperé a que ella se acercara, y cuando lo hizo, hice el intento de alcanzarle el billete.

“Realmente no tengo cambio, ya me darás luego” me dijo, con una sonrisa dibujada en los labios, mientras se sentaba frente a mí. No era lo que esperaba, pero no me incomodó.

Y así compartimos una relativamente larga charla de casi 15 minutos, en donde el resto de la gente entraba y salía raudamente con dirección al trabajo o hacía un breve entretiempo para esperar el bus o el Metro. Y yo no era la excepción de ir a laborar, aunque lo haría en mi Chevy sport. Por lo que me disculpé con ella y quedamos en vernos más tarde. Le di mi tarjeta personal y la invité a almorzar. No podía ser menos amable.  

Al salir, al mediodía, la encontré en el lobby del edificio de oficinas en donde trabajo como Ing. de diseños. Ella ahora lucía de sport elegante. Su look mañanero de tennis shoes, blue jeans gastado, camisa de franela y cabello revuelto, que le daba la típica apariencia de la chica angelina despreocupada, había desaparecido.

Fuimos a un restauran cercano al Westwood Plaza, de la ciudad del mismo nombre, al Oeste de Los Ángeles, a un par de millas del Downtown, ya que no podía alejarme mucho de mi centro de trabajo. Fue allí, entre bocados y palabras, que Juliette me cautivó. Era graciosa, de palabra fácil y locuaz, y lo que más me empezaba a gustar: era muy alegre. Como era de esperar, nos faltó tiempo para seguir la conversación y quedamos para vernos a la salida… cenaríamos juntos. De regreso a la oficina de diseño mis colegas sonreían maliciosamente, “Linda chica”, me dijo el de mas confianza.

La cena tampoco nos bastó para saciar la necesidad de hablarnos, aunque ya brotaba otra necesidad entre nosotros, y era el de darnos besos, abrazos y quizás algo más.

Al día siguiente desperté como de un dulce sueño y de repente reaccioné. Ella estaba totalmente desnuda a mi lado… y para nada me incomodó su presencia en mi lecho. Y todo lo que sucedió el día anterior se repitió una vez más, ese y los próximos días, durante la semana. Hasta que, luego de un glorioso fin de semana, se mudó a mi apartamento de soltero a vivir conmigo. Fue cuando cruzó por mi mente la idea que estaba jodido.

La segunda semana hubo un cambio en mi vida que nunca había permitido que llegara. En mis 35 años de edad, jamás quise hacerme responsable de ninguna mujer. Amaba mi libertad y mi despreocupación total de todo asunto que no fuera mi trabajo. Todas mis relaciones con las mujeres que pasaron por mi lado, fueron eso: pasaron. Nunca les dejé  que hagan planes o cuenten conmigo para nada. Así, mis relaciones no duraban mucho y yo vivía feliz… hasta que llegó Juliette. 

Ya no iba al café de la esquina cuando salía temprano con dirección al trabajo. Juliette lo tenía preparado delante de mí, humeando, apenas despertaba.  Ya no almorzaba con mis amigos de la oficina sino con ella, quien me esperaba en el lobby. Ya no salíamos a cenar porque Juliette me esperaba en “casa” con la cena lista, adornada de candelabros y a media luz. Las sagradas noches de los viernes de perdición, con mis amigos en un bar de topless, se transformaron en viernes de sillón y películas, con palomas de maíz, nachos con huacamole o pizza. Y mis usuales sábados de despertar al medio día se interrumpieron con el sonar de la aspiradora y arreglos de “casa”. Así, los fines de semana, empecé a languidecer… Me estaba asfixiando.

La cuarta semana, que Juliette me lo recordó como si fuera un aniversario, fue igual… mmm, o diría que peor. Yo estaba harto de ella. En el sexo habíamos probado de todo, mis trucos y los de ella, que en un principio me deslumbró. En cambio ahora era un alivio salir a trabajar más temprano e inventar cualquier pretexto para regresar tarde. Anulé mis almuerzos con Juliette… y no hicimos el amor durante esa semana. El viernes me revelé y me fui, sin avisar, a celebrar con mis amigos al bar de striptease y no regresé hasta tarde. En la puerta de mi apartamento temí entrar, extraña sensación que no sentía desde niño cuando hacía una travesura.  Sí ,temía encontrar a Juliette sentada en el sillón de la sala. Pero no estuvo allí… ni en la cama. “Ufff”, dije aliviado y me dormí.

Parece que había dormido en el cielo porque no desperté hasta el mediodía y me sobresalté acompañado de una pregunta: “¿Qué pasó con la bulla de la aspiradora de los sábados?… ¿Con mi café…?” Entonces me levanté y recorrí mi apartamento. “Juliette”, llamé pero nadie respondió. En la cocina, al lado del coffemaker, encontré una nota: “Querido Erick… Me voy donde una amiga. Regreso en una semana. Tenemos que hablar. Estoy embarazada… Juliette”

“Shit!…” fue la primera exclamación que lancé expresando mi estado de ánimo, seguido por un, “Damn it!”, que lo redondeó. Y fue todo, como un alivio, porque no era la primera vez que yo estaba en ese problema. Perdón, quise decir, con una chica con ese problema. La ducha que me di terminó por despejar mi mente de la resaca y el problema de Juliette.

Los fines de semana, usualmente, las pasaba recorriendo libre como el viento por la carretera Pacific Coast Hway, manejando mi Chevy Sport. Parando en donde me venía en gana. Comiendo y disfrutando del paisaje que escogía disfrutar, a veces acompañado o no, no tenía ninguna importancia, sino mi libertad. Solo que esta vez al caer la tarde, cuando gozada de un espectacular ocaso, el rostro de Juliette se dibujó en el horizonte.

El lunes temprano extrañé el café humeante que Juliette traía a mi cama. En el almuerzo, acompañado por mis amigos del proyecto arquitectónico, permanecí callado, ensimismado en mis pensamientos acerca del qué hacer. Al regresar a mi apartamento lo encontré frio, triste y vació en un terrible silencio. Cerré los ojos y súbitamente apareció el rostro de Juliette sonriendo y mi alma se iluminó, pero cuando los volví abrir, mi soledad no solo había cambiado, sino que se hizo más evidente. En la noche, en mi cama, daba vueltas esperando encontrar el cuerpo de ella, pero no, y sentí frio en el alma. Solo me calmé con la idea que surgió repentinamente, desde muy dentro de mí… de ser papá, y me dormí.

El martes, miércoles y jueves fue igual.

Pero el viernes fue peor, porque desperté hecho una mierda. Fui al baño, me miré en el espejo y comprobé que la idea de cómo me sentía no solo era eso, sino que se confirmaba con la imagen que reflejaba. “¿Juliette… En dónde estás?”… “Dónde puedo buscarte… o llamarte… mujer” murmuré… y, por primera vez en mi cínica vida de soltero, susurré: “Te necesito Juliette… Te amo, vida mía”.

Ese día estuve pendiente de mi teléfono celular. Revisé varias veces si las baterías estaban cargadas, si estaba encendido, si el timbrado funcionaba, dudando ponerlo entre la señal desonido o vibración, o si ya había un mensaje de texto. En la tarde, a la salida de la oficina de proyectos, me excusé de acompañar a mis amigos a la juerga acostumbrada. Ya no me importaba el viernes de corrupción.

Cuando llegué a mi apartamento y estaba a punto de entrar, de pronto me llegó como una brisa la idea de que Juliette estaba allí, esperándome, lista como solía hacerlo, con una sonrisa y un beso, la cena preparada, las velas encendidas y una rosa para cada uno sobre la mesa, al lado de los cubiertos. Pero no, ella no estaba… entonces… sufrí. Creo que el cínico soltero había muerto dentro de mí. En la noche miré tantas películas como palomas de maíz, nachos con huacamole y pizzas pude comer, pero no dejé de pensar en Juliette y de desear acurrucarla a mi lado.

Antes había funcionado con otras chicas. Por ejemplo, una orden de banana Split de coco, vainilla y fresa con chocolate me hizo olvidar a Brigitte y los seis meses de relación salvaje que tuvimos recientemente, poco antes de conocer a Juliette.

Así, con ese estado de ánimo,  me tomé varios Tequila Sunrise antes ir a mi cama porque sabía que de otra manera no podría conciliar el sueño.

El sábado desperté alegre. Había soñado con Juliette. Alegría que se desvaneció tan pronto como constaté que solo era eso, un sueño. Bajé al coffee shop y allí bebí un café mocca con crema y me senté, sin ningún apuro de nada, a disfrutarlo. Ya iba en mi tercer sorbo de la paradisíaca bebida cuando súbitamente vibró mi celular anunciando un mensaje de texto. Casi derramo mi mocca caliente por la prisa de buscar mi celular, y cuando lo encontré pude leer: “I love you, Erick”. Mi corazón dio un vuelco, ahora podría devolverle la llamada. Regresé a mi apartamento rápidamente porque quería hablarle desde allí, con la privacidad necesaria para expresarle mis sentimientos.

La manera de cómo veía el mundo cambió radicalmente desde que le confirmé a Juliette mi amor por ella y de que la quería a mi lado, posiblemente, para toda la vida. Acerca del bebe que llevaba dentro, le dije que ya hablaríamos cuando estuviera aquí. “Llegaré el lunes temprano, iré manejando desde Sausalito, San Francisco, por la Pacific Coast Hway… Espérame en casa… I love you” me dijo sin aceptar que yo vaya a recogerla o a su encuentro.

El lunes desperté con inusitada alegría “Hoy llega Juliette… mmm, el apartamento está en orden” me dije. Esa mañana no iré a trabajar. Me levanté, me di una ducha caliente y me pareció escuchar el sonido de mi celular, cerré la llave del agua y presté atención, y fue que escuché el pitillo del coffeemaker anunciando que ya estaba listo, entonces volví a lo de la ducha. Luego me senté en el sofá y prendí el TV a ver las noticias mientras bebía mi café. Me entretuve de sobremanera con las noticias acerca del terremoto y el subsiguiente tsunami en el Japón. Abría pasado ya una hora y tres tazas de café cuando las noticias se vieron interrumpidas por otra local y de urgencia.

“Flash”, vi y escuché en la pantalla del tv. anunciando un accidente en la Pacific Costa Hway, que a mí me heló la sangre. Pensé inmediatamente, sin poder evitarlo, en Juliette y sentí que me estrujaban el corazón.

“Hace unos minutos ocurrió un lamentable accidente en la carretera, cuando un Ford Explorer rojo se despistó en una curva. El vehículo iba conducido por Juliette Hoffman, residente de Santa Mónica, y ya fue llevada al Memorial Hospital cercano, en condiciones reservadas…”

Ya había escuchado lo necesario, salté del sillón, busqué mi celular en mis bolsillos y sobre el coffee table, pero no lo hallé. Entonces tomé el auricular del teléfono y llamé al hospital.

¿Ud. Es…? Me preguntaron en emergencias del hospital.

“Soy Erick, el novio de Juliette”

“Lo siento mucho, Erick, el accidente fue fatal… ”

Y no pude escuchar mas, mi mente se cerró, caí al sofá abrumado por el dolor y enloquecí. De rabia e impotencia destrocé la sala de mi apartamento hasta que llegó la policía alertados por los vecinos y pudieron calmarme. No me arrestaron, sino llamaron a los para-médicos para que me atiendan. Cuando se fueron y quedé solo, fui a mi dormitorio y me tiré a la cama. Allí, sin proponérmelo, sentí la vibración de mi celular y lo encontré. En él pude ver el último mensaje de texto de Juliette, que había perdido debido al ruido de la ducha y el pitillo del coffeemaker, donde me decía que me amaba, que nunca había amado a nadie de esa manera y que estaba segura que jamás amaría con la intensidad que sentía ahora… y me prometía: “Te haré feliz toda la vida, mi amor… solo dame la oportunidad”.

Tiré el celular con rabia al suelo y lloré como un niño.


13 Responses to “MENSAJE DE TEXTO”


  1. 14 mayo, 2011 en 10:28

    Narración completa.
    Me ha encantado.
    Lamentablemente, supo a destiempo y perdió su oportunidad.
    Trágico.
    Un abrazo

    • 2 Michaelangelo Barnez
      15 mayo, 2011 en 10:09

      Dear Ana María… Te agradezco la visita, lectura y comentario. Sí, así fue.
      Saludos

  2. 3 Susa Martin
    30 mayo, 2011 en 7:22

    Preciosa triste historia de amor¡¡

    • 4 Michaelangelo Barnez
      30 mayo, 2011 en 21:56

      Gracias Susa, también me apenó a mí.

  3. 5 Myriam Jara
    31 mayo, 2011 en 9:39

    Impresionante y conmovedor relato que no puede dejar de leerse, una historia absolutamente porque esto ocurre, el flash, amor a primera vista, la pasión, la invasión, el hastío, la ausencia que agobia, la desesperación, el esperado reencuentro que tal vez…nunca se concrete. Deja mucho que pensar sobre el amor (hermanito gemelo de la locura), que la vida hay que vivirla minuto a minuto, que nunca sabremos si hay un mañana, que no es bueno convertirse en un bloque, perder identidad, dejar de ser uno para ser dos en uno. Da para mucho pero esencialmente, muy buen texto. Felicitaciones, tus palabras fluyen como agua de manantial atrapando al lector hipnotizado por la frescura del relato. Besos

    • 6 Michaelangelo Barnez
      31 mayo, 2011 en 17:27

      Dear Myriam… Me impresiona tus palabras… y te las agradezco.
      Besos para ti también.

  4. 7 Shemilit
    10 junio, 2011 en 13:41

    Me gusta realmente… y hace tener presente lo que muchas veces creemos que aun tenemos tiempo de decirlo y lo dejamos para un momento mas adelante… sin darnos cuenta q ya nada se puede hacer y es tarde… o la experiencia de que si hubo una nueva oportunidad para expresarlo…

    saludos!

    • 8 Michaelangelo Barnez
      12 junio, 2011 en 22:13

      Gracias Shemilit, por la visita, la lectura y el comentario. Realmente existen casos en donde no hay una segunda oportunidad.
      Saludos

  5. 9 Anónimo
    16 junio, 2011 en 23:59

    Me gusto mucho tu relato, lo disfrute sobremanera, lamentando el final, por supuesto. Me hizo pensar, cuan necesario es conceder espacios entre la pareja, no ahogarse mutuamente. Este soltero empedernido como un sistema de vida loberal se ve de pronto atrapado por el amor, pero. no se hubiese dado cuenta de no ser porque ella se ausento para hacerse sentir, Para hacerse extranar. Inteligente ella.
    Lamentablem insisto el final. Queda ese mensaje de texto como un mensaje del mas alla. Por supuesto que la amara toda la vida,
    Felicidades por tu pluma e inspiracion, agil y fresca,
    Sinceramente: ISABEL MIRANDA DE ROBLES

    • 10 Michaelangelo Barnez
      17 junio, 2011 en 5:41

      Dear Isabel… Encantado de que hayas disfrutado de este cuento. Creo que tu comentario es preciso en lo que trato de destacar entre lineas. Eres una buena lectora.
      Saludos

  6. 1 marzo, 2012 en 13:51

    gracias Michaelamgelo por tu excelsa narrativa, triste historia de amor-tragedia. Nunca dejes para mañana lo que puedes hacerlo hoy. Un placer estar aquí, no perdiendote el pasito ahora. abresos.

    • 12 Michaelangelo Barnez
      5 marzo, 2012 en 17:25

      Dear Monica… Tienes absoluta razón. El mañana no existe y si queremos hacer cosas importantes, como amar o ser felices, debemos de serlo ahora.
      Aprecio tus abrazos y besos, querida amiga

  7. 13 Johng539
    16 julio, 2014 en 9:27

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