20
Jul
14

DEL CORAZÓN

corriendo3Siento que ya estoy cruzando un punto crucial en el camino de la vida, aunque en este recodo no me resigno a bajarme en la estación: “La Tercera Edad”, menos aun en la estación que viene: “Anciano”, y no por rebeldía, así digan que es mandatorio, sino simplemente porque me siento capaz de acometer cualquier cosa, física o intelectual, siempre que me lo proponga y midiendo mis propios límites.

Pero una cosa es la positiva actitud mental que tengo, frente a la inexorable ruma de años que voy apilando sobre mi espalda que ya parezco el jorobado de París, y otra, la cantidad de achaques que, quiéralo o no, se van reflejando en mi capacidad y salud física.

Por ejemplo, no hay día que me despierte sin dolores, y no me refiero a mi linda vecina, sino a lo que siento en la espalda, a la altura de la cintura. Pero ya me acostumbré a ello, al punto de que se han transformado en un indicador mañanero, no del de mi fogosa juventud, sino de que he despertado y estoy vivo.

Y lo bueno es que con unos suaves movimientos de gimnasia, por unos minutos, las benditas molestias desaparecen totalmente. Entonces es cuando salgo a correr, ja, ja, ja, ya quisiera; es decir, salgo a trotar tres kilómetros… y es cuando siento mi corazón decir “pum, pum, pum, como el cañón”. Igualito como cuando hago mis ejercicios maritales en el rin de las cuatro perillas.

Así, les cuento que hace un tiempo, en uno de los días que salí a dar mis trotes matinales por las calles de la Molina, mi barrio, me sucedió algo que llamó mucho mi atención.

Yo ya llevaba como 20 minutos jadeando y trotando por las calles, cuando vi venir corriendo a una linda mujer. Yo no sé si son los años los que me han podrido el cerebro o es la dieta de lechuga que como a diario lo que lo ha verdeado. El asunto es que disminuí la velocidad de mi trote para observarla, al punto de quedarme parado, sí, como un idiota, con la boca abierta. La vi venir en cámara lenta, con sus frescos senos revoloteando, como queriéndose salir del ceñido t-shirt de lycra negra, a la vez que cimbreaba sus caderas al ritmo de sus saltitos. Yo no sé si babeaba o no, pero la señorita sonrió cuando pasó velozmente a mi lado.

Y yo, como si fuera un inspector de culos, la seguí con la mirada y me di con una grata sorpresa.

No sé si la hermosa fulana era una exhibicionista, una vedette o bailarina del Tubo, o todas esas cosas, pero en la ruina, porque el apretado pantalón de lycra que vestía dejaba al descubierto las redondeces de sus nalgas, como si fuera un hilo dental.

La impresión hizo que el “pum, pum” de mi corazón “trastabillara” y, olvidándome de la suculenta pototitos, comencé a chequear los latidos de mi corazón poniendo dos dedos en mi muñeca y luego en mi cuello.

Lo que oí no me gustó, así que me olvidé del ejercicio y me dirigí directamente a casa. En el camino noté que suspiraba repetidas veces y mi mal pulso no disminuía.

Una vez en casa llamé al doctor, y este, usando su estetoscopio, descubrió y nombró al desorden como: Una Arritmia y ordenó una serie de chequeos empezando con el más simple: un Electrocardiograma.

Luego de una semana que chequeos, los resultados fueron negativos a que estuviera mal del corazón. Pero yo ya había sido picado con el temor de padecer un mal cardíaco, ya que mi esposa, en todo este drama, me había dicho que en las noches, durante el sueño, ella había sentido que yo dejaba de respirar un largo rato, para finalmente dar una sacudida de cuerpo y empezar a respirar profundamente.

Lógicamente, yo le conté al doctor, pero él se remitió a los resultados gráficos que tenía en mano y restó importancia a lo dicho.

Luego pasaron varias semanas y yo volví a mi rutina física. Solo que ahora hacía gimnasia y caminaba un tanto rápido y nada más. Y en las noches dormía apaciblemente, aunque mi esposa me decía, cuando se daba cuenta, que había temblado varias veces.

Hasta que una noche, me contaron, dejé de respirar del todo y mi esposa hizo un alboroto de los mil demonios. Como si ya me hubiera muerto… y yo sin despertar o reaccionar. Como sea, llamaron a Emergencia y estos prometieron enviar una ambulancia, pero cuando llegaron yo ya había reaccionado y fui parte del coro de disculpas por la falsa alarma.

Solo ahora, y entre nos, les contaré algo que pueden tomarlo como quieran, total, solo yo sé que fue así.

Tengo un extraño recuerdo de que la noche que llamaron a la ambulancia, yo ya estaba en una sala de emergencia. Allí vi como en tinieblas, un tanto deslumbrado por la intensa luz del quirófano, a dos doctores, rodeados de enfermeras, que se acercaron a mí y me dieron un par de choques eléctricos sobre mi pecho, que sacudió todo mi cuerpo en la camilla, y fue cuando creí despertar. Yo miré agradecido a los doctores y estos me sonrieron también. Entonces dieron media vuelta y salieron del quirófano, fue cuando vi el par de alas que poseían en sus espaldas. Traté de mirarlos mejor a través del vidrio de la ventana y vi una mujer conversando con ellos, era mi difunta madre.

“No se preocupe señora, su hijo está bien!” le dijo uno de los… ¿doctores?

Y una luz más brillante me deslumbró y desperté en medio de la algarabía de mi familia… luego llegaron los de la ambulancia.

 


2 Responses to “DEL CORAZÓN”


  1. 21 julio, 2014 en 8:54

    MMmm…. por qué pones esa foto en este relato?, bueno es sólo curiosidad. Siempre leer tus relatos o cuentos o tal vez crónicas, contigo nunca se sabe eres una caja de sorpresas en cuanto a literatura se refiere, es un agrado, pescas la primera palabra y resulta que va amarrada a la siguiente y esta a la otra y solo se suelta la última, pro lo tanto, tienes que leerlo todo. Y eso para un escritor siempre es bueno. Me gusta tu modo de escribir, me gusta tu relato y esa imaginación que tienes que va creando tu mundo, aquel que pisas día a día. Un abrazo querido amigo.

    • 23 julio, 2014 en 21:45

      Patricia, no vayas a pensar que uso la foto para pescar lectores, no, no, no. Simplemente busqué una foto, en Google-Imágenes, que se relacionara con alguna parte del cuento, excepto con el final, para no malograr la sorpresa, y esta fue la mejor que encontré. Y esa parte es la que sigue a cuando digo: “Yo no sé si son los años los que me han podrido el cerebro o es la dieta de lechuga que como a diario lo que lo ha verdeado.” Ja, ja, ja… yo mismo celebro mis ocurrencias. Por lo demás, te agradezco mucho tus palabras porque aprecio de quien viene, querida amiga.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


“TE VERÉ EN SUEÑOS”

ENCUENTRA LA NOVELA AQUÍ... HAZ CLICK
julio 2014
L M X J V S D
« Jun   Nov »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

Blog Stats

  • 52,294 hits

Más Leídos

Goodreads


A %d blogueros les gusta esto: