Archive for the 'Humor' Category

19
Ago
15

YO TÉ

C. Denueve 4Ya era mediodía cuando me senté alrededor de una pequeña mesa redonda para dos, de mantel a cuadros rojo y blanco y al aire libre, en la acera del Café Le Dome, de La Ciudad de la Luz: Paris, cercano a la plaza en donde se erguía la imponente Torre de Eiffel, en espera de la única amiga que tenía allí, a quién solo había conocido a través de un portal literario de las redes virtuales de internet. Ella, Marie Denueve, era la persona fundamental para mi corta estadía en esa gran y hermosa ciudad, ya que hablaba, además del obligado francés, el inglés y español; estas dos últimas las únicas lenguas que yo dominaba.

A decir verdad, desde que salí del aeropuerto internacional de París, Charles de Gaulle, me sentí perdido, ya que tenía dificultades para comunicarme con la gente con quienes ineludiblemente tenía que tratar. Al taxista solo le enseñé el tríptico de propaganda del hotel para hacerme entender que me llevara allá, aunque al querer pagarle por el servicio y no entender lo que me decía opté por enseñarle una baraja de billetes de Euros, equivalentes a $80 Dlls, para que él escogiera lo debido, y el taxista tomó todos y me agradeció con una amplia sonrisa. Realmente no me sentí mal con la actitud de este, ya que yo sabía de antemano que era la tarifa aproximada, incluyendo la propina.

En el hotel me fue más fácil ya que hablaban inglés y mi agente ya había hecho las reservaciones del caso. Solo tuve que mostrar mi pasaporte americano y mi tarjeta de crédito para que las muy amables francesas me atendieran como un rey. ¿Francesas? No, no lo eran. Luego me enteré que realmente eran españolas, pero solo me hablaron en inglés durante mi corta estadía.

Así transcurrieron mis primeras horas, acomodándome en mi suite del hotel Saint Dominique, ubicado en la calle del mismo nombre; en el lobby de este y luego aventurándome a caminar por los alrededores, sin alejarme mucho para no perderme. Y en la noche viendo la TV en cable.

“A cappuccino, please!” le dije al maître del café cuando este se acercó a atenderme. Luego, desplegué el diario, Los Ángeles Time, que gentilmente me habían obsequiado en el avión el día de ayer, y repasé las noticias ya obsoletas, mientras había dejado sobre la mesa los tres libros que pensaba obsequiar a mi amiga Marie: “Rayuelas” de Cortázar; “Los Heraldos Negros” de Vallejo; y “Te Veré en Sueños” la novela que iba a presentar el próximo viernes.

Pero Marie demoró más de lo que yo demoré en beber tres tazas de café, así que, como ya era hora del almuerzo, le pregunté al maître por el menú, y este me trajo una cartilla con todo lo que servían allí… escrita en francés por supuesto. Pero no tuve dificultad para elegir lo deseado, porque no iba a almorzar aun, sino matar el hambre y justificar mi larga espera en esa meza del concurrido Café. En la lista vi una foto a colores, entre muchas, con una descripción: “Crêpes gratinées à la mozzarella et jambon”.

“I want this, please!” le dije poniendo mi dedo en el grafico, adivinando que era un Crepé de mozarela y jamón. Y el maître me entendió… Pero agregó: “Et pour la boisson? Y me dejó en el limbo por tres segundos,  para remontarme a los años de mi llegada a gringolandia, cuando sin saber inglés adivinaba lo que me decían acertando casi al 100% de veces, cuando me hablaban. Entonces le respondí: “A cold Pepsy, please!”  Y el maître se fue.

El hojear el diario en mis manos solo cumplían una fachada a mi prolongada espera por Marie. Realmente no tenía ningún interés en releer las noticias ya pasadas y menos los abundantes avisos comerciales. Y de tanto en tanto, miraba a mí alrededor y observaba a la gente que ya iba llenando las mesas contiguas. Y una vez más pude comprobar que el mundo se había globalizado no solo económicamente, sino en razas y culturas, tan igual como sucedía en California desde ya muchos años atrás.

Y mientras paseaba mi mirada observando a la gente del café, mis ojos coincidieron con los de una linda joven, sentada a pocos metros de mí mesa, quien me sonrió amablemente. Yo, caballerosamente, respondí con una leve reverencia con la cabeza y una sonrisa en mis labios, y continué con mi observación, sin mostrar mucha importancia al hecho en particular. Aunque para mis adentros pensaba que quizás ella me conocía del portal literario o en Facebook. Intrigado, volví a buscar sus ojos y encontré su fresca sonrisa y alegre mirada sobre mi persona. Y yo solo atiné a responder de la misma manera, para luego refugiarme en el diario, simulando leerlo.

Mientras comía mi Crepé volví a mirarla, y volví a encontrar su dulce mirada y sonrisa. Entonces yo, cogiendo el vaso de hielo con soda, hice un ademán levantándolo, mientras decía con una sonrisa y sin palabras sonoras: “Salud!”

Ella se alegró e hizo lo mismo diciéndome algo que yo entendí como: “Yo té!”

Continué comiendo y bebiendo a sorbos mi soda, mientras pensaba que usualmente mal interpretamos los gestos, creyendo que ella había mal entendido el mío, cuando levante el vaso, como refiriéndome al contenido de mi vaso, por lo que ella me contestó con lo ella bebía: “Yo té!” sin palabras.

Yo ya había terminado de comer mi crepé y mi paciencia por la espera se había agotado también, así que estaba dispuesto a pedir la cuenta y regresar a mi hotel. Pero antes hice el último intento de comunicarme con Marie, solo para obtener la misma decepcionante respuesta de que sistema satelital de esa zona no registraba mi llamada.

Así, mientras tenía el celular pegado al oído, vi como la linda joven se acercó a mi mesa y me dijo: “Yo té!” y con toda naturalidad se sentó en la silla libre.

Yo, muy solicito, llamé al maître con un ademán de mano para que se acercara y ordenarle lo que ella pedía: Un té. Pero la linda muchacha, sonrojada y ofuscada, se levantó y se fue, sin antes decirme algo, en voz baja, como un susurro, que entendí como: “bla, bla, bla, la mierdé!”

Realmente yo no comprendí lo que había sucedido y menos aun el motivo del porqué esta bella joven me había mandado a la mierda.

Pero mi confusión fue breve ya que la tan esperada amiga Marie Denueve por fin llegó.

Nos abrazamos, besamos y sentamos, y sin dejarme decir una palabra empezó con un interminable tsunami de palabras.

“Querido Mich, que guapo eres, mejor de lo que aparentas en las fotos de tu portal literario y en Facebook, como me gustan los latinos-hispanos, dios mío, como me gustas Mich. Pero bueno, te pido disculpas por no haber ido ayer a esperarte al aeropuerto, estuve tan ocupada con lo de tu presentación para este viernes que recién hoy lo he finiquitado todo. Vamos a tener como invitados a un poeta español y a un peruano ayacuchano que toca lindo el charango, ambos residentes en París, además de la presencia del agregado cultural del Perú en Francia. Todo eso lo logré recién hoy, en esta mañana, por eso es que demoré tanto, además de que no contestabas tu celular. Te llamé mil veces y nada. ¿Está malogrado? Bueno no importa ya, porque por fin nos reunimos para hablar frente a frente y…” y Marie continuó hablando, asegurándome la presencia de los amigos del portal literario, la comunidad peruana y de países hermanos residentes en Paris, dándome todos los detalles del evento literario y los preparativos para los días siguientes, previos al evento. Mientras yo solo asentía con la cabeza a todas sus decisiones ya tomadas por Marie.

Luego de la andanada de palabras de mi amiga, cambiando de tema, recién pude contarle mi breve experiencia de las 24 horas que llevaba en Paris.

Así, tuve la oportunidad de preguntarle acerca del comportamiento de la bella joven, que de cierta manera podía decir que había conocido en ese Café.

Y le conté todo, con lujo de detalles acerca de lo ocurrido, de lo que me dijo, de lo que creí entender, de lo que pensé y también supuse.

Entonces, Marie me interrumpió con una carcajada interminable. Ella reía como una loca. Sí, realmente como loca, sin importarle que llamara la atención de la gente que estaba en las otras mesas. Al principio me sentí incomodo, pero su risa era tan franca que contagiaba a la risa. Así que yo también reí, aunque sin saber porqué realmente. Hasta la gente de otras mesas empezaron a sonreír y cuando el maître vino sonriendo a ver que sucedía, Marie le contó en breves palabra lo sucedido, y este, soltando una sonora carcajada, comenzó a reír como un loco también.

“Mich, mi querido Mich… Jajajaja oh dios, oh dios!” y no pudo continuar porque la risa se lo impedía. Y así entre risas y las lagrimas provocadas por esta, me siguió diciendo: “Esto tienes que contarlo en viernes, dios mío, no puedo más, me orino de la risa… Jajajajajaja!!!”

Los vecinos de otras mesas, hombres y mujeres, reían también, pero no me incomodé por eso.

Salimos del Café porque era imposible conversar allí sin que a Marie le de otro ataque de risa.

Caminamos un poco, bajo la guía de ella, y encontramos un parque y bancas vacías, en donde nos sentamos a conversar.

Allí pude pedirle que me explicara lo que pasó entre la bella joven y yo, sin percatarme realmente.

Entonces ella me explicó que cuando yo creía que ella me decía: “Yo té!” ella realmente me decía: “Je t’aime!” que suena parecido para tus oídos, pero significa: “Yo te amo!” y no se refería a la bebida de té que pensabas. Y cuando se sentó a tu lado en la mesa, volvió a decirte. “Je t’aime!” pero volviste a creer que te estaba pidiendo un Té. Y Marie soltó una vez más otra carcajada: “Jajajajajaj… oh dios, oh dios!”

“Y cuando llamaste al maître del Café, ella creyó que te ibas a quejar, por eso es que, ofuscada y avergonzada, se fue!” dijo Marie y añadió “Pero luego… Jajajajajaja… Oh dios!… Ella no te mandó a la mierda… Jajajajaja… Cuando ella se fue… Jajajajaja… te dijo: “Bienvenue à la Ville Lumière!” Jajajajaja… y no “bla, bla, bla a la mierdé! Jajajaja… Oh dios, me oriné otra vez!”

22
Nov
12

DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS… THANKSGIVINGS

Este cuento ha estado rodando durante algún tiempo, contado de muy diversas maneras. Y como el día de “Acción de gracias” o “Thanksgivings”, está a la vuelta de la esquina, creo que merece la pena contarlo una vez más. Al Cesar: Versión traducida, corregida y aumentada por Michaelangelo Barnez, de la oral, en Inglés y anónima…

John, un hombre joven, recibió un loro llamado “Jefe” como regalo.

El loro tenía muy mala actitud, y peor aun era su vocabulario.

Cada frase que salía del pico del pajarraco era ruda, odiosa y llena de groserías.
John intentó e intentó, hasta el cansancio, en cambiar la actitud del pájaro con el ejemplo, diciéndole sólo palabras corteses de manera consistente, a la vez que tocaba sólo música suave.

Además, pensaba y era capaz de hacer cualquier cosa con tal de limpiar el vocabulario del bendito pájaro.

Finalmente, un día John se exasperó y le gritó al loro.

El loro, sin intimidarse, abrió el pico y le gritó también.

John, lleno de rabia, sacudió al loro, pero éste, verdeyrojo de la ira y aleteando y picando, se puso más enfadado y rudo aun.

John, en la impotencia y ciego por la desesperación, agarró al pájaro y lo puso en el congelador.

Durante unos minutos, desde adentro, el loro gritó groserías, insultó y dio de aletazos y puntapiés.

Entonces, de repente todo calló. Ni un pío más se oyó durante un minuto.
John, temiendo haberle hecho daño al loro, abrió rápidamente la puerta del congelador.

El loro, serenamente, salió hacia los brazos extendidos de John, y se le acurrucó mientras le decía con voz muy triste:

“Señor, creo que puedo haberlo ofendido con mis groserías y acciones. Yo estoy profundamente arrepentido de mis faltas y pienso hacer todo lo posible para corregir mi imperdonable mala conducta”

A John le llamó poderosamente la atención el radical cambio de actitud del loro.

Él estaba a punto de preguntarle, qué había hecho posible tan dramático cambio en su conducta, pero el loro, antes que le diga algo, añadió:

“¿John, puedo preguntarte qué hizo el pavo?”

Feliz día de Acción de Gracias… Happy Thanksgiving…

14
Ene
12

Miguel Ángel Burronotty

Hola, mi nombre es Miguel Ángel Burronotty y por una estúpida razón, que creo que Uds. adivinarán, me puse a pintar. Dibujé muchas cosas siguiendo las escuelas que marcaron los grandes maestros, especialmente mi homónimo, pero que llegaron a ser nada porque siempre quise, como ellos, decir algo muy obvio.

Luego de un corto entrenamiento empecé a dibujar de verdad. Por eso hice el dibujo de un caballo a puro puntitos de colores que me gustó mucho, porque obviamente se veía como un caballo y no otra cosa.

Mi agente artístico lo miró y me dijo:

“Mmm… No sirve, esto ya lo hizo Paul Sinac… y un millón de veces mejor.”

“Damned…” murmuré como respuesta.

Días después, sin desanimarme, traté de inspirarme y hacer algo nuevo, pero el puntillismo, como un pájaro carpintero, seguía apuntillándome el cerebro. Así que, para variar, busqué un pincel más grueso y una espátula delgada, y dibujé, con trazos más grandes, un burro esta vez. Al borrico lo iba a plasmar en su máxima expresión artística XXX, pero mi falso pudor pudo más y no me lo permitió. Como sea, al terminar me limpié las manos, los pinceles y las espátulas con un trapo del sobrante de un lienzo, y contemplé mi obra de arte: el bendito Burro.

Cuando llegó mi agente lo miró de orejas al rabo, y me dijo tímidamente, rascándose la barbilla:

“¿Autorretrato…?”

“Fuck you!!!” le respondí.

“Mira, Miguel Ángel… -empezó a decirme el agente, haciendo un gran esfuerzo en pronunciar mi nombre sin insultar al Maestro-… Tienes que crear algo con estilo propio y no imitar a… -y, mirando al pobre burro, balbuceó el nombre de mi mentor de turno-… Monet… u otros”.

Cuando el agente se marchó, cerré mi taller de pintura DE ARTE, y escribo “de arte” en mayúscula para que no se confundan y piensen que allí arreglo y pinto autos viejos o chocados, no, no, no. Bien, pero les decía que cuando se fue el H de P, quedé sumido en una tristeza muy brava. Cerré mis ventanas y corrí las cortinas porque la luz del día me mortificaba, y así dormí cerca de tres días con sus noches sin poder diferenciarlas, hasta que me despercudí de la modorra y busqué otra solución a mi tristeza artística. Por eso salí a la calle y me fui directamente al bar de la esquina, cuyo rotulo a las justas decía: “Contra…tura” en donde se había borrado la silaba “cul”, que nunca arreglaron porque así comenzaron a traer más clientes. Este era un antro etílico en donde se reúnen poetas, pintores, escultores y otras alimañas subversivas al aseo y parámetros de la urbanidad, para ahogarse mancomunadamente con el licor más barato y mortal, de sus desventuras creativas. Por una fuerza instintiva, que no comprendía ni me esforzaba en hacerlo, tenía el deseo de ahogarme con ellos también, a pesar de que el lugar en sí me repugnaba. Eso sí, antes de entrar a esta pocilga de artistas ajusté bien la hebilla de mi pantalón y el cierre de mi bragueta, porque allí, luego de unas copas, algunos susodichos se ponían muy afectuosos y, cambiando de arte, quería practicar el sodómico arte culinario o lingüístico… fuchi!!!

Al día siguiente desperté en mi cama sin saber cómo demonios había regresado, con un dolor de cabeza, la de arriba, y una fuerte presión en la de abajo. Entonces la conciencia me vino como un rayo y abrí los ojos pensando lo peor, y descubrí un bello rostro de mujer frente a mí, dormida, quien me tenía aun atrapado de mi brochita en su intento de devorarme, antes de quedarse dormida. ¿Dije mujer? Sí, pero no me constaba. Así que, con sospecha y cierta repulsión, me liberé de… ¿ella? y fui a constatarlo para salir de la duda, antes de bañarme con gasolina.  Uf, pero lo que vi me agradó. No tanto por lo explicito y exquisito del panorama, sino porque la bella era realmente bellA.

Contento de haber despejado la repentina incógnita, me levanté y fui darme un baño de ducha fría, luego preparé café y huevos revueltos con papas fritas y chorizos.

Cuando estuvo todo listo, mi hermosa fémina se hizo presente en el comedor con el cabello aun húmedo del baño y totalmente desnuda, en un ambiente muy natural, que a mí me produjeron muchas ideas ¿pecaminosas? No, sino artística. Sí, allí, frente a mí estaba no solo la fuente de mi inspiración, sino mi modelo también.

Tan pronto terminamos el Brunch, dos vasos de vino y unos cigarros, yo estaba listo y ella adoptó todas las poses que le pedí, no, no en mi cama sino en el taller de pintura, desnuda y vestida, sumisamente a mis órdenes. Y yo, paleta y pincel en mano, rodeado de múltiples embases de pinturas oleo con los colores primarios, me puse mezclarlas en mi paleta y a pintar muchos lienzos de diversos tamaños y texturas.

Pinté como un loco, limpiando mis manos, mis brazos y mi cara manchados con los oleos, además de los pinceles y espátulas de diversos tamaños cada vez que quería mezclarlas para lograr un nuevo color y tonalidades, con el mismo trapo que resistía tales embates de limpieza. Así, extasiado por el licor de la adrenalina de la creatividad, pinté una mujer desnuda tendida sobre en un cómodo sofá que reposaba sus manos detrás de su cabeza. Hice otra a cubitos de colores acompañada de tres músicos. A otra la retorcí al lado de un reloj doblado colgando de la rama de un árbol. Otra más, la dibujé con el rostro asustado, con sus manos en ambas mejillas, cuando cruzaba un puente; muy parecida a la imagen distorsionada de un espejo malogrado. Finalmente, vestí a la modelo, le puse un collar de perlas y al dibujarla como un retrato, alargué su cuello.

No sé cuándo terminé de pintar, solo recuerdo que mi paroxismo creativo terminó en el vientre de ella… y quedé dormido.

Al día siguiente, mi adorable modelo se había marchado, no sin antes haber arreglado todo con un meticuloso aseo. Los embases de pinturas estaban en orden. Mis cuadros, iban de acuerdo al tamaño del lienzo, colocados del más grande al menor, mis pinceles y paletas muy limpios, e incluso, hasta el trapo de limpieza estaba en un caballete.

Cuando mi agente llegó, se paseó por el taller parándose frente a cada cuadro de pintura para observarlo detenidamente, mientras yo aguardaba como araña colgada de la cúpula de la Sixtina.

“Este no sirve… Goya ya lo hizo. Este tampoco… Picasso ya lo hizo. Este, menos… Dalí ya lo hizo. Este… luce como una extraterrestre asustada… Mmm, ya lo hizo Munch”.

El bendito agente sabía bien su trabajo o mis trabajos era más obvio que perra en celo. Pero aun quedaba lo que yo consideraba mi obra monumental: la mujer del collar y el cuello largo.

“Mmm… -le escuché susurrar al agente, y pensé que era el sonido del aprecio, pero cruelmente dijo-… Este, este… es un Modigliani, Miguel Ángel, por favor…”

El agente iba a continuar hablando, despotricando de mi creación artística, haciendo trizas del poco orgullo que me quedaba, pero se quedó callado, mudo, y con los ojos muy abierto. Este había dado unos pasos hasta llegar al frente del caballete en donde pendía el trapo de limpieza de mis manos y pinceles. Y allí, con los ojos desorbitados al punto de caer, se hincó de rodillas, me miró con la boca abierta y balbuceó:

“Maestro, maestro Miguel Ángel, con esta pintura superas a Jackson Pollock… -y mirando al cielo levantó los brazos para decir fervorosamente-… Dios mío, te agradezco que me enviaras a un genio y sea yo quien lo descubriera”.

Así, después, busqué quién era este bendito Jackson Pollock y sus pinturas, porque mi rudimentario y superficial conocimiento del arte empezaba y moría en los maestros clásicos, y encontré lo que jamás podré entender, pero sí respetar.

Uds. no van a creerlo, pero me dieron varios millones de dólares por el trapo sucio. Así, seguí pintando lo que me gustaba y expresaba algo para mi entender, pero con un máximo cuidado de guardar los lienzos de limpieza; los que periódicamente mi agente recogía para exponerlos y venderlos.

Era muy obvio que este Miguel Ángel de marras se aprovechaba del mercado que le ofrecía una moda, y pertenecía a esa gran masa de la población que no lograba percibir el universo subjetivo que nos rodea. Del que solo unos pocos, relativamente, pueden acceder y, por lo tanto, disfrutar verdaderamente. Algo así como lo eternizó Modigliani, mucho antes del boom de lo que hoy vemos en el arte plástico: “Cuando conozca tu alma pintaré tus ojos” o “¡Pinta lo que nadie ve!”.

Para entender a Pollock les recomiendo ver…

27
Mar
11

¿Clase Sociales?… algo obsoleto.

Hola… Soy ciudadano originario de una República Bananera, también conocida, por merito propio, como “Republiqueta”. Ubicado en el patio trasero del Imperio, o mejor dicho: en el trasero del mismo. Al Este de la injusticia, al Oeste de la miseria y en el mismísimo Centro de la corrupción. Esa es mi tierra, entre los polos Norte y Sur de este lotizado y repartido mundo global. Aunque luego inmigré y viví, como dijera Martí, en la mismísimas “entrañas del monstruo”.
Hoy, de vuelta a este hermoso país del sur, que no tiene la culpa de ser tratada como la prostituta de la burguesía en el poder porque la usa, explota, vende o regala a doquier; aun así, es mi patria original, a la que defendería hasta con la vida de mi… gato… por lo de las siete vidas. Aquí vivo, cuando vengo del norte, en un lindo vecindario de clase media alta y mas alta, en donde la mayoría de mis vecinos son honestos médicos, abogados, ingenieros, empresarios y también algunos ladrones muy bien camuflados “de cuello duro y corbata”, asalariados de la política; aunque además, por allí haya un burócrata infiltrado, de mísero salario pero tan corrupto como el agua cloacal o baba de dragón de Komodo, porque sólo de esa manera pudo comprar el terreno y construir su casa en este exclusivo lugar, y así, vivir con los que, dice él, son de su misma clase o condición. Mmm… quizás tenga mucha razón aunque no se dé cuenta del por qué.
“¿Y… un profesor puede vivir allí?” me pregunta alguien disfrazado de periodista, con un tonito de voz y cara de simular inocencia porque sospecha mi devoción.
“¡No jodas pe, estoy hablando en serio!” Le contesto, ya que adivino sus intenciones de hacer justamente eso, joder.
Pero, justamente en este barrio de la abundancia, lo paradójico de todo esto es que ninguno de mis vecinos reconoce que existan clases sociales. Y mucho menos que existan ricos y pobres, sino hombres muy inteligentes y trabajadores, como ellos, y los brutos y ociosos de siempre, como los de los barrios marginales. Con los que no confraternizan, sino en la exclusiva relación: Empleado-Patrón.
Como serán de inteligentes y optimistas mis vecinos que creen que todos tenemos Calefacción, Aire acondicionado, Cable TV, Teléfono e Internet en casa propia y que vivimos en el paraíso porque la crisis es un cuento; y el que no lo tiene, es porque no quiere, y lo justifican diciendo que están en su derecho: “Para eso vivimos en libertad y democracia, la que renovamos cada cinco años”, comentan.
¿Y los servicios del agua, gas y luz eléctrica?
“¡Por dios, eso lo tenemos todos desde el siglo pasado!” creen los benditos.
Pero no todo es desacierto en mis vecinos, de todas maneras tienen algún tino, ¿y si no, cómo hicieron su dinero? Por ejemplo, todos construyeron sus casas en la ciudad y en la playa, con garajes grandes en ambas para parquear los autos del señor, la señora y el “niño o la niña”. Sí, el “niño o la niña”, entre comillas, porque ya fuman, beben, tiene carros, licencia de conducir; y si el “niño” no ha embarazado a aun a la empleada, la “niña” ya podó el tronquito del hijo del jardinero.
No cómo los vecinos de mi antiguo barrio, de clase media a secas, que la crisis de los 80s los mandó a la mierda y a mí a gringolandia, quienes se matan trabajando y sí creen en las clases sociales, pero con la particularidad de creer que no pertenecer a ninguna. Aunque confían que pronto llegará el día de su suerte, en que las cosas cambien, y se contagien de amnesia y pasen a vivir a este barrio de mis vecinos, los que no creen que las clases existan. Claro que no quieren esperar mucho, por lo pronto la mayoría de sus casas tienen garaje, aunque sin ningún carro para estacionar. ¿Y el “niño” de la casa? Ah, él estudia en escuela privada para no mezclarse con la chusma del colegio estatal; pero “elhijodepu#@” no tiene reparo en besar a la hermosa hija de la empleada del hogar a escondidas, a la vez que le niega el saludo cuando la ve pasar y él está con sus amigos.
“Estudia hijo y hazte profesional. ¿Ya ves lo que hizo el hijo del vecino? Ese que estudio internado en un colegio de curas, se hizo ingeniero, se fue a los Estados unidos y ahora que ha regresado vive allá, en el barrio de los ricos”. Le escuché decir a mi antiguo ex vecino a su “niño”, otro vago de 22 años, rey del taco, la tiza y la minga, cuando lo fui a visitar.
“Mi mamá dice que ese, tu amigo, no cree en Dios y es comunista!!!” le respondió llorando el malcriado mientras recibía la propina, y se iba tirando la puerta al salir a la calle, a jugar… ¿billar?.
No puedo negar que mis vecinos son muy educados y corteses, por lo general me invitan a sus fiestas, a las que no suelo ir sino en muy raras ocasiones, por sentirme como bicho raro entre ellos, aunque me malinterpretan y me crean gringo y soberbio, no obstante, ellos sí lo son… para los del otro barrio.
Vivir tanto tiempo fuera de la patria tiene sus inconvenientes porque lo convierte a uno en un desarraigado y casi sin amigos. ¿Qué puedo hacer?
Sí, a decir verdad creo que yo soy el problema. Porque desde hace mucho tiempo, desde que tuve uso de razón, admiro a Fidel y al Che Guevara. Y hoy a Correa, Chávez, Morales y Lula.
“¡Ajá!… ¡Entonces eres un maldito comunista!” me dice el mismo sonso de hace un rato, como lanzándome una piedra a la cara.
Mmm… No lo creo, pienso, porque honestamente me conozco mejor que nadie y sé que nunca he sido tan bueno. Pero sí creo que las Clases sociales existen y en su pleito inacabable como motor de la historia.
“¡Entonces eres Marxista!” insistirán otros más educados, frunciendo las cejas.
“Es decir, un terrorista!!!” añade un lumpen de la ultra derecha.
Claro, ¿También soy Newtoniano porque creo en la Ley de la Gravedad? O ¿Darwiniano por creer en la Evolución de las Especies? O ¿Einsteniano por la Teoría de la Relatividad?… ¿y así hasta el infinito, por algo tan natural?
“¡Pero no crees en Dios!” insisten los cucufatos y “quemavelas”, no sé si por joder o a manera de decirme el peor de los insultos.
“¡Creo en Dios tanto como lo cree el Papa!” les contesto de todo corazón y sin dudar ni pestañar.
Y se calman, yéndose tranquilos de que mi pensamiento tenga temor y dueño, justo cuando empiezo a reírme a carcajadas con la purísima verdad que les dije.
Pero no me malinterpreten, a veces yo mismo me pregunto: “¿Existirán las Clases sociales?” y me quedo pensativo, sentado en mi silla reclinable y bajo la sombrilla, al lado de la piscina de mi nada humilde casa de playa bebiéndome un peruanísimo Pisco sour que el barman me trajo, admirando el hermoso atardecer en la playa de Asia, al sur de Lima, y con mi laptop en mis rodillas, terminando de escribir este fastidioso tema: “¿Existirán las Clase Sociales?”.
“Hey, Julio… -Llamo al barman estirando la mano con la copa vacía-… Tráeme otro… y tú tómate uno también”.
Es muy probable que Julio lo haga, pero él no osará sentarse a mi lado ni brindarme su amistad.
“Gracias señor!”. Me responde respetuosamente julio al alcanzarme la copa. Él vive muy cerca a este vecindario, cruzando la carretera asfaltada de la Panamericana y la invisible valla de la infranqueable frontera económica de nuestra división social, en un barrio que no reúne las mínimas condiciones para una vida con dignidad.
“¡Ajá… Ahora sí te atrapé: Eres un comunista de mierda!” me grita ya Uds. saben quién.
No, no lo soy. Pero recuerdo que hace treinta años, cuando recién llegué a gringolandia, al terminar de excavar una pequeña zanja a mano, pico y pala, porque el tractor no alcazaba entrar a esa esquina cuando construíamos unos condominios en California, mi patrón se acercó y me dijo: “Tenemos una barbacoa mañana en casa, te espero a ti y tu familia.” Y cinco años después me gradué, saqué licencia de constructor y fuimos socios de la misma empresa. Cinco años más tarde establecí la mía. Veinte años después… quebré… Y hoy, plácidamente retirado, escribo cuentos como este en esta playa del sur de Lima.
¡¡¡Salud!!!
“¿Entonces, en qué quedamos?… ¿Existen clases sociales o no?… Puta madre, este comunista de mierda me ha confundido”.

19
Mar
11

Un Pobre Hombre

George era un tipo… Mmm, digamos… muy particular. ¿Por qué? ¿Acaso era extremadamente simpático? No, no, al contrario, él tenía otro tipo de detalle que lo definía así, eso, muy particular, por decirlo de una manera, para la mayoría de gente. Pero, ¿cuál era esa particularidad?
Él era el típico tipo adinerado que creía que no existía nadie en el mundo a quien su dignidad no podía comprar o pisotear. Decía además, en medio de sus amigotes, mientras bebía cerveza chorreando por las comisuras de sus labios, que el honor y la honestidad de cualquiera tenía un precio, sea este un hombre o una mujer. Comía con las manos y se relamía los dedos, no por el placer de comer, sino para demostrar con una descarada arrogancia que podía hacer lo que le venía en gana en cualquier lugar. Sí, como una muestra del poder que tenía. Despreciaba a los mendigos de las calles y presos en las cárceles, a quienes, según él, deberían ser eliminados de la sociedad. Y a los pobres los soportaba a regañadientes, como un mal necesario, ya que en sus dogmas de fe, patrio-religiosa, sostenían que fueron creados por dios para que lo sirvan a él y a sus iguales. Ah, y por supuesto, era un fervoroso devoto religioso, quien sólo en la misa dominical, a la que asistía con toda la familia, mostraba santa pasividad y generosidad en su limosna… Esa era su particularidad.
Por supuesto que nadie nace así, sino que se hace bajo la vigilante e impositiva tutela del padre, aplaudida por el entorno amical y, lamentablemente, secundada por una sumisa madre; quien aplastada por la bestia que la violó, preñó y llevó al altar; sin alternativas, aceptó el ultraje, para beneplácito de la intachable alcurnia social del padre; este era el mejor ejemplo para el “niño” George del papel que debía tener toda mujer en el matrimonio y la sociedad.
Su padre estaba orgullosísimo de tener un hijo como George, porque creía que él no sólo conduciría sus empresas, sino que además los destinos de la nación. Para eso lo educó en los más sublimes, pero fanáticos y trastornados, dogmas de Patria, Familia y libertad, y en la absoluta convicción de que la fuerza de la severa ley era igual para todos, pero como toda regla tiene su exclusión, menos para él y sus amigos.
Su madre estaba preocupada por el futuro de George, pero poco podía hacer. En cambio su padre sí, “El ejército le hará bien”, creía con toda convicción; y antes de llegar a la universidad fue obligado a estudiar en una escuela militar ¿Para formar su carácter? No. Sino para terminar de moldear su conducta cívico-militar, además de sus grotescas maneras. Y a pesar de que no lo lograron, lo premiaron con todos los honores como el más destacado que alguna vez tuvieron en dicha escuela.
Una vez en la universidad, George amplió su círculo de amistades limitada a sólo los “niños” de su clase social. Un sector de ellos lo convirtió en el líder indiscutible para la defensa de los principios ortodoxos de la moral y la familia. Aunque otros, ricos también, se alejaron de él porque lo veían como un matón fascista no acorde con los tiempos de renovación liberal. No obstante, estos no tenían reparos para aliarse con él y su grupo de matones cuando había que enfrentar a la gran mayoría de estudiantes progresistas, humildes o provenientes de familias ricas, que según el “niño George” eran simplemente: Agentes o mercenarios Comunistas infiltrados en la universidad. ¿Participaba en debates políticos de estudiantes? A veces. Los que siempre terminaban cuando su banda de matones, “Orden, disciplina y Estudios”, irrumpía a golpes para rescatarlo del apaleamiento de ideas que siempre sufría. Nunca pudo tener la satisfacción de “ganar” en las polémicas universitarias, pero sí de apalear a sus opositores. De misma manera, nunca entendió porqué sus mentores: Franco, Pinochet y el Opus Dei, eran tan repudiados por la mayoría; entonces, se satisfacía culpando a la incomprensión de los otros, su propia limitación mental. Sí, George era el típico Fascista adinerado.
Estudió leyes y descubrió que no había que cambiar la Constitución ni las normas vigentes de su país para construir el tan deseado Estado disciplinado que su padre le enseñó. Bastaba con hacerla cumplir, a sangre y fuego, para que la tan mentada paz social con desarrollo llegara.
¿Y… George era feo? No, él era el prototipo del apuesto varón. Cualquier mujer, por más rigurosa que fuera su ideal de hombre, se enamoraría de él… con la condición de que no hablara ni lo conociera en la intimidad… Si no… era un desastre.
Hasta que llegó una candidata que no tuvo reparos en acostarse con él sin cobrarle, aparentemente, y la boda-pacto-familiar de la más rancia alcurnia de la sociedad se realizó; boda bendita por su mejor amigo y consejero: el Arzobispo de la ciudad.
Ya suelto en la sociedad, como toro en ruedo, envistió a todos. “¿Derechos de la mujer?”, se preguntaba con voz de payaso en reuniones intimas. “Mi Pinga!!!” respondía con soberbia para el deleite de sus amigotes.
“¿Y los Derechos Humanos?” le preguntó una vez la prensa, cuando intervino por primera vez en política.
“Son puras cojudeces!!!” respondió aullando y haciendo gestos del hombre lobo.
“¿Y qué opina del aborto?” le preguntó una reportera.
“Es un crimen. Madre que mata un hijo, debe morir!!!” le respondió mirándola amenazadoramente.
“¿Así fuese producto de una violación?” le repreguntó sin intimidarse.
“Para eso está el matrimonio… hija!!!” dijo mordiendo la última palabra.
A lo que un reportero le preguntó: “Y qué opina de la Pena de Muerte”.
Y George, muy serio, respondió como diciendo un axioma “Es la solución para librarnos de tantos indeseables en esta nación, además es muy económico… Muerto el perro muerta la rabia ¿No?”
Al día siguiente, después de que su partido: “Dios, Patria y Libertad” le prohibiera dar conferencias de prensa, George se preguntó mentalmente: “¿Liberta de prensa?”. Y se respondió despectivamente: “Mi culo!!!”
Su esposa le dio dos hijos. Según él, el varoncito, Georgito júnior, fue una bendición, y la mujercita, María, una desgracia. Hasta allí aguantó su mujer el desprecio, los engaños y las palizas. El divorcio fue un escándalo judicial, en donde su ahora ex-esposa sólo pudo lograr obtener una magra compensación por los gasto de los alimentos de su pequeña hija, María, con quien se fue de casa. Sin embargo, la pequeña María tuvo que regresar cada mes por el óbolo hasta que un día…
“Papá, Hoy cumplo 21 años”, le dijo su hija María, alegre y respetuosa como siempre, cuando fue a recoger su ultimo cheque de la pensión por alimentos.
“Hija, quiero que le entregues este cheque a tu madre y le digas… -Y parándose le grito en la cara-… Que este es el último maldito puto cheque que va recibir de mí en lo que resta de su maldita vida!… –y luego, calmado como si no hubiese sucedido nada, se acicaló los bigotes y añadió- …Ah, pero quiero que regreses mañana y me cuentes la cara que pone… Te daré una propina”.
María, aunque ofendida por las palabras de su padre no dijo nada y fue a entregar el cheque a su madre, con el consuelo de que sólo lo vería una vez más.
George se regocijaba imaginando el efecto de sus palabras en su mujer y esperó ansioso la respuesta.
Al día siguiente, cuando María regresó donde George entró sonriente, feliz.
“¿Y qué te dijo tu madre?” le preguntó George directamente, sin saludar, casi como un insulto.
Y María con inmensa alegría le contestó:
“¡Me dijo que justamente estaba esperando este día para decirte que no eres mi papá… bye, bye!”.
Y María se fue cantando.
A George le dolió en el alma la burla de madre e hija; entonces recordó que hacía aproximadamente 22 años sucedió algo…
George siempre molestaba a su mujer con bromas machistas sin ningún reparo de quien las pueda oír. Un día fue al aeropuerto a despedir a su esposa que viajaba a París. Una vez pasado el chequeo del pasaporte y boleto de vuelo de María, frente a todo el mundo y desde lejos, George le deseó buen viaje y en tono burlón le gritó: “Amor, no te olvides de traerme una hermosa francesita Ja, ja, ja”. Ella bajó la cabeza por la humillación pública y se embarcó muy molesta. Su mujer pasó quince días en Francia, y al regreso, George otra vez fue al aeropuerto, ahora a recibirla. Al verla llegar, lo primero que le gritó a toda voz fue: “Y amor ¿me trajiste mi francesita?”
“Hice todo lo posible, mi amor… -le contestó ella mostrando alegría y agitando la mano, luego entre dientes murmuró-… ahora sólo tenemos que rezar para que nazca niña”… Y así nació María.
George, como abogado, tuvo que ver el último problema de violación-asesinato en que su padre se vio comprometido. Así, tuvo que oír la declaración de una pobre mujer campesina, que trabajaba en su hacienda, explicando lo que sucedió:
“¿Julia, por qué mataste al Papá George?”, le preguntó el juez.
“Is como qui lo maté y no lo maté, tábanos jugando, pues” dijo Julia en llantos.
“A ver Julia, tienes que explícame eso”, le exigió el juez e hizo una señal al secretario para que tome nota de la declaración.
“Is qui istaba lavando los calzonis di mi maredo y is qui llega il viejo yurch, agarra la cubeta dil agua y mi la avienta y mi dece: ‘Cómo qui ti llovizna, chola cojuda’. Intoncis qui yo mi enojo y agarro ditirjente y se lo aviento en la cara y li dego: ‘como qui ti neva, grengo!’. Intoncis, il agarra un puñu di piedras y mi dice: ‘como qui ti graniza, sirrana de mierda!’. Y intoncis yo qui mi inojo más, agarru piedras y li dego: ‘como qui ti graniza tambén!’. Pero dispues il mi agarrú mi calzún y mi la bajú y qui me dece: ‘como qui ti la meto!’. Y me atacú, intoncis yo ben molista agarru cochello i li dego: ¡¡¡ZASSSSSS!!!… COMO QUI TI LA METO TAMBEN MALDETO CABRÚN!!!!”
Y todo lo que pudo logar George hijo, como abogado, fue que le den cadena perpetua a la pobre campesina, enterrar a su padre y apoderarse de toda la herencia sin considerar a su hermana.
George después del divorcio volvió a casarse, es un decir, esta vez con una mujer muy joven y bella, casi adolescente, y muy pobre, y trajo a vivir con ellos a la madre y hermana de su esposa. Luego de unos años de máxima felicidad para George, un día, después del almuerzo, se sintió muy mal…
George, en su lecho de muerte, llamó a su mujer y con voz ronca y ya débil, le dijo:
“Muy bien, llegó mi hora, pero antes quiero hacerte una confesión”.
“No, no, tranquilo, tú no debes hacer ningún esfuerzo” Le dijo su joven esposa.
“Pero mujer, es preciso… -insistió George-… Es preciso que muera en paz. Te quiero confesar algo.”
“Está bien, está bien. ¡Habla!”
“Te confieso que he tenido relaciones con tu hermana, tu mamá y tu mejor amiga.” Dijo George, pronto a morir.
“Lo sé, lo sé… ¡¡¡Por eso te envenené, MALDITO!!!.”
Y así acabó George. Pobre hombre, aparte de su madre nadie lo amó. Gran mujer.
A su sequito fueron los más connotados hombres de la sociedad, en política y economía. Allí estuvo toda la radio, prensa y televisión, de ellos, por supuesto. George fue enterrado con todo los honores cívicos, como defensor de las libertades y derechos humanos, principalmente, los de la mujer… A decir de su mejor amigo en la homilía final: el Arzobispo de la ciudad.
Después crecieron mujeres más libres que criaron mejores hijos, y así mejores hombres.

06
Nov
10

ME FUI A LAS VEGAS, SOLO,… Parte 2 de 3

Michaelangelo Barnez

Como les contaba, estaba completamente anonadado con lo que me decía William, a la vez que sentía una inusitada alegría ya que compartíamos la misma opinión. Sí, completamente anonadado, primero, por el contraste entre su apariencia y su destreza intelectual, lo cual me dejaba en un profundo estado de shock ya que por más que creía haber superado el prejuicio de juzgar a las personas por su apariencia comprobaba que aun esa discriminatoria lacra social yacía, latente, en el fondo de mi ser. Y segundo, lo consideraba más importante, William demostraba con sus palabras ser la figura antitesis del escritor esnobista.

Según íbamos conversando yo había ido cambiando mi concepto acerca del hombre con quien estaba bebiendo. Ahora estaba completamente seguro de que él era realmente el mismísimo William Faulkner, o en el peor de los casos la reencarnación de éste.

Aun así, lo que mi interlocutor fuera en la realidad ya no me importaba, porque lo que afirmaba en nuestro dialogo tenía mucho mas valor que lo que yo podía elucubrar entre el ser o no ser. Lo que él contaba o aseveraba calzaba exactamente, como un ladrillo, en algún lugar de los cimientos que tenía en el fondo mi espíritu, y que estuvieron abandonados por casi 50 años. Y así, poco a poco, empecé a sentirme más fuerte, más confiado de mí mismo.

Así que para escribir sólo necesitas un poco de papel, tabaco, comida y whisky…-repetí, y maliciosamente agregué-… Bourbon?”

“No, no soy tan melindroso. Entre escocés y nada, me quedo con escocés…-me contestó, y de improviso me preguntó-… y tu Michael, a que te dedicas?”

La pregunta me sorprendió, y en el fugaz tiempo en que bebí mi vaso de cerveza hilvané una respuesta. E increíblemente, en una evaluación del lapso de un segundo, mi vida parecía totalmente vacía en comparación a la de mi interlocutor.

“Me dediqué toda una vida a la Ingeniería Civil. He construido casas, puentes y carreteras por todo California, pero eso es el pasado… Hoy quiero ser escritor… Quiero escribir mi primera novela… Quiero reencontrarme con una aspiración que tuve de adolescente…  En ese tiempo escribí muchas cartas de amor a quien hoy es mi esposa, cartas llenas de poemas y cuentos románticos. Recuerdo también que fueron años en los que mas leí, y que hubo una novela que me gustó mucho entre muchas, su titulo es ‘La ciudad y los Perros’, de Mario Vargas Llosa, y me dije a mi mismo que algún día escribiré algo así… La leíste tú?”

“Claro… Y también ‘Los Jefes’, ‘La Casa Verde’ y ‘Conversación en la Catedral’… Lastima que el autor muriera tan joven” Afirmó William con convicción.

Yo estaba con los codos apoyados sobre la mesa y al escuchar las últimas palabras retrocedí y apoyé mi espalda en el espaldar de la silla, y dije asombrado por la incredulidad del hecho “¿Vargas Llosa murió joven? No, William, estas equivocado” le refuté.

“Michael, Mario murió hace mucho… Se suicidó… Hoy existe uno por allí, que dice llamarse como el original, y gana mucho dinero… Sí… Ese mismo que noqueó de un puñete en el rostro a García Márquez… Dicen que por un lío de mujeres, o porqué le increpó que se había vendido a la CIA… Michael tu has leído sus novelas, no es cierto?”

“Sí, las mismas que nombraste y algunas otras”

“¿Has leído ‘La Historia de Mayta?”

“Sí”

“¿Que te pareció?”

“Bueno… –dudé y demoré en dar una honesta respuesta, pero si uno teme dar una opinión acerca de lo que cree… está perdido. Entonces dije-… William, francamente… creo que es un bodrio”.

“Bodrio es poco mi amigo… Mario nunca había escrito algo con tanta rabia personal, ni con tanto ensañamiento contra la imagen que él mismo creó de sí. Creo que sus demonios pugnaban por salir, clamaban por ser exorcizados, y salieron en forma de esa novela, por eso afirmo que ‘La Historia de Mayta’ fue su vomito literario… -dijo de manera despiadada, y para terminar vaticinó a manera de maldición-… Jamás le darán el Premio Nóbel en literatura!”.

“Y la Fiesta del Chivo?” antepuse como un recurso para contradecir sus palabras.

“Si la publicaba en los 60’s hubiera sido su obra cumbre… Pero no lo hizo… Esperó demasiado… ¿Recuerdas lo que dije acerca de “El artista y su época”?… Bien, hoy es totalmente inofensiva”.

Yo no estaba para defender a nadie, por muy renombrado que fuera, en los problemas de su vida personal. En su momento, cuando la leí, la novela no me gustó y punto, aunque ahora, luego de escuchar a mi amigo hablar acerca de los oscuros detalles del autor, mi criterio literario acerca de la novela se aclaraba.

Y para orientar la conversación en otro sentido le dije, “Ganar dinero no te convierte en una persona mala… Además mencionaste la libertad económica. ¿La necesita un escritor?”. Mi interlocutor entendió mi intención de dejar atrás lo superfluo, entonces sonrió, y luego de vaciar el vaso de cerveza en sus entrañas me dijo.

“No. El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella.”

“Fucking machista…” Me dije para mis adentros por el desacertado ejemplo que había dado William, aunque rápidamente comprendí que tenía que ubicarlo en su época, además de desmitificarlo. Si algo podía aprender de esta inusitada entrevista era comprender al William Faulkner como escritor y persona, como un solo ente, con sus vicios y virtudes, y no como un falso icono de la perfección.

“¿Una jarra más, guapos?” Nos preguntó un par de desnudos globos mamarios llenos de silicona. Cuando levanté el rostro y pude retroceder un poco para mirar a quien realmente hizo la pregunta, lo único que pude percibir en un primer instante fue una despampanante silueta, a contraluz con el escenario, con una brillante sonrisa en la oscuridad como contraste de la penumbra, y dos puntos azules que asumí como sus ojos. ¿Fue una visión erótica? Para nada. Al contrario, me pareció como si estuviera viendo una cabeza de calabaza en la temporada de Halloween.

“Sí… Una más por favor” Se apresuró en contestar mi amigo. ¿Amigos? Sí, después de cinco jarras de cerveza e incontables ácidos comentarios acerca de muchos escritores y sus novelas ya éramos amigos del alma.

“Aquí tienes tu cerveza… Chief” Me dijo la de los globos de silicona y William lanzó una carcajada. Inmediatamente, entre toses y risas, me dijo “Michael, te cree apache… jajaja”

“Fuck you, asshole” le maldije entre risas también.

“Ups…” Dijo la cabeza de calabaza tratando de disculparse.

“Me tiene sin cuidado” le dije sonriendo, a la vez que hacía un gesto de desdén.

“Mi nombre es Julienne, precioso… y dentro de media hora me voy a casa… pero antes me gustaría bailar para Uds… ¿Qué dices?”.

La pregunta fue directa hacia mi persona. William estaba por responder con una perspicaz salida negativa, pero yo me adelanté.

“Claro Julienne… Me encantaría verte bailar antes de que te vayas a casa” Le dije cortésmente, y la rubia se fue feliz meneando la cola, prometiendo volver.

“No pudiste negarte chief… ¿No?”.

Su comentario-pregunta me incomodó, era la segunda vez que mi extrema susceptibilidad étnica me denunciaba un atropello. Si me parecía a un apache o no me tenía sin cuidado, lo que me molestaba era que se me prejuzgara un determinado comportamiento debido a mi apariencia física. Y como no tengo pelos en la lengua le dije “Oye sureño “cuellorojo” mal nacido no te has dado cuenta que los tiempos han cambiado y que la discriminación principal está entre los que tienen mucho y los que no tienen nada… Yo tengo, yo puedo ser amable, invitarte a comer y beber, y pagar por el baile exótico de la güera (gringa)… en cambio tú… ” e iba a continuar agrediendo verbalmente al gringo William, y posiblemente hubiera arruinado la noche, pero Julienne, acompañada de una despampanante mulata, se hizo presente para el baile acordado.

La magia de ambas mujeres estuvo en su aparente muestra de sumisión, además de la capacidad de contornearse al ritmo de la melodía. Magia que logró borrar cualquier mal humor que hubiéramos podido tener, principalmente en William quien, luego que las chicas se fueron, siguió hablando conmigo como si no hubiera ocurrido nada.

“¿Trabajar para el cine es perjudicial para su propia obra de escritor?” Le pregunté. Y de manera categórica me respondió.

“Nada puede perjudicar la obra de un hombre si éste es un escritor de primera, nada podrá ayudarlo mucho. El problema no existe si el escritor no es de primera, porque ya habrá vendido su alma por una piscina”.

“Dices que el escritor debe transigir cuando trabaja para el cine. ¿Y en cuanto a su propia obra? ¿Tiene alguna obligación con el lector?”.

“Su obligación es hacer su obra lo mejor que pueda hacerla; cualquier obligación que le quede después de eso, puede gastarla como le venga la gana. Yo, por mi parte, estoy demasiado ocupado para preocuparme por el público. No tengo tiempo para pensar en quién me lee. No me interesa la opinión de Juan Lector sobre mi obra ni sobre la de cualquier otro escritor. La norma que tengo que cumplir es la mía, y esa es la que me hace sentir como me siento cuando leo La tentación de Saint Antoine o el Antiguo Testamento. Me hace sentir bien, del mismo modo que observar un pájaro me hace sentir bien. Si reencarnara, sabe usted, me gustaría volver a vivir como un zopilote. Nadie lo odia, ni lo envidia, ni lo quiere, ni lo necesita. Nadie se mete con él, nunca está en peligro y puede comer cualquier cosa.”

“¿Qué técnica utiliza para cumplir su norma?”

“Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error. El buen artista cree que nadie sabe lo bastante para darle consejos, tiene una vanidad suprema. No importa cuánto admire al escritor viejo, quiere superarlo.”

“Entonces, ¿Niegas la validez de la técnica?”

“De ninguna manera. Algunas veces la técnica arremete y se apodera del sueño antes de que el propio escritor pueda aprehenderlo. Eso es tour de force y la obra terminada es simplemente cuestión de juntar bien los ladrillos, puesto que el escritor probablemente conoce cada una de las palabras que va a usar hasta el fin de la obra antes de escribir la primera. Eso sucedió con Mientras agonizo. No fue fácil. Ningún trabajo honrado lo es. Fue sencillo en cuanto que todo el material estaba ya a la mano. La composición de la obra me llevó sólo unas seis semanas en el tiempo libre que me dejaba un empleo de doce horas al día haciendo trabajo manual. Sencillamente me imaginé un grupo de personas y las sometí a las catástrofes naturales universales, que son la inundación y el fuego, con una motivación natural simple que le diera dirección a su desarrollo. Pero cuando la técnica no interviene, escribir es también más fácil en otro sentido. Porque en mi caso siempre hay un punto en el libro en el que los propios personajes se levantan y toman el mando y completan el trabajo. Eso sucede, digamos, alrededor de la página 275. Claro está que yo no sé lo que sucedería si terminara el libro en la página 274. La cualidad que un artista debe poseer es la objetividad al juzgar su obra, más la honradez y el valor de no engañarse al respecto. Puesto que ninguna de mis obras ha satisfecho mis propias normas, debo juzgarlas sobre la base de aquélla que me causó la mayor aflicción y angustia del mismo modo que la madre ama al hijo que se convirtió en ladrón o asesino más que al que se convirtió en sacerdote”.

“¿Qué obra es ésa?”

“El Sonido y la Furia. La escribí cinco veces distintas, tratando de contar la historia para librarme del sueño que seguiría angustiándome mientras no la contara. Es una tragedia de dos mujeres perdidas: Caddy y su hija. Dilsey es uno de mis personajes favoritos porque es valiente, generosa, dulce y honrada. Es mucho más valiente, honrada y generosa que yo”.

Estábamos con la sexta jarra de cerveza en la mesa y el reloj marcaba ya las 3.00 de la madrugada. Había sido una larga y amena conversación con William, pero, sin estar mareado, ya no deseaba beber más. Fue cuando Julienne y su amiga, la mulata, se acercaron a nuestra mesa, esta vez vestidas en jeans y camisas de franela.

“¿Podemos hacerles compañía?…-Y debido a los breves segundos de nuestro silencio, agregó inmediatamente-… Ya estamos fuera del trabajo” Mientras los ojos de la morena relampagueaban fuego mirando a William.

William, ni corto ni perezoso, empujó su silla hacia atrás, y la morena sin dilación se sentó en una de sus rodillas… Yo…

Hasta aquí llegamos hoy con esta amañada historia basada en una entrevista real al gran escritor americano William Faulkner…

19
Oct
10

“Estoy hasta el culo”

Escritor

En el Campus de la UNAM

MICHAELANGELO BARNEZ

Vaya manera de empezar este entuerto literario, dizque narrativo, nada menos y a su altura, con un improperio. Cuando decimos, si es que alguno lo ha dicho, o escuchado: “estoy hasta el culo”, significa muchas cosas que se resumiría en una sola: “Estar Jodido”. ¿Más explicaciones? Váyanse a la… biblioteca, o mejor sigan leyendo.

Cuando dije lo que dije, quise decir exactamente eso. Porque confieso que no tengo espíritu de político del tercer, o cualquier mundo. Que dice y se desdice en cada palabra que se le escapa por la boca o por su no menos pestilente opuesto. Que jura no haber dicho lo que dijo, o peor aún, que lo que dijo no fue lo que escucharon o publicaron… y así hasta el infinito.

Muchas veces en mi vida he dicho, o simplemente pensado, haber estado hasta el culo, cuando me encontraba fastidiado de algo o ante un problema sin aparente solución, en el que me ahogaba, que luego resolvía satisfactoriamente, de una manera real o como consuelo.

No es mi intención detallar esos cruciales momentos de mi vida, pero por lo menos quiero mencionar el primero que recuerdo de cuando era muy niño, de siete años aproximadamente, cuando estuve parado por espacio de media hora frente a la puerta de mi casa, totalmente inmóvil, la que no me atrevía a llamar por temor al castigo, ya que había salido sin permiso. Problema que luego se solucionó cuando, oh sorpresa, mis padres llegaron y pensaron que se me había cerrado la puerta por casualidad, y me colmaron de besos. Suerte ¿no?

Pero ahora es diferente, a mis 63 años de edad, estoy realmente hasta el culo, totalmente inmóvil, ante una puerta que no deseo llamar y menos entrar: La Sala de Operaciones. ¿Vendrán mis padres, como en la primera vez? No. Definitivamente, no, porque ellos ya se fueron para no volver.

Hasta hace pocos meses pensé, o creí, que yo era indestructible. Rocanroleaba como un adolecente, corría tres kilómetros diarios, “subía al árbol” tres veces a la semana para satisfacción de mi mujer, además de tener la buena costumbre de ser “ratón de un solo hueco”; comía de todo y bien, remojaba mi espíritu con un buen vino; y hacía muchos años, unos 30, que había dejado de fumar. Quiero confesar que por el ejemplo recibido de mi mujer practicaba el chequeo médico preventivo e iba al doctor cada cumpleaños a que me hagan una revisión general, aún sintiéndome como Supermán. Hasta que un día me sentí mal y fui a ver al matasanos de la familia.

En realidad, fue él y su pandilla los que me vieron. Revisaron mi impecable historia de salud y aún así, ordenaron una serie de análisis, radiografías y tomografías que, de no haber sido por el interés de mi salud, las calificaría como violatorias.

¡Dios mío! La pandilla me agarró peor que a una estrella porno insaciable. Y mi orgullo machista, es decir mi culito, fue mancillado, y además tuve que pagar y decir gracias.

Así, me dijeron: ponte para arriba, para abajo, voltéate, agáchate, agárrate los cachetes y ábretelos, ciérralo, tose, no respires, respira, no te muevas.

Pero, bueno fuera que solo hubieran sido palabras. No, además me hicieron beber sustancia que en mi sano juicio jamás hubiera aceptado. Y peor aún, si hablamos de los aparatos que me introdujeron, por delante y atrás, por decirlo decentemente.

Yo adivino que Uds. han visto las llamadas películas XXX. Bueno, lo que yo vi, o me hicieron ver, fue más allá de eso, más allá del la barrera de lo explicito. Fue XXXXXX…. ¿Por qué? Veamos.

Porque mi pipí tampoco se salvó por más que se mantuvo calladito y escondido en su capullo, y lo despertaron. Le dieron un par de cachetadas, lo agarraron sin asco del cuello, como a un malhechor, y me hicieron una cistoscopia. Así, vi las paredes de mi vejiga, ya se imaginan por donde metieron la cámara de TV, ¿no?, y encontraron que estaba limpias de tumores o escoriaciones, aunque un poco irritada en una zona vesical. En conclusión, estaba en perfecto estado, con una próstata buena y no había señales de cáncer.

La “Estrella Mustia” no se salvó por más que apretó. Por allí metieron otra cámara TV que trataban de esconder a mi vista, pero que por un descuido de la enfermera logré ver y constatar que era más grande que la del burro. Me drogaron para que no sintiera nada, carajo, la que me perdí, aunque pude ver todo el show XXXXXX. Mi Colon, así, sin acento, estaba limpio, hermoso, libre de tumores o llagas, es decir no había señales de cáncer.

“¿Entonces, doctorcito, papito lindo?” le dije esperando lo peor.

“Su colon está en perfecto estado… Pero tiene divertículos”. Me dijo el Doc.

“¿Qué, mi culo es divertido, cómo se atreve doctor?”

“No, ja, ja, ja… Es decir, que existen ciertas bolsas, llamadas divertículos, que pueden traer complicaciones. Y parece que una de ellas se ha pegado a la vejiga creando una fistula”.

“Ya, ya, ya… ¿Y cuál es el tratamiento, doctor?”

“No hay tratamiento, solo queda la cirugía”. Me contestó el doc. frotándose las manos y con una malsana risita en los labios.

“Holy shit, ahora sí estoy literalmente hasta el culo” pensé.

Por eso, ahora estoy como cuando era muy niño, cuando estuve parado por espacio de media hora frente a la puerta de mi casa, totalmente inmóvil frente a la sala de operaciones, a la que no me atrevo a entrar por temor a no despertar.

¿Vendrá mis padres esta vez?

Y todo esto, por la salud y la alegría de vivir unos años más… Veremos qué pasa.

Hasta pronto amigos.




“TE VERÉ EN SUEÑOS”

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