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09
Oct
15

Crónica de una Mujer Maltratada

Nota del autor: La siguiente es una crónica ficticia basada en eventos reales que ocurren en Lima, Perú, en el que se usan términos figurativos y del argot político propios del lugar.

Día: Lunes.Mujer Maltratada

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 6 AM

La mayoría de la población de capital despierta y se entera, por la cadena de TV, de un vídeo en donde se observa que un hombre golpea salvajemente a una mujer. El vídeo es muy revelador y explicito en su contenido, sin embargo los canales de TV lo transmiten sin editarlo, ni aplicar el Blur en las imágenes o partes inapropiadas de ellas.

En el video se ve que el hombre arrastra a una mujer, totalmente desnuda, tirándola de los cabellos por un largo pasillo y las escaleras de un Motel, dejando una estela de sangre sobre el piso. Una vez afuera, el hombre le da de puntapiés por todo el cuerpo de la indefensa mujer, quien solo atina a interponer instintivamente sus manos y brazos para protegerse de la andanada de golpes que van dirigidos su cabeza y vientre. Pero hombre enfurece aun mas, entonces se lanza y sentado sobre ella empieza a darle de puñetes en la cara o donde le caiga. Por los alrededores se ve a un tipo, manos en el bolsillo e impávido, observando el salvaje ataque.

Todos los conductores de los noticiarios de radio y TV, horrorizados por las imágenes, comentan condenando el abuso y piden el mayor escarmiento contra el agresor.

Día: Lunes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 10 AM

A esa hora todos, o como bien dicen, todo el mundo, comentaba lo visto y/u oído en los noticieros acerca de la brutal paliza a la mujer. A esas horas los detalles del incidente ya eran el tema de conversación en las oficinas, fabricas, escuelas, universidades, mercados y cualquier otro lugar donde hubiera dos o más personas. Y la condena en sus comentarios era casi unánime, porque también existía un sector que por gusto, por naturaleza o por tener la mente distorsionada con tanta basura de la TV, apoyaban al agresor diciendo: “Él es el marido, por algo le pegó”, “Él es enfermito, toma drogas”, “De seguro que estaba borracho o drogado y no sabía lo que hacía”, “Que hacía la mujer en un Motel”, “Ella lo engañaba con otro, por eso…” etc.

Y como era de esperar, los llamados “twitters” empezaron a inundar las redes virtuales, primero de gente del mundo de la farándula y luego del Congreso, todos o casi todos condenando lo que se había visto. Los twitters de los congresistas iban, según los casos, desde el repudio hasta el pedido de la Pena de Muerte al abusador, a pesar que tal extremo castigo no era válido en el Perú. Pero no contentos con la ola de mensajes electrónicos, los figuretis de siempre salieron a las puertas del mencionado recinto sabiendo que afuera los esperaba una nube de reporteros que daban vueltas por el lugar como “moscas en muladar”.

Cinco mujeres, creyéndose dueñas del tema por su género, aparecieron en la puerta del Congreso y ante la arremetida de los reporteros, prefirieron invitar a uno de su simpatía y lo hicieron ingresar al Salón de los Pasos Perdidos. Allí, con las comodidades del caso, dijeron al unisonó: “Basta Ya! A la violencia contra la mujer” mostrando sus manos derechas enfundadas en guantes blancos, y una de ellas, la más alta, agregó de manera despectiva: “A esos hombres deben matarlos!”, mientras el reportero grafico sacaba fotos. Pero inmediatamente el recinto se volvió un alborotado gallinero, ya que el ejemplo de las “cinco chicas poderosas” cundió y cada congresista figureti hizo lo mismo, invitando a pasar al reportero de sus amores, y todos, desde diverso ángulos, condenaron el abuso sin importarles que “sus rabos de paja” fueran visibles debajo de sus vestidos, sacos o abrigos.

Día: Lunes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 12 M

Los noticieros volvieron a repetir una y mil veces el video con sus imágenes de violencia y desnudos explícitos, no solo impropias para el horario sino para la cordura, buscando provocar el morbo en los espectadores con el sensacionalismo de la noticia. Esta vez en cada canal de TV o radio salieron al aire las declaraciones de los congresistas quienes con severo rostro condenaban la violencia contra la mujer, añadiendo que se hará justicia con mano dura para que no se vuelva a repetir. Los conductores de los programas, actualizando las escenas graficas, explicaron como la pareja, marido y mujer, habían llegado al Motel luego de una fiesta, y el marido por celos y el alcohol había atacado a su mujer. Añadiendo que el abusador estaba detenido en una celda de una comisaria del lugar y que en breve pasaría a la carceleta judicial y de allí a ver al jue

Farandula LimeñaDía: Lunes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 10 PM

Los noticieros de la TV, luego de los programas en donde a diario se denigra la dignidad de la mujer y del ser humano, repitieron por enésima vez el video del abuso junto con  las condenas de los políticos que no habían alcanzado a pronunciarse más temprano. Solo que esta vez era el mismísimo Presidente y su esposa, la llamada “pareja presidencial”, los que daban sus declaraciones sumándose a la condena general. La primera Dama fue muy enfática en declarar que ese atropello no iba a quedar impune y felicitaba a la policía por tener al abusador en la cárcel. El presidente, además de decir que existían leyes que condenaban tal agresión, fue muy enérgico al afirmar que este era el ultimo abuso a la mujer que se cometía en lo quedaba de su gobierno.

Día: Martes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 06 AM.

El maltrato a la mujer era noticia olvidada, ahora ya relegada a los noticieros de la farándula, los que se encargaron de banalizar el tema con suposiciones o bromas de muy mal gusto que muchos espectadores celebraban.

Día: Martes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 12 M.

Los noticieros informaron, como primera noticia, que el abusador ya había salido libre en horas de la mañana, amparado por el Habeas Corpus interpuesto por su abogado y aceptado por el fiscal y el juez.

En las calles la indignación fue general. No solo los que tenían tres dedos de frente y sentido común, sino sangre en la cara sabían que allí se había cometido una “injusticia legal”, un latrocinio judicial, oleado y sacramentado por dios y el diablo en antinatural contubernio.  No, no era una violación, sino un apestoso contubernio entre el poder legal y el agresor.

El Sagrado Recinto del Congreso tembló de la ira y las “cinco chicas poderosas”, guantes blancos en mano, vociferaron contra tal injusticia, olvidándose de que años antes habían avalado las estilizaciones forzadas a cientos de mujeres campesinas y, además, hacia solo unos días, habían condenado el aborto por violación por ser una aberración moral contra la vida y las buenas costumbres. Solo que esta vez las “cinco chicas poderosas” se vieron reforzadas por su lideresa, quien olvidándose que había cerrado sus ojos chinitos ante un abuso contra su madre, mucho peor que el del video cometido por su padre, declaró que era el gobierno de la “pareja presidencial” el culpable de tal injusticia y atropello a la ciudadanía y pidió una comisión investigadora del Congreso y la interpelación del ministro de Justicia, que sus amigas se encargaron de tramitar.

En las calles y en todo recinto popular la gente comentaba agriamente la puesta en libertad del abusador.

Día: Martes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 6 P.M.

Los noticiarios de los medios ya habían olvidado el tema del abusador y su libertad, ahora hablaban, en términos condicionales, acerca de un escabroso, pero supuesto, tema de la fidelidad conyugal en la pareja presidencial. Luego gran parte de la población, especialmente de la clase media y pobre, se adormeció con los shows de la TV en donde en una aparente competencia deportiva, grupos de jóvenes, hombres y mujeres, muy saludables y atractivos, competían en juegos de aptitud físicas. Todo eso, sazonado con los obligados enredos amorosos y sexuales entre ellos, parte indispensable del guión del programa, compitiendo subrepticiamente en quien era más cínico, desleal y sinvergüenza. Claro, lo subrepticio no era una casualidad sino el kit del programa en manipular y corromper las mentes de los millones de espectadores, con un solo propósito: destruir los valores y convertir a esa audiencia en seres sumisos y manejables a los designios de los dueños de los medios.

En el Congreso, una vez aceptada el otro show mediático-político, el de la Interpelación y la formación de una Comisión Investigadora, aprobadas rápidamente, los congresistas se fugaron del trabajo.

Día: Martes.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 10 P.M.

Los noticiarios transmitieron por la TV, en imágenes y palabras, los detalles de la decena de muertos en las carreteras ocurridos durante el día, además de las violaciones de padres, padrastros y sujetos pedófilos contra menores de edad y/o mujeres. Aderezados con los escándalos entre vedetes, homosexuales y futbolistas. Finalmente, y no de manera casual, todos los canales de TV coincidieron en el horario de programación, transmitieron las suaves y tiernas palabras del Cardenal “CopiaryPegar”, quien con candorosa sonrisa llamó al perdón de los que ofenden, condenando la ira y a no confundir la justicia con la venganza, luego dibujó con la mano un garabato en el aire y el noticiero terminó con una última noticia: El Congreso ya había creado una Comisión Investigadora y aprobado la Interpelación.

Ahora millones de televidente podrían ir ya a entregarse a los brazos de Morfeo, sin preocupaciones, y descansar tranquilos. Y para los que no, todavía había más shows de calatas y sus escándalos, para entretenerlos y evitar el raciocinio acerca de lo que había ocurrido durante el día.

Día: Miércoles.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 06 A.M.

Quienes se despiertan muy temprano para alistarse e ir a trabajar, fueron los primeros en enterarse, a través de los noticieros de la TV, de un gran operativo policial ocurrido en horas de la madrugada, en donde se veían patrulleros circulando a toda velocidad con sus luces intermitentes encendidas y sirenas aullando, además de hombres del escuadrón especial de la policía fuertemente armados rompiendo puertas, realizado en diversos lugares de la gran Lima y alrededores, que culminó con la captura del abusador liberado, aunque quedando una pregunta en el aire: ¿Quién había ordenado tal captura? Todo esto captado en imágenes de video que fueron repetidos hasta el cansancio.

Día: Miércoles.

Lugar: Palacio de Gobierno. Lima, Perú.

Hora: 08 A.M.

El Presidente, esta vez sin la compañía de su esposa y ante un grupo de periodistas convocados en el Palacio de Gobierno, anunció de modo enérgico que él, de manera personal, había ordenado la captura del abusador liberado. Añadiendo, con gestos y voz marcial, que ya el día anterior había anunciado que ese abuso era el último que se cometía mientras sea presidente.

La mayoría de los periodistas fruncieron sus cejas, extrañados por las palabras y actitudes del mandatario, y lanzaron una andanada de preguntas: “Señor Presidente, puede explicarnos como ha sido el proceso legal de la detención…”, “¿Lo coordinó con el Ministro de Justicia o el Fiscal de la nación?”, “El Fiscal que actuó en la detención es diferente al del caso inicial, ¿por qué?”, “¿Existe una orden legal que respalde la captura y detención?”. Entonces, el presidente levantó los brazos en señal de silencio, y dijo: “Señores periodistas, los he convocado a esta sala para darles este anuncio, ya lo he hecho, sus preguntas han sido debidamente anotadas, y doy por terminado esta reunión. Dentro de unos minutos tendré una reunión de gabinete, y muy posiblemente al mediodía tendremos otra conferencia de prensa como esta. Gracias” y el presidente se retiró a otro ambiente del palacio ante la protesta de los reporteros que seguían lanzando preguntas y empujando a los del servicio de seguridad. Los periodistas, celulares en mano, informaron a sus centrales, mientras otros hacían los comentarios del caso, simultáneamente a la transmisión directa de la reunión.

Día: Miércoles.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 09 A.M.

“Flash informativo!” anunciaron la mayoría de medios de la Radio y TV, dejando de lado sus programas faranduleros.

“El abusador liberado, capturado esta madrugada, fue detenido por ordenes directa del Presidente de la Republica. Realmente, este es un caso inusual, porque no se sabe si se siguió el debido proceso para tal captura y detención. El presidente ha prometido dar más información al mediodía, ya que en este momento está en una reunión con su gabinete, convocado de emergencia, en donde presumimos se está tratando el tema de la abrupta decisión presidencial.” Decía un reportero desde el patio del Palacio, y a su espalda se veía las inmediaciones del patio del palacio y la Plaza Mayor.

Mientras que en otro canal de TV entrevistaban al abogado del Abusador. “No puede ser!…-dijo a gritos el picapleitos-… Mi defendido ha sido detenido como si fuera un criminal. No han pasado ni siquiera 24 horas de su libertad, dictada por el juez de turno, y ahora está detenido nuevamente e incomunicado. Quiero denunciar que se me ha negado verlo y esto no puede ser en un estado de derecho, en donde todos tenemos que respetar las leyes, sea quien sea!”. Y por “rarísima coincidencia”, a esta noticia le siguieron otras relacionadas la captura y encarcelamiento de un líder de la oposición en Venezuela, en donde se afirmaba que se habían violado sus DDHH.

Los periodistas, luego de la conferencia de prensa, ya no tenían nada que hacer en el palacio y sus inmediaciones, porque los ministros al llegar se habían negado a dar declaraciones, mientras que otros decía desconocer la agenda a tratar. Así, todos se fueron al Congreso con la certeza de que se venía un escándalo de proporciones nunca visto.

Día: Miércoles.

Lugar: Puertas del Congreso. Lima, Perú.

Hora: 10 A.M.

La mayoría de los congresistas estaban en las puertas del Congreso y la antesala, dando declaraciones a los diversos periodistas, quienes no se daban abasto para cubrir tanta locuacidad. Los camarógrafos de todos los canales de TV transmitían las imágenes desde afuera y dentro del Congreso, y en una de ellas mostraba en un primer plano a un grupo de mujeres congresistas, aunque en el fondo, cerca de un árbol, un buen observador podía ver a un perro defecando, como si el  animal supiera en qué lugar estaba. Sí, allí, ante las múltiples cámaras estaban: “Las cinco chicas poderosas”, bien al guante blanco en mano; los cuatro gatos de “La Plata Llega Sola”; los “Come Pollo”, los “Mata Perro”, los “Roba Cable”, los “Lava Pies”, los “Come Oro”, “El Proxeneta Norteño”, los “Nosotros Matamos Menos”, los “La Violación Nunca Embaraza”, los “Papitas Lay”, “El Perro de Chacra”, “La Culpa es de los Caviales!”… y otros más; incluso los que no siendo congresistas se creían con suficiente derecho para estar allí, en el centro de la noticia, como la de ojos chinitos:“Mi Male me Vale Belga…!”, otro, con pinta de auquénido pero con alma gringa:“Mi suegra, sobreviviente del holocausto, compró esa propiedad!”, otro con pinta de gringo y lengua de trapo:“Yo tener pasaporte perruano!”; y otro muy sonriente, que cuando apenas apareció, todos guardaron sus billeteras:“Robo pero hago obras!”, ahora si estaban todos, en el centro del zoológico de la fauna política… con la sola excepción de dos ex presidentes, que les hubiera gustado mucho estar allí, pero no pudieron llegar; uno, porque estaba en la cárcel, sentenciado a 30 años por asesino y ladrón, y el otro, aunque aún caminaba libre por las calles, por estar dando sus declaraciones ante el juez por haber indultado a miles de narcotraficantes y criminales.

Así, los noticieros de los medios, transmitiendo directamente desde el Congreso, estaban en el tope de la sintonía, como esparciendo las declaraciones con ventilador; para regocijo de los directivos de los medios, quienes por su experiencia profesional sabían que a final de cuentas: No iba a pasar nada. Sí, ese era el mensaje subliminal que se enviaba a la población: todo era un escándalo, un alboroto que sin importar la gravedad de este, de todos modos iba a quedar impune, por más comisiones investigadoras que existieran… “Así era el Perú, pues!”

Pero en las calles había sucedido un inusitado fenómeno social. La noticia del acto presidencial, de haber ordenado por iniciativa propia detener a abusador, había caído muy bien en todos o casi todos de aquellos llamados “Gente de a Pie”. De la misma manera como hacía solo tres días la noticia del abuso a una mujer había causado revuelo en toda la población, esta vez la noticia de su captura causó alegría en la gente joven de las universidades, en plazas, mercados, en los servicios de transportes masivos y otros. La gente se sentía inusualmente contenta.

Un video, ya editado, que contenía la captura y la declaración del presidente, había sido colgado en Youtube, y se había vuelto viral. En menos de dos horas, tenía 3 Millones de entradas, incluidos los 2.5 Millones de “me gusta”  y solo 100 “no me gusta”. Los comentarios eran en su gran mayoría muy positivos, aunque aparecían otros con insultos de toda clase, incluidos los de corte racista.

Día: Miércoles.

Lugar: Sala de Prensa del Palacio de Gobierno.

Hora: 12 del Mediodía.

La sala estaba abarrotada de periodista, nacionales y extranjeros, pero aún así seguía llegando más de ellos.

Ya habían pasado quince minutos y el presidente no aparecía. Pasaron otros quince y tampoco llegó. Mientras tanto los periodistas hacían comentarios entre ellos acerca de los últimos sucesos, intercalando sus obligados comentarios profesionales ante las cámaras de sus respectivos canales, para así buscar el ángulo particular de la pregunta y repregunta que debían hacer para buscar las respuestas y la particularidad de la noticia que debían transmitir. Así, cada periodista ya tenía hecha una lista de preguntas, previamente coordinadas con sus respectivos directores de prensa, mucho antes que el presidente hablara. Los periodistas en general poseen dos normas muy rigurosas. Una, es la dictada por su compromiso moral con la ética profesional. La otra, es la que venía de los directores de prensa, delimitando el giro y dirección que debían dar cada periodista con respecto al mensaje presidencial; ambas normas casi nunca eran compatibles, por lo que se imponía la que les daba de comer a él y a su familia, aunque para otros ya la primera era un mito que se había quedado en la escuela de periodismo. Por eso, en cualquiera de los casos, en la mayoría de las mentes de los reporteros rebotaban las semillas que debían germinar: “Abuso de Autoridad”, “Tirano”, “Dictador”, “Chavista”, “Interpelación”, “Golpe de Estado”, “Comunista”,  “Izquierdista”, “Caudillo”…

Los periodistas salieron de la modorra espera al advertir el revuelo que causaba las limosinas en el patio llevando a sus respectivos ministros. Algunos salieron para tratar de entrevistar a algún ministro. Aunque los que se quedaron en la Sala de Conferencias del Palacio se enterarían que el presidente definitivamente no vendría.

Día: Miércoles.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 02 PM.

A esa hora la Cámara del Congreso parecía un gallinero asaltado por un zorro. Todos gritaban o vociferaban sus diversas demandas contra el presidente y otros por defenderlo, mientras caminaban agitadamente de un escaño a otro, empuñando papeles y blandiendo sus brazos, buscando apoyo a su pedido o para amenazar al que se oponía; mientras que otros, mano en alto, pedían la palabra como “cuestión de orden” o porque, señalando con gestos el reloj de su muñeca, reclamaban que ya había llegado el turno que les tocaba hablar. Entonces un secretario entró a la Cámara y se acercó al presidente del Congreso para decirle algo al oído, acto seguido se retiró.

El presidente del Congreso hizo sonar su campanilla para imponer silencio, pero no lo logró hasta la tercera vez.

“Señores congresista… -El presidente del Congreso habló- …sírvanse retornar a sus asientos y guardar silencio porque tengo algo muy importante que anunciarles…!”

“No puede ser… -Gritó el congresistas que había estado hablando- … estoy en el uso de la palabra, y ud. ni nadie va quitarme el derecho de denunciar… bla, bla, bla”, continuó diciendo.

“No señor presidente… -grito otro, sobreponiendo su voz a la del que hablaba- …es mi turno de… bla, bla, bla…” argumentó el otro congresista.

Solo después de diez minutos de campanillazos y exhortos al silencio recién llegó la calma a la sala, pero sería por corto tiempo.

“Señores congresistas, debo anunciarles que el señor presidente se dirigirá al país esta noche a las 8 pm y mañana en la mañana vendrá al Congreso… -y tan pronto terminó de decir la última silaba “…so”, se levantó de su asiento anunciando- …se levanta la sesión. Mañana a las nueve esperemos al señor presidente!”  claro que esta ultima parte lo dijo en medio del barullo que se había originado apenas lo vieron pararse.

“No puede ser, esto es un abuso!” gritó un congresista. “Esta burla a la majestad del Congreso no lo permitiremos!” vociferó otro en tono amenazante, blandiendo un puñado de papeles. “Que soberbia, primero fue el presidente y ahora son Uds. los del oficialismo!” y el bochinche continuó. Al presidente del Congreso lo siguieron los de su bancada oficialista, aunque sin saber el porqué de la interrupción de la sesión congresal. Luego, en una sala privada, se reunieron el presidente del Congreso y sus correligionarios.

“Señores parlamentarios, quiero decirles que solo he cumplido un pedido del señor Presidente, más información no puedo darles porque desconozco los pormenores de tal decisión. Posiblemente me vea con él tan pronto como salga del Congreso, no sé, ya veremos, en todo caso estaremos en contacto.” Explicó el presidente del Congreso, un tanto azareado.

A esa hora el ánimo de la gente común y corriente en las calles de la ciudad de lima y alrededores se había caldeado. Los comentarios de apoyo a la medida presidencial y su discusión de si era legal o ilegal era secundario al hecho de que por “fin se empezaba a hacer justicia en el país”. “Ya era hora que nos dejáramos de tanta corrupción y comisiones investigadoras que nunca llegan a nada, mientras los delincuentes se pasean por las calles” decían unos y los que lo escuchaban asentían en señal de aprobación, mientras otros añadían: “Sí, ese panzón corrupto que ha indultado a narcotraficantes tiene al poder judicial en el bolsillo, y no le hacen nada!” “Igual que el otro, el de la vincha y la chacana, que compra propiedades por millones de dólares y dice que su suegrita le ha prestado el dinero!” “Creo que solo el del Cuy es honesto!” retrucó un señor bien vestido. “No, que va. Ese gringo caga leche es el más ladrón!” “Como va decir eso, señor, más respeto!” le increpó. “El señor tiene razón, el Cuy sin autorización ordenó pagar millones de dólares a la International Petroleoum Company cuando Velazco expropió la Brea y Paríñas, y luego se fugó a los Estados Unidos escondido en la maletera de un auto”. “Pero este presidente prometió mucho, no hace nada y le llaman traidor!” retruco otro. “Pero ahora ha cambiado!” Y los dimes y diretes continuaron en todos los lugares públicos… pero algo había o estaba cambiando, las conversaciones que se habían iniciado por el caso del abuso a una mujer se estaban transformando en un debate político acerca de los problemas del Perú, en todos los lugares y rincones de la gran Lima.

Lo habitual de la gente era comentar la sopa de escándalos políticos y de la farándula, que la radio, prensa y TV presentaba ante sus ojos, sin llegar a nada; solo que esta vez no se sintió tranquila con solo hablar y criticar la situación que venía soportando por años, sino que se sintió impelida a hacer algo. Y ese algo se transformó en una acción espontanea y multitudinaria, al enterarse que el Presidente iba a dar un mensaje a la nación por la Radio y TV esa misma noche, a las 8 pm, entonces se dirigió a la Plaza Mayor, al Palacio de Gobierno.

A la gente no le importó mucho el rumor mañanero de que la esposa del presidente se había ido a Disneyworld, Florida, con sus hijos esa misma madrugada, a pesar de que se preveía el inicio de una crisis. Pero los medios, una vez confirmada la salida de la primera dama por Inmigraciones en el aeropuerto, explotó la noticia con una serie de conjeturas.

A esa hora el alborotado gallinero del Congreso era un desierto. Pero los set de TV, de todos los canales de señal abierta, no se quedaron atrás y ocuparon el lugar que les correspondía como envilecedores de la conciencia pública. Así, esa tarde todas las vedetes, los travestis, los “desclosetizados”, las “muñecas inflables”, las “caramelo-caramelo”,  y figuretis del Congreso y fuera de él, tenía full chamba para acotar con bromas de pésimo gusto, los comentarios “políticos” de los invitados, para así vulgarizar o banalizar el problema. Claro que nadie les ordenaba que jodan o corrompan la verdad o los valores, sino que a ellos les salía sin ningún esfuerzo, de manera natural y espontanea, como lo hacían en el baño. Por eso los directores de los TV canales ordenaban su contratación y participación diaria. Y en medio de esa chacota se soltó como primicia un fragmento de la grabación telefónica interceptada en la madrugada, entre la primera dama y su mejor amiga, la de la tarjeta de crédito, poco antes de que viajara a Miami.

“Así pues hija… -Le contaba la Primera Dama- …hemos tenido una muy fuerte discusión, que creo que ya no tiene solución. Todos estos años he bregado para que mi esposo no se salga de la línea democrática y ahora me viene con esto, a defender a una fulana que ni conocemos, ni nos importa, solo por el hecho de que su marido la castigó, sabe dios por qué. Con que el tipo fuera a la comisaria detenido y de allí a la carceleta judicial, la cosa terminaba, pero el idiota este se indignó y lo mandó a meterlo a la cárcel nuevamente, sin orden judicial ni nada, ¿te das cuenta?, como si fuera Chávez, y de eso ya habíamos quedado bien claro, nada de revolución ni niño muerto. ¿Que se habrá creído el cachaco este, que la oposición se va a quedar sin hacer nada? ¿Y la prensa que jode día y noche? No, no, no. Yo no le aguanto más, así que lo dejo solo para que se las entienda con los medios y la oposición. Yo no puedo hacerme cómplice de este lio y perjudicar mas mi carrera política, ni mi próxima candidatura, suficiente tengo con el escándalo de las agendas. Yo estoy trabajando para el futuro. Eso es lo que él no entiende. Por eso me voy, hija, a Disneyworld con mis hijos, y regresaré cuando todo haya pasado. Chau, te llamo desde allá”.

Los comentarios de los congresistas no se hicieron esperar y todos, de la oposición o no, asociaron la breve interceptación telefónica con la reciente conducta del Presidente. Los más tibios pedían la interpelación; los “cuatro estrellados solitarios” pedían un Juicio Político; los del “Chino con ch”, la dimisión; y por último, los oficialistas tenía la boca como el poto del gato… y no se les encontraba en ningún lugar.

Nunca “todo el mundo” significa todo el mundo. Así que, si no todo el mundo estaba en camino a la Plaza Mayor de Lima, los que se había quedado en casa y habían visto o escuchado las últimas noticias, se levantaron de sus sillas y salieron con rumbo al Palacio Presidencial.

MUJERDesde todos los conos de los suburbios de la ciudad, de los cerros, de los barrios populares y hasta de las zonas residenciales de la clase media, habían comenzaron a movilizarse como pequeños riachuelos para luego confluir y convertirse en un caudaloso rio de gente; entre ellos miles y miles de amas de casa de toda condición social. Si el video del maltrato a la mujer las había indignado, la libertad del abusivo las había enfurecido, pero después, la actitud del Presidente de volver a encarcelar al pegalón, contra viento y marea, las había encorajinado y estaban dispuestas a defenderlo de tanta basura leguyera, parlamentaria y judicial.

Mujeres-protesta-en-PerúLos estudiantes universitarios dejaron las aulas cuando sus celulares comenzaron a inundarse de llamadas de sus compañeras y amigas a reunirse en la Plaza Mayor de Lima… y luego los profesores también; claro, todos ellos tenían una madre, una esposa, una hermana, una hija, una novia o una amiga y sentían que no podían fallarles.

Como comprenderán, todo el mundo pensaban que el país, sino era una mierda estaba por serlo. Todos los presidentes de los últimos 20 años habían sido unos ladrones, corruptos y sinvergüenzas de la peor calaña, conjuntamente con sus pandillas congresales, y aún así, tenían en mente la desfachatez de querer regresar al poder en las próximas elecciones para continuar delinquiendo. Pero este último se había descarrilado, y se había atrevido a romper la ley ante el descaro de un juez de liberar a un delincuente abusivo, y esto había colmado la paciencia de él y de todo el mundo… y todo el mundo iba a apoyarlo.

mujer combativa2Día: Miércoles.

Lugar: Plaza Mayor. Lima, Perú.

Hora: 06 PM.

La Plaza Mayor estaba totalmente llena, y aún así seguían llegando más y más gente por las calles aledañas que desembocaban en la Plaza.  En las avenidas Abancay, Tacna, La Colmena y puentes cercanos al Palacio Presidencial el transito vehicular habían colapsado por estar invadidas por una muchedumbre que avanzaba ordenadamente por pistas y veredas. La policía no se interponía al paso de la gente a pesar de ser una zona rígida para manifestaciones, pero realmente nadie había convocado nada, y solo se limitaba a proteger a los transeúntes y desviar los vehículos a las calles que los lleven lejos de la zona.

Foto Esterilizaciones 2Unas horas antes, los reporteros de las Radios y Canales de TV ya habían notado el extraordinario fenómeno que estaba ocurriendo en las calles. Lo sabían porque lo veían con sus propios ojos, desde sus ventanas o porque llegaban los que estaban en las calles, además de la estrepitosa caída del rating de audiencia de sus programas. Por supuesto que los auspiciadores comerciales no tolerarían que las marcas de sus productos no estén en donde la mayor cantidad de gente los pueda ver, entonces empezó en los medios el alboroto por llegar con sus cámaras y ocupar los mejores lugares de la Plaza Mayor.

mujer combativa3Día: Miércoles.

Lugar: Plaza Mayor. Lima, Perú.

Hora: 08 PM.

El Palacio de Gobierno  estaba totalmente iluminado, lo mismo que la Catedral, los Portales y balcones coloniales que circundaban la Plaza Mayor y el Palacio Municipal.

Las campanas de la Catedral sonaron anunciando la hora: 8 de la noche, y la gente gritó con más ímpetu que como lo había estado haciendo por horas. Gritos en los que predominaban los agudos lanzados por las mujeres que colmaban la Plaza.

DEJAME DECIDIRSí, eran la mayoría y estaban dispuestas a hacer notar su presencia. Muchas habían llegado temprano y de manera organizada, entrelazando sus brazos y ordenadamente, desfilaron por el perímetro de la Plaza. Una veintena de ellas mostraban los pechos descubiertos en donde se podía leer: “Yo Aborté!” o “Déjame decidir”, otro tanto se mostraban de la misma manera solo que llevaban escrito algo diferente: “Soy Feminista!” y detrás una muchedumbre de mujeres jóvenes con carteles, liderada por una muy hermosa mujer que vestía polo rojo, blue jeans y zapatillas, todas ellas gritando, puño en alto: “Crear, Forjar, Poder Popular!”

Foto Esterilizaciones 2Sí, a esa hora los gritos ya eran de consignas políticas en contra de la corrupción, la impunidad criminal, la muerte de campesinos en manos de la represión, por la conservación del ambiente y otros.  Los hombres siendo minoría también portaban cartelones en donde destacaba uno que decía: “Putas al poder, porque sus hijos fracasaron!”

No bien habían terminaron de sonar las campanas de la catedral aparecieron simultáneamente, como si lo hubieran coordinado, el Presidente en el balcón izquierdo del Palacio de Gobierno y el Alcalde de la Ciudad en el balcón municipal. Y una silbatina de repudio se dejó oír en toda la Plaza Mayor. Y ambos, Presidente y Alcalde, se miraron a la distancia; el primero pensando que era dirigido para el “Roba pero hace obra” y el segundo sabiendo que era para él, se retiró inmediatamente dejando solo a su compadre; a fin de cuentas era él quien iba a hablar.

mujer combativa4Tan pronto la silbatina cesó el presidente empezó su discurso: “Compatriotas…” y así siguió. Este no era ni siquiera un orador regular. Especialmente desde el día en que, seis meses luego de haber asumido el poder, se deshizo de los intelectuales de Izquierda que lo habían apoyado y dio un giro a la derecha, dedicándose desde entonces a auto consolarse en ejecutar algunas obras publicas como construir carreteras, puentes, escuelas y hospitales; pero de la Gran Transformación prometida o la rebajada Hoja de Ruta: nada. En realidad su rol en el gobierno había terminado y desde ese día su ministro neoliberal y el empresariado minero aseguraron el control económico del Perú.

Durante su campaña quizás él mismo se contagió del entusiasmo que puso de querer cambiar al Perú, cuando confrontaba a toda la derecha y hablaba de manera fluida y precisa, con pasión y alegría. Pero luego no. Ahora tartamudeaba y hasta tenía lagunas que demostraban que no sabía qué hacer. Peor aún en esta noche en que estaba ante miles de manifestantes no solo sin su única asesora conyugal, sino en contradicción con ella.

Así, su mensaje fue como un Mea Culpa público de lo que quiso hacer y no hizo, pero que sentía que aún estaba dispuesto a hacer. Pero necesitaba apoyo, el indudable apoyo de la gente. En realidad la mente del Presidente estaba obnubilada por la cantidad de gente que se había reunido en la Plaza Mayor cuando ni él, ni su partido, los había convocado; y no podía percibir, o lo minimizaba, que un pequeño sector entre la gente lideraba las principales arengas en contra del gobierno, y creía que esta era una manifestación totalmente de apoyo.

El Presidente repitió hasta el cansancio que no permitiría la injusticia y la violencia contra la mujer, que estaba dispuesto a iniciar el proceso de transformación, pero pedía el apoyo de todas ella. Pedido que era festejado con grandes gritos de aprobación en la Plaza. Y así terminó, auto convencido de que había recuperado el apoyo popular. Entonces, agitando las manos como despedida, desapareció del balcón.

Esa noche el Presidente no pudo dormir. Sabía que tenía que dar la cara y presentarse, a pedido propio, en el Congreso. Él era consciente de la crisis que había originado debido a la orden que dio y tenía que dar explicaciones en el parlamento, que la derecha con sus congresistas, periódicos, radios y TV lo estaban acusando de diversas maneras que se resumían en un antejuicio, lo que traía como consecuencia: la vacancia o destitución presidencial.

Por su mente rondaban varias alternativas: “Pegarme un tiro. Mmm, no”; “Someterme al antejuicio, que es lo mismo que darme un tiro, mmm… tampoco”; y “Dar un golpe militar. Mmm… Ganas no me faltan”.

Entonces llamó a sus edecanes y les dio la orden de llamar al Comando Conjunto, cuyos miembros eran de su promoción; y a sus contactos de izquierda.

Día: Miércoles.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 10 PM.

La radio y TV no ampliaron la información de la manifestación, de la ya transmitida directamente. En cambio propalaron los temores de todas las bancadas políticas de la derecha, quienes coincidían en que el sistema democrático estaba amenazado por propias palabras del Presidente en su discurso y podía interrumpirse, aunque otros solo lo veían como una bravuconada presidencial o de distracción a los problemas que tenía su esposa con la prensa y las comisiones investigadoras. Luego, como si todo siguiera igual, pasaron a sus programas faranduleros de calatas, chismes y traiciones. Pero los directivos de los medios enviaron a sus reporteros con cámaras y micrófonos a “montar guardia” en diversos lugares estratégicos de Lima.

Día: Jueves.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 03 A.M.

tanquesLos reporteros de los principales medios apostados en las inmediaciones de los lugares estratégicos de Lima eran testigos de que movimientos nada extraños, sino previstos para el caso, estaban sucediendo en el Palacio de Gobierno, el Cuartel de la División Blindada “General Rafael Hoyos Rubio”, el Pentagonito, el CAEN y otros. Entonces, los que estaban agazapados frente al Cuartel de la División Blindada dieron el alerta definitivo: el Golpe Militar se había iniciado! La señal era clara al ver que una columna de tanques salía del Cuartel haciendo temblar las calles, y no para dar un paseo o calentar motores.

Pero una hora antes sucedieron cosas no tal evidentes o al alcance de los acuciosos ojos de los reporteros…

Día: Jueves.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 02 A.M.

El Presidente había recuperado la calma. Sabía que la crisis política estaba en curso y que dentro de unas horas ésta iba a estallar en el Congreso. Hasta allí todo había salido tal como se había planeado, pero lo que se venía era de mucha mayor responsabilidad y riesgo. Por eso necesitaba estar calmo, porque el siguiente paso que daría no tenía la opción de dar marcha atrás.

Hacía solo una semana, antes del video del abusador, el Presidente había recibido al embajador norteamericano en el palacio con motivo de su regreso al Perú, para presentarle sus saludos y renovar el compromiso de amistad y ayuda que tenían ambas naciones. Sí, eso era lo oficial y protocolar que los medios se encargaron de anunciar.

Pero lo real era que el propio embajador había solicitado al Presidente una reunión con carácter urgente y de interés en la seguridad nacional del Perú.

Dicha reunión duró escasamente una hora, en donde el secretario del embajador, quien era realmente un agente de la CIA, explicó de manera muy concisa la situación política del Perú, la crisis moral parlamentaria, la crisis de la seguridad ciudadana, la corrupción en todos los niveles de los poderes del Estado, el descontento popular, especialmente en el campesinado afectado por las compañías Mineras, y finalmente lo más importante para ellos, de las señales de recomposición, unidad y ascenso popular de la Izquierda revolucionaria; luego hizo silencio. Entonces fue el turno del embajador de hacerle llegar al presidente el plan norteamericano.

“Señor Presidente… -Empezó a hablar con un buen dominio del español-… De lo ya dicho Ud. comprenderá que los Estados Unidos de Norteamérica no pueden permitir que en las próximas elecciones del 2016, pueda ganar una organización de Izquierda. Nosotros sabemos muy bien del grado de crisis político que tienen los partidos democráticos y de la desesperanza del la gente por todos los candidatos amigos de los Estados Unidos. De tal manera que no vamos a esperar que llegue ese día para actuar… -El tono de voz del embajador se hizo más dura de lo protocolar y agregó-… En América Latina los comunistas han logrado ganar Nicaragua, Ecuador, Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina y tenemos problemas en Honduras y Guatemala, además de Uruguay y Chile… -el embajador hizo una pausa, se tragó el chicle o su pútrida saliva, y añadió-… y si en el Perú ganan los comunistas, como ya pronosticamos que puede ser así, entonces tendremos que intervenir militarmente en los países nombrados, empezando por Venezuela… -Volvió a hacer una pausa y miró directamente a los ojos del Soldado y le dijo-… ¿Se da Ud. cuenta, Señor presidente, del escenario geopolítico que se armaría si el Perú es parte del Eje del Mal? ”. El embajador guardo silencio y, sin esperar respuesta, miró al agente de la CIA como invitándolo a hablar.

“Señor Presidente… -intervino el de la CIA, con actitud más dinámica y optimista-… tenemos un plan ya elaborado y coordinado con algunos de sus generales, que solo funcionará si Ud. como militar nacionalista lo lidera y les cierra el paso al comunismo…” y el agente continuó explicándole el plan que ellos mismos habían ya denominado como: “Virrey”, ante la sumisa atención del Presidente.

Por eso, una semana más tarde, cuando el Presidente vio que se le presentaba la mejor excusa para crear una crisis, lo hizo. Luego puso a buen recaudo a su familia enviándola a Miami y, para pretexto,  filtró anónimamente a los medios una seudo-conversación “privada” de su esposa con una amiga, dando a entender una desavenencia conyugal.

“Generales… -Empezó diciendo el Presidente-… la hora ha llegado, creo que todos Uds. conocen el “Plan Virrey”… -y los militares se miraron unos a otros, serios en un inicio pero luego sonrieron. No en vano eran de la misma promoción de la Escuela Militar y de la Escuela de las Américas (de la CIA) en Panamá, haber ascendido ayudándose unos a otros, además de ser parte de la cadena de corrupción en el interior del ejército; y más aun, de haber firmado un acta de honor, frente al Presidente, cuando asumieron el mando del comando conjunto, para respaldarlo en caso de un Golpe Militar que él comandara. Y continuó diciendo-… y no hay mucho que decir, si no seguir las instrucciones del caso y del procedimiento ensayado desde que fuimos ascendidos a generales para los casos de guerra interna o externa y en el político, como ahora!”

“Señor Presidente… -Uno de los generales se animó a hablar-… el “Plan Virrey” menciona la necesidad de contar con de un respaldo popular al golpe. Entonces, ¿Qué nos puede decir?”

“Sí, general, teniendo en cuenta que solo es necesario para el momento del golpe y nada más, ya hice las coordinaciones. Uds. saben que con los civiles no podemos ser muy claros y menos dar a conocer el Plan Virrey. Así que, enmascarándolo, invité a la  izquierda a apoyarnos, ofreciéndoles nuevas elecciones y una asamblea constituyente, que es lo que ellos quieren, pero que en realidad esta nunca se daría. Pero ellos se negaron y me respondieron con una grosería. Creo que dos veces no cae el gato, no?… -y todos los generales rieron a carcajadas. Y continuó-… Creo que solo nos quedan los amigos naturales que están en el Congreso, al que iré dentro de unas horas y explicaré, en sesión secreta, acerca de la amenaza terrorista de los comunistas, que ya han tomado y controlan las comunidades andinas ubicados en los alrededores de los centros mineros, se han vuelto a infiltrar en las fábricas, universidades y están dejando granadas o explosivos por doquier. Así, buscaremos que se ilegalice a toda la izquierda marxista y aceptaremos solo a los reformistas para así evitar su unidad. Una vez conseguido esto, no serán problema de que intervengan en la política. Acerca del acto de disolver el Congreso, no creo sería absolutamente necesario, ya veremos, pero sí llamaremos a nuevas elecciones con todos los partidos que de verdad defienden la democracia, he dicho!”

Sí, de allí en adelante las palabras estaban demás, y se ordenó la salida de los tanques y el emplazamiento de todos los generales golpistas en sus puestos de combate. El resto quedaba en manos del Presidente y sus órdenes serían seguidas sin dudas ni murmuraciones.

Claro que del dicho al hecho hay mucho trecho.

TropasDía: Jueves.

Lugar: Lima, Perú.

Hora: 05 A.M.

Aquellos que no vivían en las inmediaciones de las zonas estratégicas para un golpe militar, solo se enteraron de su realización a través de la radio y TV. Se veían tanques y camiones porta tropas avanzando por las calles de Lima. Unas se apostaron en el Palacio de Gobierno, otras en el Congreso, otros frente al local de la CGTP, el SUTEP, las universidades de San Marcos y la UNI, los locales del Frente Amplio y demás grupos de Izquierda, y de las plazas públicas. Entonces, súbitamente se oyó una voz que informaba acerca de un mensaje del Presidente, y en la pantallas apareció su rostro anunciando, con voz calmada, que no había nada que temer porque no se interrumpiría la democracia y que los tanques y las tropas están para la seguridad de los transeúntes, anunciando que se presentaría esa mañana en el Congreso. Mensaje que se repitió más allá del cansancio, intercalándolo esporádicamente con las intervenciones de los congresistas que llamaban a mantener la calma y esperar el mensaje del Presidente en el Congreso. Pero de aquellos que discordaban simplemente no eran transmitidas.

Peruvian Army troops guard the main entrance of the Palace of Justice on April 07, 1992 two days after President Alberto Fujimori announced late 05 April the dissolution of the Congress and the suspension of the Constitution.

¿Qué pasó luego? ¿Qué diría el Presidente en el Congreso, respetaría su palabra dada públicamente de no interrumpir la democracia? ¿Cuál sería la actitud que adoptarían los partidos de la derecha en su conjunto? ¿Y Aldito, y el Doble Filo de Miami y el resto de DBA… lo aceptaría?

Pero, principalmente, que haría la Izquierda al ver los tanques en las calles, si ya se había pronunciado mandando a la mierda al traidor. ¿Y la gente común y corriente, qué haría? Lo de la noche anterior pudo haber sido una demostración de total apoyo al Presidente, si no hubiera sido por las mujeres de izquierda que lograron darle el verdadero y único sentido a su movilización. ¿Pero esta vez, ante las armas, se esconderían las mujeres?

poder popular

Como bien pueden suponer esta sería otra historia, muy diferente a la “Crónica de una Mujer Maltratada”, que muy pronto leerán, llamada “El Plan Virrey”, si es que me animo a garabatearla.

No creo que esté demás volver a decir que esta fue una crónica ficticia basada en hechos reales, pero que, lamentablemente como en este caso, la realidad supera muchas veces a la ficción.

Hasta pronto.

Michaelangelo Barnez.

19
Ago
15

YO TÉ

C. Denueve 4Ya era mediodía cuando me senté alrededor de una pequeña mesa redonda para dos, de mantel a cuadros rojo y blanco y al aire libre, en la acera del Café Le Dome, de La Ciudad de la Luz: Paris, cercano a la plaza en donde se erguía la imponente Torre de Eiffel, en espera de la única amiga que tenía allí, a quién solo había conocido a través de un portal literario de las redes virtuales de internet. Ella, Marie Denueve, era la persona fundamental para mi corta estadía en esa gran y hermosa ciudad, ya que hablaba, además del obligado francés, el inglés y español; estas dos últimas las únicas lenguas que yo dominaba.

A decir verdad, desde que salí del aeropuerto internacional de París, Charles de Gaulle, me sentí perdido, ya que tenía dificultades para comunicarme con la gente con quienes ineludiblemente tenía que tratar. Al taxista solo le enseñé el tríptico de propaganda del hotel para hacerme entender que me llevara allá, aunque al querer pagarle por el servicio y no entender lo que me decía opté por enseñarle una baraja de billetes de Euros, equivalentes a $80 Dlls, para que él escogiera lo debido, y el taxista tomó todos y me agradeció con una amplia sonrisa. Realmente no me sentí mal con la actitud de este, ya que yo sabía de antemano que era la tarifa aproximada, incluyendo la propina.

En el hotel me fue más fácil ya que hablaban inglés y mi agente ya había hecho las reservaciones del caso. Solo tuve que mostrar mi pasaporte americano y mi tarjeta de crédito para que las muy amables francesas me atendieran como un rey. ¿Francesas? No, no lo eran. Luego me enteré que realmente eran españolas, pero solo me hablaron en inglés durante mi corta estadía.

Así transcurrieron mis primeras horas, acomodándome en mi suite del hotel Saint Dominique, ubicado en la calle del mismo nombre; en el lobby de este y luego aventurándome a caminar por los alrededores, sin alejarme mucho para no perderme. Y en la noche viendo la TV en cable.

“A cappuccino, please!” le dije al maître del café cuando este se acercó a atenderme. Luego, desplegué el diario, Los Ángeles Time, que gentilmente me habían obsequiado en el avión el día de ayer, y repasé las noticias ya obsoletas, mientras había dejado sobre la mesa los tres libros que pensaba obsequiar a mi amiga Marie: “Rayuelas” de Cortázar; “Los Heraldos Negros” de Vallejo; y “Te Veré en Sueños” la novela que iba a presentar el próximo viernes.

Pero Marie demoró más de lo que yo demoré en beber tres tazas de café, así que, como ya era hora del almuerzo, le pregunté al maître por el menú, y este me trajo una cartilla con todo lo que servían allí… escrita en francés por supuesto. Pero no tuve dificultad para elegir lo deseado, porque no iba a almorzar aun, sino matar el hambre y justificar mi larga espera en esa meza del concurrido Café. En la lista vi una foto a colores, entre muchas, con una descripción: “Crêpes gratinées à la mozzarella et jambon”.

“I want this, please!” le dije poniendo mi dedo en el grafico, adivinando que era un Crepé de mozarela y jamón. Y el maître me entendió… Pero agregó: “Et pour la boisson? Y me dejó en el limbo por tres segundos,  para remontarme a los años de mi llegada a gringolandia, cuando sin saber inglés adivinaba lo que me decían acertando casi al 100% de veces, cuando me hablaban. Entonces le respondí: “A cold Pepsy, please!”  Y el maître se fue.

El hojear el diario en mis manos solo cumplían una fachada a mi prolongada espera por Marie. Realmente no tenía ningún interés en releer las noticias ya pasadas y menos los abundantes avisos comerciales. Y de tanto en tanto, miraba a mí alrededor y observaba a la gente que ya iba llenando las mesas contiguas. Y una vez más pude comprobar que el mundo se había globalizado no solo económicamente, sino en razas y culturas, tan igual como sucedía en California desde ya muchos años atrás.

Y mientras paseaba mi mirada observando a la gente del café, mis ojos coincidieron con los de una linda joven, sentada a pocos metros de mí mesa, quien me sonrió amablemente. Yo, caballerosamente, respondí con una leve reverencia con la cabeza y una sonrisa en mis labios, y continué con mi observación, sin mostrar mucha importancia al hecho en particular. Aunque para mis adentros pensaba que quizás ella me conocía del portal literario o en Facebook. Intrigado, volví a buscar sus ojos y encontré su fresca sonrisa y alegre mirada sobre mi persona. Y yo solo atiné a responder de la misma manera, para luego refugiarme en el diario, simulando leerlo.

Mientras comía mi Crepé volví a mirarla, y volví a encontrar su dulce mirada y sonrisa. Entonces yo, cogiendo el vaso de hielo con soda, hice un ademán levantándolo, mientras decía con una sonrisa y sin palabras sonoras: “Salud!”

Ella se alegró e hizo lo mismo diciéndome algo que yo entendí como: “Yo té!”

Continué comiendo y bebiendo a sorbos mi soda, mientras pensaba que usualmente mal interpretamos los gestos, creyendo que ella había mal entendido el mío, cuando levante el vaso, como refiriéndome al contenido de mi vaso, por lo que ella me contestó con lo ella bebía: “Yo té!” sin palabras.

Yo ya había terminado de comer mi crepé y mi paciencia por la espera se había agotado también, así que estaba dispuesto a pedir la cuenta y regresar a mi hotel. Pero antes hice el último intento de comunicarme con Marie, solo para obtener la misma decepcionante respuesta de que sistema satelital de esa zona no registraba mi llamada.

Así, mientras tenía el celular pegado al oído, vi como la linda joven se acercó a mi mesa y me dijo: “Yo té!” y con toda naturalidad se sentó en la silla libre.

Yo, muy solicito, llamé al maître con un ademán de mano para que se acercara y ordenarle lo que ella pedía: Un té. Pero la linda muchacha, sonrojada y ofuscada, se levantó y se fue, sin antes decirme algo, en voz baja, como un susurro, que entendí como: “bla, bla, bla, la mierdé!”

Realmente yo no comprendí lo que había sucedido y menos aun el motivo del porqué esta bella joven me había mandado a la mierda.

Pero mi confusión fue breve ya que la tan esperada amiga Marie Denueve por fin llegó.

Nos abrazamos, besamos y sentamos, y sin dejarme decir una palabra empezó con un interminable tsunami de palabras.

“Querido Mich, que guapo eres, mejor de lo que aparentas en las fotos de tu portal literario y en Facebook, como me gustan los latinos-hispanos, dios mío, como me gustas Mich. Pero bueno, te pido disculpas por no haber ido ayer a esperarte al aeropuerto, estuve tan ocupada con lo de tu presentación para este viernes que recién hoy lo he finiquitado todo. Vamos a tener como invitados a un poeta español y a un peruano ayacuchano que toca lindo el charango, ambos residentes en París, además de la presencia del agregado cultural del Perú en Francia. Todo eso lo logré recién hoy, en esta mañana, por eso es que demoré tanto, además de que no contestabas tu celular. Te llamé mil veces y nada. ¿Está malogrado? Bueno no importa ya, porque por fin nos reunimos para hablar frente a frente y…” y Marie continuó hablando, asegurándome la presencia de los amigos del portal literario, la comunidad peruana y de países hermanos residentes en Paris, dándome todos los detalles del evento literario y los preparativos para los días siguientes, previos al evento. Mientras yo solo asentía con la cabeza a todas sus decisiones ya tomadas por Marie.

Luego de la andanada de palabras de mi amiga, cambiando de tema, recién pude contarle mi breve experiencia de las 24 horas que llevaba en Paris.

Así, tuve la oportunidad de preguntarle acerca del comportamiento de la bella joven, que de cierta manera podía decir que había conocido en ese Café.

Y le conté todo, con lujo de detalles acerca de lo ocurrido, de lo que me dijo, de lo que creí entender, de lo que pensé y también supuse.

Entonces, Marie me interrumpió con una carcajada interminable. Ella reía como una loca. Sí, realmente como loca, sin importarle que llamara la atención de la gente que estaba en las otras mesas. Al principio me sentí incomodo, pero su risa era tan franca que contagiaba a la risa. Así que yo también reí, aunque sin saber porqué realmente. Hasta la gente de otras mesas empezaron a sonreír y cuando el maître vino sonriendo a ver que sucedía, Marie le contó en breves palabra lo sucedido, y este, soltando una sonora carcajada, comenzó a reír como un loco también.

“Mich, mi querido Mich… Jajajaja oh dios, oh dios!” y no pudo continuar porque la risa se lo impedía. Y así entre risas y las lagrimas provocadas por esta, me siguió diciendo: “Esto tienes que contarlo en viernes, dios mío, no puedo más, me orino de la risa… Jajajajajaja!!!”

Los vecinos de otras mesas, hombres y mujeres, reían también, pero no me incomodé por eso.

Salimos del Café porque era imposible conversar allí sin que a Marie le de otro ataque de risa.

Caminamos un poco, bajo la guía de ella, y encontramos un parque y bancas vacías, en donde nos sentamos a conversar.

Allí pude pedirle que me explicara lo que pasó entre la bella joven y yo, sin percatarme realmente.

Entonces ella me explicó que cuando yo creía que ella me decía: “Yo té!” ella realmente me decía: “Je t’aime!” que suena parecido para tus oídos, pero significa: “Yo te amo!” y no se refería a la bebida de té que pensabas. Y cuando se sentó a tu lado en la mesa, volvió a decirte. “Je t’aime!” pero volviste a creer que te estaba pidiendo un Té. Y Marie soltó una vez más otra carcajada: “Jajajajajaj… oh dios, oh dios!”

“Y cuando llamaste al maître del Café, ella creyó que te ibas a quejar, por eso es que, ofuscada y avergonzada, se fue!” dijo Marie y añadió “Pero luego… Jajajajajaja… Oh dios!… Ella no te mandó a la mierda… Jajajajaja… Cuando ella se fue… Jajajajaja… te dijo: “Bienvenue à la Ville Lumière!” Jajajajaja… y no “bla, bla, bla a la mierdé! Jajajaja… Oh dios, me oriné otra vez!”

03
Nov
14

LILITH

Alice Cooper / 2010

Amigos, esta es mi horrible historia, tan verdadera como que existe dios y el diablo, y que hoy he decidido contarla para que alguien más aprenda de esta aterradora experiencia… y esté prevenido.

LilitHace un año conocí a Lilith en una fiesta de Halloween, a la que fui disfrazado como Alice Cooper, cantante de hard y heavy metal rock, con la cara pintada, las arrugas y serpiente enroscada en mi cuerpo. Y lo que yo creí que era algo totalmente ridículo y risible, acerca de mi apariencia, resultó absolutamente atractivo para una mujer de cuerpo exuberante y belleza intimidante, disfrazada de… no sé qué, creo que de una guerrera de la antigüedad, pero muy sexy, y como me miraba fijamente me atreví a preguntarle:

“¿Quién eres?”

“Lilith… la primera y verdadera esposa de Adán!” dijo ella con voz grave y sensual, pero que a mí su explicación me sonó a nada.

“¿Y sabes quién soy yo?” repliqué inmediatamente con la intención y la esperanza de que la conversación continuara, porque su extraña belleza me había cautivado.

“Claro, eres Alice, te estuve esperando toda la noche…!” y Lilith acercó su rostro a mí, como invitándome a besarla, y yo solo atiné a darle un beso en la mejilla, y así sentí el intenso calor de su piel. Al retroceder pude ver que ella sonreía y adiviné que era a causa de mi timidez de no haberla besado en los labios. Así, casi extasiado, me quedé mudo por unos segundos, contemplando la belleza de su rostro, pensando que ahora ella seguiría su camino a reunirse con otros amigos de la fiesta… Pero, no. Ella seguía parada frente a mí, esperando que haga o diga algo. Pero yo no dije nada y me quedé paralizado. Entonces vi que Lilith, sonriendo, alzó su mano hacia mí y levantó mi barbilla, porque sin saberlo yo estaba con la boca abierta.

Lilith muy dueña de sus actos se colocó a mi lado, lo suficientemente cerca como para sentir su cuerpo, y comenzó a menearse al ritmo de la música de la fiesta: “Hey, Stoopid!” del rockero demoniaco al que yo emulaba con mi disfraz.

“Esta es la que más me gusta de ti!” me dijo Lilith y yo, malinterpretándolo, tuve la sensación de que me tomaba el pelo. Entonces reaccioné. Me di cuenta que si yo quería llegar algún sitio con esa mujer, la cama por ejemplo, tendría que despercudirme de mi estúpida timidez. Al fin de cuentas, era ella la que se había acercado a mí, pero yo no haría nada para que rebotara, sino todo lo contrario.

“¿Deseas tomar algo, Lilith?”

“Sí, tráeme una Mimosa, cariño!”

Así que me dirigí al bar a traer los cocteles, alegre de haber tomado la iniciativa.

No sé cuánto cocteles, Mimosas ella y Tequila Sunrise yo, tomamos esa noche, pero recuerdo que estábamos bailando “Down by the River” de Neil Young, muy pegados, sobando nuestros cuerpos, embriagados en alcohol y el néctar del deseo. No estará demás decirles, para cerrar esta aventura de la noche de Halloween, que nos fuimos a la cama. Si hicimos sexo, no lo sé, porque no recuerdo nada. Solo desperté como al mediodía del sábado con Lilith desnuda a mi lado en un del cuarto de un motel de Hollywood, y con un dolor de cabeza producto del alcohol bebido.

“¿Aló, mamá?” dije sentado en la cama del motel mientras Lilith dormía. “Sí, me tomé una copas de más y preferí quedarme en casa de unos amigos… disculpa que no te haya llamado, mom… Llego más tarde, no te preocupes de nada, ok?” y colgué.

“¿Con quién hablabas, Alice? Me preguntó suavemente y entresueños la adorable mujer que yacía en la cama, sin mostrar ningún reparo de su desnudez… ni de lo embelesado de mi mirada. Al contrario, Lilith comenzó a estirar sus brazos y piernas, y luego a contorsionarse sobre las sabanas. Si anoche no habíamos fornicado ya no me importaba, porque lo que veía ahora era más que una descarada invitación a hacerlo.

No sé a qué horas me dormí, solo recuerdo que bebíamos una mezcla de whisky americano, Jean Beam, con jugo de fresas y hacíamos sexo, luego más alcohol y más sexo, hasta perderme en la oscuridad de la nada.

De pronto desperté, y tuve la impresión de que despertaba nuevamente de otro sueño, porque todo lo que veía a mí alrededor ya lo había visto anteriormente, era como un Déjà Vu. Mi somnolienta mirada se paseó lentamente por la habitación, constatando que allí estaba Lilith, impúdicamente desnuda sobre la cama, en una pose inverosímil, mostrándome el Agujero Negro del centro de la Vía láctea, además el mismo cuadro en la pared, el mismo teléfono, la misma mesa de noche y lámpara. Todo era igual, a excepción de la ruma de botellas vacías, servilletas sucias y huesos carcomidos de las docenas de alitas de pollo que habíamos tirado dentro de un embase de cartón del KFK sobre la mesa, lo que me demostraba que no había soñado sino haber despertado antes en el mismo lugar.

“Holy shit!” exclamé al percatarme que era el mediodía del domingo.

“Aló mamá…! -dije cuando oí su débil voz a otro lado de la línea-… discúlpame, se me hizo tarde otra vez y volví a quedarme con mis amigos… pero esta tarde regreso a casa, mamá, no te preocupes!” No era posible. Jamás antes me había ausentado de casa de esta manera, sin ni siquiera llamar anunciando que no iba a llegar. Pero la cautivante belleza y exótica personalidad de Lilith, además del sexo y alcohol, me hacía perder la noción del tiempo y de mis responsabilidades.

Un atisbo de lucidez llegó a mi mente, en esa habitación del motel, y me hizo pensar que lo mejor era alejarme de Lilith. Realmente no sabía nada de ella a excepción de su nombre, si este era verdadero, y tampoco puedo decir que estaba enamorado de ella. Aunque no puedo negar que me gustaba de sobremanera y el solo hecho de recordar su cuerpo desnudo y lo que hicimos hizo que una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Pero sacudí mi cabeza para alejar la malsana idea.

Cuando entré al baño a darme una ducha, ya había tomado la firme resolución de irme tan pronto me vistiera, así Lilith estuviera dormida. El agua caliente de la ducha comenzó a despejar el malestar de la resaca que sentía y me relajé girando alrededor del chorro de agua… Lamentablemente no duró mucho la sensación de libertad que tenía, porque Lilith entró y se hizo dueña de la situación. Creo que es en vano dar los detalles de lo que sucedió allí, mientras el agua caía incesantemente. Solo diré que volví a sucumbir ante sus encantos y la habilidad amatoria que ella tenía.

Desperté en la oscuridad, vi la silueta de Lilith a mi lado, y sin pensarlo dos veces ni hacer ruido me vestí y salí de la habitación.

Afuera del motel, el frio de la noche terminó por despertarme, así que caminé al parqueadero, tomé mi auto y me marché rumbo a casa. La sensación de libertad había vuelto a mí otra vez.

“Mamá!… -exclamé al verla que despertaba, sentada en el sillón de la sala de la casa-… perdona por mi descuido de estos días!” le dije con sinceridad y ternura, abrazándola fuertemente.

“No te preocupes, Raulito. Lo importante es que estés en casa!” Me dijo al oído cuando la abrazaba, sin regañarme en absoluto.

Sí, tengo 22 años y aun soy lo que muchos dicen: “hijo de mamá”, cuando la mayoría de mis amigos de la universidad de medicina viven fuera de casa, solos, con amigos de la facultad o enamoradas. Pero creo que sería injusto que yo la dejara ahora, después de que ella eligió mantenerse sola, sin compromiso, luego de la muerte de mi padre en un accidente, para cuidar de mí con tanto esmero. Más aun si, a pesar de su juventud, 40 años, sufría del corazón de una manera irremediable y ya estaba en una lista de espera para un trasplante… que no llegaba. Yo era testigo de verla como su salud se iba deteriorando más y más, así como pasaba el tiempo, y temía que muriera antes de llegar a la meta del quirófano.

Esa noche me fui a la cama arrepentido de mi mal obrar y de haber puesto en riesgo la salud de mi madre, además del cargo de conciencia en el supuesto pero probable caso de que hubiera habido una emergencia y no haber estado allí para auxiliarla.

Sin embargo, mi subconsciente me despertó a las 3 de madrugada, sudando y anhelando tener a Lilith a mi lado. Por mis ojos o mi mente desfilaban escenas obscenas, pornográficas, del recuerdo de los breves días y noches compartidos con ella. Yo trataba de que esas ideas se fueran de mi mente. Me volteaba y re-volteaba en mi cama, tratando de distraerme y quedarme dormido, pero fue en vano, las imágenes no se iban. Miré el reloj de pared. “Las cuatro, mejor me levanto!” me dije a mí mismo y fui a darme una ducha.

En el camino a la universidad y durante las clases, el rostro y exuberante cuerpo de Lilith aparecían como destellos brevísimos, que no pude evitarlos.

A la salida, cuando iba acompañado de un grupo de amigos con dirección al parqueadero, pude ver desde lejos a Lilith recostada en mi auto, así que me despedí de mis amigos y fui hacia ella.

LucreciaEsta vez ella vestía recatadamente, con una especie de túnica negra de mangas largas, sujetada en la cintura por un cinturón de apariencia metálica y debajo unos pantalones cortos de lycra que le cubrían los muslos, además de las medias negras y botas del mismo color. Pero lo más impresionante era la belleza y serenidad de su rostro. Ninguna malsana idea vino a mi mente esta vez, sino pronunciar para mis adentros, mientras me acercaba: “Dios mío, parece una virgencita!”

Y no pude resistirme. Al contrario, mi ego se regocijó con su compañía.

Al poco tiempo de iniciada esta relación ya no supe distinguir entre el deseo sexual que sentía por Lilith o el amor. Todo lo que sabía era que no podía vivir sin verla. De esa manera descuidé mis estudios y, peor aún, mis ausencias de casa empeoraron la salud de mi madre… pero ya nada me importaba.

Perdí a la mayoría de mis amigos, porque Lilith se comportaba de manera muy arrogante con ellos, y cada vez fui alejándome de todo lo que representaba mi yo. Ahora solo asistía a los lugares preferidos de ella y con la gente de su entorno, quienes me miraban con desdén, como si fuera poco hombre para Lilith.  “Alice, te tienen envidia!” me decía cuando le reclamaba lo esnobistas que eran ellos… Y ella persistía en llamarme “Alice” a pesar de haberle remarcado mi nombre: “Raúl!!!”

Y así pasaron los meses y yo cada vez más sumiso a la voluntad de Lilith, aunque confieso que me sentía más feliz que nunca. Hasta que llegó el mes de aniversario de nuestro amor: Octubre.

“Alice, vamos a tener una reunión muy importante para los preparativos de Halloween… -me dijo Lilith entre sudores después de nuestro consabido e insaciable rito sexual-… y quiero que me acompañes porque el Maestro quiere conocerte!”

“Pero… creo que ya me lo presentaste una vez!”

“No. Este es el Maestro Mayor, el Maestro de maestros, y viene de Europa para los preparativos y la ceremonia principal! Él me tiene una especial consideración y, repito, quiere conocerte. No me defraudes!!!”

Y así, lo que ella dijo se hizo. Esa noche, unas semanas antes del 31 de Octubre asistí acompañando a Lilith a una casona a las afueras de Los Ángeles.

Estábamos en una espaciosa pero lúgubre sala que más parecía el de una Iglesia. Había mucha gente, sentados en unas bancas de madera, vestidos con una túnica negra que les cubría de pies a la cabeza, de esa manera no sabíamos quién era quién. Nosotros no éramos la excepción en nuestro vestir, aunque el color de nuestras túnicas nos diferenciaba del resto ya que eran de color rojo.

El sonido de un órgano llenaba la sala con una melodía que había oído en las películas de terror: “Dark Moon” de Paul Mottram. Así que yo pensé que todo esto era el montaje para una farsa y me preparé a disfrutarlo.

No puedo negar que la entrada del Gran Maestro fue espectacular. Primero, en total silencio la sala se llenó de una densa nube que apestaba a azufre. Luego se oyó la música estridente de un rock interpretada al revés que daba escalofríos. Entonces, de la penumbra apareció un inmenso… ¿Hombre? No. Este tenía facciones de hombre pero era del color rojo y tenía cuernos y cola. Y no se detuvo hasta llegar al pódium que le habían preparado.

De pronto me miró, y un escalofrío recorrió mi cuerpo y no deje de temblar.

Lilith tuvo que sostenerme de un brazo para no caer al suelo. “Animo, Alice, no me defraudes!”

diablo“Dios mío, es el mismísimo Diablo!!!” exclamé sin palabras. Y el Maestro de maestros gruño, como leyendo mis pensamientos, escandalizado de haber dicho “Dios” para mis adentros, y no dejé de temblar. Pero lo peor estaba por venir.

Lucifer habló con voz tétrica, aliento putrefacto y sin rodeos: “Lilith, tienes que traerme el corazón de la madre de tu pareja, sino no podrás renovar el contrato de la vida eterna!!!” Y dando media vuelta se marchó, en medio de gritos y llantos que los concurrentes lanzaban como alabanza al gran Maestro.

Yo ya no era consciente de lo que sucedía a mí alrededor. El pedido del demonio o la farsa de este me había aturdido totalmente.

Así, solo pude reaccionar cuando Lilith detuvo el auto, en un recodo del camino de regreso a Los Ángeles. Ella me miró en silencio, en la penumbra y soledad del camino.

“Alice, no me defraudes, seremos eternos y podrás poseerme cuando quieras y para siempre!”

“Lilith, mi madre es lo que más quiero, no puedes pedirme eso!”

“Tu madre ya no vivirá mucho, Alice, ella está muy enferma y a punto de morir. Por el contrario, si haces lo que te pido, tú… y yo… tendremos la vida eterna a cambio!”

Lilith me beso tan pronto dejó de hablar para no darme la oportunidad de replicar su pedido, mientras que con sus manos manoseaba mi miembro viril para lograr mi excitación. Así, una vez que lo logró cambió sus manos por sus labios y ardiente lengua, sin dar tregua a que el raciocinio llegara a mí, y al oírme gemir se posó sobre él para fornicar con violencia en el limitado espacio de auto. Debo confesar que el lado de mi instinto animal de mi ser se había apodera de mi conducta y en el momento culminante del éxtasis sexual sentí que mi alma ardía y vi fugazmente al demonio lanzando una carcajada por su triunfo.

Lilith me dejó en el parqueadero donde había dejado mi auto y se marchó en silencio.

Yo, como un verdadero zombi, es decir como un muerto sin alma ni pensamiento, tomé mi auto y conduje a casa sin ser consciente de cómo lo hacía. Solo me percaté del lugar en donde estaba cuando me detuve frente de mi casa. Allí me vino el alma al cuerpo y lloré, lloré por un largo rato. Avergonzado de lo bajo que había llegado. Hasta que oí que alguien tocaba débilmente las empañadas lunas de mi auto. Al abrir la puerta de mi auto vi a mi madre frente a mí… y no pude contener mis sentimientos.

Salí de auto tambaleándome y llorando abracé a mi viejita linda, llenándola de besos como nunca lo había hecho, diciéndole que la amaba más a que a mi vida y prometiendo, para mis adentros, que jamás volvería a ver a la demoniaca de Lilith. Mientras mi madre me consolaba diciéndome: “No debes tomar demasiado hijito!” creyendo que el desborde de mis emociones eran producto del alcohol.

Al día siguiente mi madre quiso servirme el desayuno pero no pudo, así que fui yo quien la atendió y luego me marché a la escuela preocupado de lo débil de ella estaba.

En el camino y durante las clase no pensé en Lilith, ni su imagen vino a mí como en otras veces, y me sentí libre de su malévola influencia. Cuando salí y me dirigí al parqueadero tampoco estaba ella. Así que me fui a casa, feliz de haberme librado de Lilith.

De regreso encontré a una ambulancia de los paramédicos parqueado en la acera, frente la puerta de mi casa. Adentro, en la sala, estaba mi madre reclinada en el sofá, siendo atendida por dos de ellos.

“Ya hemos estabilizado sus signos vitales, pero tiene que llevarla al doctor en la brevedad!” Me dijo uno de los paramédicos. Y así lo hice, esa misma noche llevé a mi madre al hospital para que el doctor la vea.

“El tiempo de tu madre se ha agotado, la próxima vez tendremos que usar las maquinas para mantenerla viva… su corazón ya no responderá!” me dijo su doctor con cruda sinceridad. Y agregó: “Tiene que quedarse. En el muy probable caso de un  próximo paro cardiaco, los paramédicos no llegarían a tiempo para auxiliarla!”

Pero yo repliqué firmemente: “Doctor, quiero a mi madre en casa, Ud. sabe que ya casi soy un medico y sé cómo cuidarla!”

Llevé a mamá de regreso a casa y allí la acosté lo más cómodamente posible. “Yo te cuidaré mamita linda, duerme tranquila!” le dije y le di un beso en la mejilla. Luego me fui a dormir.

Pero en la medianoche, en pleno sueño o despierto, no sé, escuché la voz del doctor del hospital que me decía repetidas veces: “El tiempo de tu madre se ha agotado, la próxima vez tendremos que usar las maquinas para mantenerla viva… su corazón ya no responderá!” Y de pronto, de la nada, apareció el virginal rostro de Lilith ante mis ojos, diciéndome: “Tu madre ya no vivirá mucho, Alice, ella está muy enferma y a punto de morir. Por el contrario, si haces lo que te pido, tú… y yo… tendremos la vida eterna a cambio!”. Lilith estaba arrodillada sobre mi cama, acariciándome mientras hablaba, y sin darme más oportunidad hizo lo mismo de la última vez, en el auto. Pero en esta oportunidad yo estaba decidido a no permitirlo, así que traté de alejarla empujando su rostro fuera de mi sexo, pero no pude desprenderla. Entonces la agarré de los cabellos y sin ningún miramiento la sacudí enérgicamente para que me soltara… y tampoco lo logré. Y en la desesperación grité, porque en mi alma sentía que la razón y mis valores sucumbían ante la sensación del instinto animal del placer… y no pensé más… solo gocé de la exquisita lujuria que me brindaba los ardientes labios de Lilith… toda la noche, suavemente y de manera interminable… pero sin llegar al éxtasis.

De pronto desperté y mi único pensamiento era ver a Lilith y de fornicar una eternidad. Salí de casa, desesperado, sin despedirme de mi madre, para buscar a Lilith.

Su teléfono no contestaba a mis llamadas y yo desesperaba cada vez más y más, porque ya había dejado decenas de mensajes pero ella no respondía. Así, rogué no sé a quién, poder encontrarla en su tienda, en la antesala de su casa, de suvenires satánicos que vendía de manera legal al público, en Santa Mónica.

Cuando llegué la encontré detrás de un escritorio, sentada en su sillón reclinable. Me acerqué y sin más me arrodillé ante ella y me hundí en su regazo, y entre sollozos le pedí perdón. Le dije que estaba dispuesto a hacer lo que me pedía, pero que no me dejara. Ella acarició mi cabello y lentamente se limitó a subirse la falda y separar sus rodillas para que yo alcanzara sus ya húmedos y ardientes labios. No sé cuánto tiempo estuvimos embriagados en el sexo, porque lo que empezó en el sillón reclinable de su escritorio, continuó en la bañera, en el piso del corredor, en la cocina, para finalmente despertarme en su cama.  Creo que esta vez mi conciencia moral había muerto definitivamente, porque no sentía ningún remordimiento, al contrario, estaba tranquilo, y se puede decir que hasta feliz, porque mi ansiedad había acabado. Ahora no solo sabía lo que tenía que hacer, sino que estaba dispuesto a llevarlo a cabo. Luego salimos a un Coffee Shop cercano.

Lilith, mientras tomábamos un café en la calle, me dijo: “Alice, te he preparado una lista de lo que tienes que tener preparado… -y lo leyó antes de entregármelo-… Una caja conservadora de tamaño apropiado y mucho hielo. Una solución anticongelante y una solución salina… todo eso lo consigues en una farmacia. Lo del alcohol yodado, guantes, bisturí y otras cosas ya lo sabes, tú eres ya un doctor…” y yo guardé la lista en el bolsillo de mi chaqueta. Luego del café volvimos a la cama y esta vez fue ella la que se paseó por todo mi cuerpo. Ya en la tarde me despedí de Lilith con un acuerdo de reunirnos más tarde para la ceremonia de esa noche.

De regreso a casa compré todo lo necesario en el camino porque sabía que no habría más tiempo. Y así fue, ya que encontré a mi madre totalmente inerte sobre el sofá. No me distraje en nada y fui directamente a donde ella. Chequeé su pulso y comprobé que los latidos de su corazón eran muy débiles y desacompasados, como el sonido del motor de una carcocha próxima a apagarse definitivamente. Juro que mis sentimientos habían desaparecido y ahora actuaba con la frialdad profesional de un medico. Acto seguido, a sabiendas que ya no había marcha atrás, descubrí el pecho de mi madre, limpié la zona de su corazón y alrededores con alcohol yodado y le inyecté una solución apropiada directo al corazón… ya no había vuelta atrás.

Antes de salir de casa e ir al encuentro de Lilith, revisé que todo esté en orden, y lo estaba, ahora ya no había más tiempo que perder. Entonces, tomé el teléfono, marqué 911 y llamé a los paramédicos, ellos comprenderían. Y salí raudo al encuentro del destino, cualquiera que fuera este.

“Alice, lo trajiste?” me dijo Lilith ansiosa.

Y yo, sonriendo, levante la caja conservadora.

“Wow, Alice, te adoro, nunca te vi tan seguro de ti mismo, me gustas!”

Y sin más dilación nos fuimos con rumbo al lugar en donde se llevaría a cabo la diabólica Ceremonia.

Por el camino, solo tuve un instante de debilidad cuando el cuento “El Ruiseñor y la Rosa” de Oscar Wilde y “Balada Catalana” de Vicente Balaget llegaron a mi mente, y una lagrima rodó por mi mejilla. Pero me repuse inmediatamente.

Ya era de noche y parecía que la carretera era solo para nosotros. Dentro del auto reinaba el silencio. Entonces en un recodo del camino me detuve y encendí la luz interior. Lilith estaba extrañada por haber detenido el auto y me miro directamente a los ojos. Yo no sé lo que vio en los míos, pero lanzó un grito descomunal.

De vuelta a la carretera conduje desenfrenadamente, casi como un loco, pero sabiendo perfectamente lo que hacía.

Freneé haciendo rechinar las llantas de mi auto, frente a la puerta de emergencia del hospital, y corriendo por el pasillo de este llegué al quirófano en donde estaba mi madre y grité:

“Doctor, ya puede operar a mi madre, aquí traigo un corazón!”

 

21
Mar
13

Atrapada en una Pesadilla

Atrapada en una Pesadilla

“Hola doctora”.

“Adelante, por favor, siéntese lo más cómoda posible”.

“Gracias, doctora, gracias”.

“¿Y en que puedo ayudarla?”

 “Doctora, mi nombre es María Luz Cielo, tengo 35 años y mi marido 38. Tenemos tres hijos de 12, 11 y 6 años. El menor, Carlos Alberto,  fue nuestro último intento, luego de un lapso de cinco años que habíamos decidido no tener más hijos, por tener una mujercita en la familia. Pero igual, eso solo lo pensamos antes de tenerlo…” entonces María Luz hizo una pausa, tragó saliva o algo muy parecido al falso orgullo propio, debido a que sentía una gran vergüenza de hablar acerca de algo tan íntimo, aun cuando tenía al frente a una doctora en siquiatría y estar absolutamente solas. Pero, venciendo esa barrera interna, se animó a hablar, pues para eso había hecho la cita con anterioridad.

 “La razón por la que he venido, doctora, es que últimamente he tenido horribles pesadillas”.

“Las pesadillas son eso, María luz, sueños horribles, y muchas veces sin aparente sentido, ya que son temores disfrazados…” comentó la doctora amablemente, a manera de relajarla, para que a María le sea más fácil ser más especifica en explicar su problema.

“Doctora, sueño que, por alguna razón que desconozco, estoy recluida en un sanatorio para enfermos mentales… Es horrible, doctora, en mi sueño estoy en una sala rodeada de gente alterada con las que no puedo compartir las más mínima conversación, digo esto por solo mencionar lo básico entre otras actividades en las que me veo forzada a participar, si se puede llamar participar a estar totalmente quieta, sin hablar, ni moverme, como una muerta, como si mi mente no estuviera allí. Pero, además de esa tortura sicológica, recibo el constante maltrato por parte de los doctores y enfermaras, ya que me tratan como una paciente y yo me opongo, porque estoy totalmente cuerda. Pero ellos no me hacen caso, no me prestan atención, no escuchan mis explicaciones. Yo me enfrento a la terapia que me dan, no quiero los electroshocks, ni los baños con agua helada, pero no puedo luchar contra ellos y finalmente me vencen.  Solo tengo paz cuando, en mi pesadilla, me llevan o logro refugiarme en mi dormitorio y me duermo. Es en ese momento en que por fin logro despertar y ver a mi esposo a mi lado, dormido. Pero el sueño me deja muy alterada, nerviosa, asustada a que pueda verdaderamente perder la razón.”

“María Luz… -empezó a interrogarla la doctora-… ¿Acaso son siempre las mismas pesadillas, una secuencia de ellas con ese mismo tema o totalmente diferentes?”

“Doctora, ahora hasta tengo miedo irme a dormir, porque las pesadillas han sido repetitivas, sino diferentes, aunque relacionadas con el mismo tema… No obstante, tengo otras que empiezan muy lindo, pero se vuelven horribles, al extremo que me sacudo, muevo mis brazos y grito para lograr salir del mal sueño, pero no lo logro fácilmente.”

“¿Y cómo son esas pesadillas?” preguntó con avidez la doctora, adivinando que por allí podría encontrar la explicación del tormento onírico.

“Como le dije, doctora, empiezan muy lindas porque estamos en casa con mucha alegría, preparando nuestro equipaje ya que nos vamos de camping por tres días. Los niños se ven muy animados preparando sus mochilas con sus pertenencias personales. Mi marido se encarga de preparar el equipo de la tienda de campaña, los sacos de dormir y de la caja conservadora para los refrigerios, y empacar, además de todo lo que concierne al mantenimiento de la camioneta 4×4 en que viajaremos. Yo me encargo de los sándwiches y jugos que llevaremos para el camino, además de escoger toda la comida fresca y conservada para los tres días. Además de todo lo concerniente a Carlos Alberto.”

“Tienes mucha razón, María Luz, lo que me cuentas es muy lindo porque con mi familia también hemos hecho esos viajes, que son muy extenuantes pero maravillosos…-comentó la doctora, y añadió-…  Ahora dime, ¿cuándo o qué torna a ese sueño en una pesadilla?”.

“Doctora, trataré de ser breve y le diré directamente que sueño que estamos viajando al Cañón del Colorado por la carretera 66, admirando la belleza del paisaje, pero al oscurecer vamos por un atajo que va por el borde de este. Esta vía no está asfaltada y es muy agreste. Yo le digo, mejor dicho, le ruego a mi esposo a que regrese a la vía principal y que nos hospedemos en un motel, solo por esa noche. Pero él insiste que conoce la vía y que no me preocupe de nada, porque ya la recorrió con sus padres cuando era un adolecente. Doctora, allí es cuando empieza mi desesperación, presiento que algo muy malo nos va a pasar, especialmente cuando la camioneta empieza a dar tumbos por el mal estado del camino. Doctora, eso ya lo he soñado repetidas veces y sé lo que viene. Reconozco el lugar que transitamos y sé que un terrible accidente va a ocurrir. Le ruego a mi esposo que pare, que no continúe, pero él no me escucha y vamos a lo que ya sé, nuestro fatídico destino. Doctora, en un recodo de la carretera aparece un camioneta pick up de gran tamaño, creo que le llaman Big-Foot, que viene en sentido contrario, con las luces muy potentes encendidas, y mi esposo pierde el sentido de orientación. Doctora, dios mío, nos desbarrancamos. Lo he soñado ya tantas veces, sin embargo siempre sufro lo indecible, sino igual, peor. Veo como todo da vueltas dentro de la camioneta, cayendo por el precipicio, oigo los gritos de mi esposo y de mis hijos. Dios mío, mis hijos, mis hijos, cada vez que sueño esto los veo morir, pero me doy cuenta que estoy dentro de una pesadilla y hago lo posible por despertar… entonces todo oscurece y súbitamente lo logro. Doctora, ya se podrá imaginar Ud. lo alterada que me encuentro cuando despierto en la cama, a lado de mi esposo. A veces él se despierta y me abraza, protegiéndome, y me dice: “Mary, tuviste un mal sueño, te escuché gemir mientras te movías angustiada…”. Luego me levanto, voy a buscar a mis hijos en su dormitorio y los veo allí, sanos, durmiendo plácidamente, entonces los acaricio sin despertarlos, me siento feliz de encontrarlos en sus camas. Luego, mi rutina diaria me envuelve, me doy una ducha fría que logra disipar mi preocupación, y así, preparo el desayuno, despido a mi esposo cuando va al trabajo, llevo a mis hijos al colegio y me voy a la oficina legal en donde trabajo como secretaria ejecutiva… es decir ya no tengo tiempo para pensar nuevamente en la pesadilla, pero luego de un tiempo, dos o tres semanas, o a veces meses, la pesadilla regresa.”

María Luz mira fijamente a la doctora, angustiada, en espera de una respuesta, y esta le dice, sin mucha preocupación: “Querida, María Luz, te voy a prescribir unas pastillas para que puedas relajarte durante el sueño y puedas dormir bien, estas desaparecerán con el tiempo.”

María Luz regresa más tranquila a casa y esa noche, luego de acostar a sus hijos, sigue las recomendaciones de la doctora, tomando las patillas relajantes antes de ir a dormir en brazos de su amado esposo.

“Pobre mujer… -comenta un doctor en una junta de médicos de un hospital para enfermedades mentales-… no hemos logrado traerla a la realidad desde el accidente que tuvo, hace dos meses, en donde perecieron su esposo y sus tres hijos. Cuando abre los ojos no deja de gritar desesperadamente, hasta que la sedamos con tranquilizantes para hacerla dormir, entonces se calma y hasta sonríe constantemente como si viviera un lindo sueño.”

02
Sep
12

LA DESPEDIDA

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John miraba el triste rostro de su esposa ante su inminente partida. Quería consolarla pero temía causarle más pena aun. Por eso solo atinó a decirle: “Joanna, eres muy bella, amor, y te recordaré cada día que esté lejos de ti.”

Joanna era una mujer de mediana edad cuyo lozano rostro había envejecido recientemente debido a la tristeza provocada.

Ella, aferrada a las manos de su marido, le dijo: “Nunca nos habíamos separado antes. No sé lo que es estar lejos de ti, y me da mucho miedo”.

“No será por mucho tiempo, querida… -repuso John, y agregó-… aunque en estas cosas todo es muy relativo”.

“¿Y si me llevas contigo… hoy?”

“Mmm ya lo hablamos querida y sabes que no es una opción… Pero no hablemos mas de eso, no tiene importancia. Lo que me preocupa es como quedan las cosas. ¿Podrás controlar todo lo que acordamos hasta el día que vengas a mi lado?”

“Sí. Puedo valerme por mi misma, pero lo que me da miedo es hacer ese viaje sola”.

“No te preocupes, yo estaré esperando tu llegada”.

John, sabiendo que la hora había llegado, besó los labios de su amada y sintió el sabor salado de las lágrimas que rodaban por la mejilla de ella. Joanna tembló, abrazó fuertemente los hombros de su marido y le correspondió el beso de despedida como queriendo entregarle su corazón.

John, esa misma noche, a los pocos minutos de haber besado a su amada, y con una dulce sonrisa en los labios, cayó en un ya previsto coma profundo del que no despertaría.

30
Abr
11

¿ADICTO AL SEXO?


Estoy en la recamara de un hotel, de cinco estrellas porque esta noche será especial, recostado en la cama, desnudo pero cubierto discretamente, luego de haberme duchado. Tengo mis dedos entrelazados reposando entre mi húmeda nuca y la almohada, en espera que mi pareja salga del baño y venga a recostarse conmigo, a mi lado, para hacer lo que ya teníamos propuesto hacer desde mucho antes que entráramos al hotel. No está demás decir que yo venía preparado para la faena, no había bebido nada de alcohol ni comido más de un bocado en el preámbulo que hicimos antes de subir a la recamara, porque definitivamente pensaba fornicar toda la noche… ¿Seré adicto al sexo?
Pero ya no soy joven, y ni los ejercicios que hago diario para mantenerme en “forma” (léase: “listo para el sexo”) dan los resultados esperados, y lo que antes era un cóndor ahora es un tímido pingüinito. Así que, con antelación, fui a ver a un doctor para que me recete la bendita pastilla del Viagra. Tengo 60 años de edad, y por lo menos 45 fornicando como gallo loco, y no pude evitar que una idea cruzara mi mente… ¿Seré adicto al sexo?
Entonces apareció la deseada hembra, en el marco de la puerta, vistiendo un breve y transparente “baby doll”, a contraluz entre la semipenumbra de la recamara y la luz del baño, posando, con un brazo en alto y la otra mano apoyada en su carnosa cadera, mirándome seductoramente, muy segura de sí misma que muy pronto iba a conseguir su pecaminoso propósito. En mí, lo que tenía que erguirse se irguió, y agradecí a la bendita pastilla azul el milagro. Entonces me quedé absorto mirando su espectacular figura, mientras por mi mente hacía el recuento de la docena de condones de colores y sabores que había traído con mucha ilusión… ¿Seré adicto al sexo?
La opulenta y voluptuosa mujer vino caminando lentamente hacia mí, moviendo sus caderas, para provocarme la libido o, ya provocada en ella misma, por el anhelo de devorar su apetecible bocado que la sabana no podía ocultar.
Yo me mantuve quieto, tranquilo, y seguí recostado en la cama, dejando que ella tome la iniciativa y despliegue todo lo que su imaginación de hembra en celo le provoque hacer. ¿Acaso soy un diablo en la cama? No, soy más que eso, soy viejo y aunque necesito Viagra la experiencia de la vida es mi aliada… ¿Seré adicto al Sexo?
Ella se detuvo a sólo un metro de la cama y empezó a bailar suavemente, girando y contorsionando sus caderas y hombros, haciendo danzar su ombligo, frotando con sus manos las protuberancias y pliegues de su cuerpo, despeinándose y meneando su cabellera, e inclinándose a recoger cosas imaginarias del suelo, sólo para mostrarme la sinopsis de lo que más tarde me enseñaría al detalle, y en mi alma sentí crecer el dulce sabor de la lujuria. Los latidos de mi corazón se acrecentaron y mi respiración se transformó en una secuencia de profundos suspiros. Ella no me miraba a los ojos para no perturbar mi gozo, pero yo creí descubrir en su dulce rostro que la danza erótica la afectaba a ella también, hasta que se quitó el “Baby doll” y vino hacia mí… ¿Seré adicto al sexo?
Debo confesar que ella no es la joven ni esbelta mujer que Uds. se imaginan. Entonces, ¿Porqué hacerle el amor?… O acaso… ¿Seré adicto al sexo?
Bueno, les diré que ella ya perdió la lozanía de su piel, y los contornos de su cuerpo no son los que conocí en su juventud, ha perdido unos dientes que fueron reemplazados a la perfección, y en su rostro hay arrugas que ya son imposibles de ocultar. Aun así, ésta noche deseo hacerle el amor de una manera inolvidable… ¿Seré adicto al Sexo?
Mmm… No lo creo… O al menos, no exactamente. Pero sí creo, que lo justo sería decir que Soy Adicto a Ella. Porque llevamos 38 años de casados y 46 de enamorados, y la adoro con toda mi alma. Sí, soy un irremediable adicto, porque sin ella no podría vivir… Y ésta noche es nuestro 38 Aniversario.
“Apaga ya la luz cariño… y ven”

04
Jun
10

EL CAMORY

Era exactamente el verano del 62’ cuando sentí que el mundo cambió para mí. Tenía 14 años y de pronto algo despertó muy dentro de mi espíritu que me hizo percibir una avalancha de sensaciones y experiencias que no lograba entender. Crecí, mi voz se hizo grave y mis axilas y pelvis se enmarañaron de vellos. Y de pronto descubrí una música que traducía el caos de las emociones que fluían por mis venas, además del cóctel de hormonas que me hacían vibrar al ritmo de los bajos y guitarras eléctricas. Claro que el rock ya había aparecido hacía siete años con Elvis Presley, Bill Halley, Chuck Berry y otros, pero para mí aparecieron recién ese verano junto con Paul Anka y Neil Sedaka, a quienes no entendía lo que decían debido al idioma Ingles, lo mismo que yo a mis padres sin tener esa barrera, pero Los Teen Tops tuvieron la virtud de ser los primeros en ponerlo en español.

Desde que nací había escuchado la música peruana, criolla y andina, por la radio y en las aburridísimas fiestas familiares. También era de mi entorno musical las guarachas o música afrocubana, y bien recuerdo a la Sonora Matancera y su larga fila de vocalistas súper estrellas y al trío de Los Compadres. Pero en general era una música que, como dicen, me entraba por una oreja y salía por la otra, sin alterar para nada de nada en mí, ni tampoco lo esperaba porque jamás había tenido una experiencia que me hiciera saber que había algo más.

Una tarde, justo el 1 de Enero del 62, luego de jugar un partido de fulbito en la pista de patinaje del parque “El Porvenir” hasta el cansancio y la semipenumbra del comienzo de la noche, mi amigo Federico me dijo “Bebe, te invito una chicha morada”. “Claro, y yo pongo los Chancais (pasteles)” le respondí, pero añadí algo más: “No me llames Bebe… Sólo dime Mikey”. En unos meses más cumpliría 15 años y mis padres, mis hermanos y amigos mas cercanos del barrio me seguían llamando “El Bebe”, y yo ya no lo soportaba. Sólo en el colegio Salesianos, lejos del barrio y mi casa, me llamaba por mi nombre real Michaelangelo, aunque preferían decirme Mike, Mikey o Miki.

Cruzamos la pista de la concurrida avenida Bolívar, abrazados como compadres del alma que éramos, jodiendo a los choferes de los vehículos, que tenían frenar para no atropellarnos mientras los maldecíamos degradándoles a sus madres. Y entramos a una pastelería del barrio, justo frente al parque, que sólo había visto desde lejos destellar su nombre con sus luces de neón… “El Camory”.

Las pastelerías en general no eran de mi agrado desde que una vez, de muy niño, me atraparon robando. Yo vivía en un barrio de clase media, en esos tiempos porque luego se deterioró mucho, en el Block 22 de la Avenida 28 de Julio, a sólo dos blocks del parque Porvenir, en condiciones que podemos considerar decentes, lugar en donde, justo a la vuelta de la esquina, había un corralón o terreno baldío, cercado con una pared de adobe y un único portón como fachada, vecindario clandestino de un solo caño de agua potable y una sola letrina para más de diez familias que habían construido sus ‘casa’ de esteras y cartón, lugar en donde, lógicamente, estaba inundado de niños. Niños que eran muy pobres y que vivían casi en completo abandono. Sí, estos niños, cuando yo tenía mis escasos 7 años, eran mis más entrañables amigos con quienes compartía mis juguetes, golosinas y, de cuando en cuando, les regalaba la ropa que ya no usaba. Fue con ellos con quienes tuve muchas experiencias, y una de ellas, la primera vez en mi vida, de dormir fuera de casa, en la intemperie de la calle, lógicamente, sin ningún permiso. Claro que, al contrario de los otros niños del grupo, fui extremadamente inconsciente de la preocupación que les ocasioné a mis padres al no regresar hasta el día siguiente. Fue también la primera vez que dormí acurrucado debajo de la escalera de un edificio protegido con papeles de periódico. La experiencia fue divertida mientras contábamos historias, hasta que llegó la hora de dormir, que era cuando cada quien caía rendido por el sueño y se dormía. Fue entonces que sentí frío y me di cuenta que el piso de cemento que tenía como colchón jamás se ablandaría. Me acordé de mi madre y de sus “buenas noches hijo” entonces quise irme a casa pero estaba atrapado, allí, sin saber como regresar. Al día siguiente, es un decir, me levanté muy temprano y comencé a despertar a mis amigos para regresar pero no me hicieron caso, hasta que la cosa cambió cuando una vieja cascarrabias salió, escoba en mano, de uno de los departamentos y nos echó del lugar. En casa, mi madre estaba al borde del colapso, sufriendo lo indecible por mi ausencia, y cuando me vio llegar me abrazó inundada en llanto preguntándome en dónde había estado. “En casa de un amigo” le dije llorando contagiado por la tristeza de ella. Realmente no recuerdo todos los detalles de mi regreso pero sí de mi resolución de jamás volver hacerlo. ¿Y mi padre? Mi padre me miraba en silencio, muy serio, aunque sin decirme ningún reproche. Felizmente mis hijos nunca me hicieron esto, cuando tenían siete años, sino mucho después, de adolescentes, y pagué en carne propia mi travesura infantil porque su madre y yo sufrimos.

El ser amigo de una pandilla de niños abandonados de siete años, en donde yo sobresalía no como líder sino porque era el único que usaba zapatos, además de pantalones corto, camisa limpia, bien peinado y con un gorrito de baseball, traía compromisos de ser y hacer lo que el grupo quería. Una de ellas era lo cotidiano en mis pequeños amigos: robar. Para ellos era una manera de vivir, a tan temprana edad, para poder sobrevivir el día a día, para mí, una experiencia única. Nunca antes me habían invitado a hacerlo, pero después de haber pasado una noche en la intemperie nuestros lazos de hermandad se habían reforzado. Ya no era el niño rico del barrio sino un hermano para ellos. “Vamos a robar unos pasteles” dijo Javier, el líder del grupo, y yo en medio de ellos con mi silencio acepté. Así, entramos a una pastelería que estaba a sólo un block de mi casa, éramos como diez niños. El dueño apenas vio al grupo de desapastrosos salió con un palo en la mano porque no era la primera vez que los veía, ni robaban. El grupo sólo entró y salió, como una ráfaga de viento, y en ese breve instante mis amigos agarraron lo que pudieron, y yo, escaso de toda experiencia, me quedé solo, pastel en mano, bloqueado por el dueño quien estaba parado en la única puerta de salida. Posiblemente me iba a apalear de no haber intervenido providencialmente la mujer del italiano, “Él es el ‘el Bebe’… el hijo de la señora Rosi… Mañana hablaré con ella” fue lo único que dijo, y su marido, reconociendo a mi familia, se hizo a un lado y me dejó pasar. Yo, pastel en mano aún, pasé delante de él, quien me miraba con el ceño fruncido y el garrote recostado en su hombro. Fue un largo vía crucis de diez pasos los que di para salir a la calle, temiendo que justo en la salida recibiría el castigo, pero no fue así. Una vez afuera caminé con dirección a mi casa inmensamente avergonzado de lo que había hecho, pero en la esquina mis amigos me estaban esperando. El grupo se reía burlándose de mí hasta que Javier me dijo que ese había sido mi bautizo, que jamás me iba a suceder lo mismo porque en una próxima me rescatarían con una lluvia de piedras contra quienes se atrevieran a detenerme, entonces escupió a la palma de su mano y me la brindó para sellar la hermanad, diciéndome: “Eres rico, nunca te detendrán y si lo hacen, te rescataremos”. Yo le miré a los ojos pensando en la humillación que había sentido cuando estuve dentro de la panadería bloqueado por el dueño y rodeado de los empleados, teniendo suficiente dinero en el bolsillo como para invitar a todos mis amigos sin tener que robar. Y desde muy dentro de mis escasos siete años salió a relucir los atisbos de mi personalidad rebelde. No dije nada, simplemente estrellé mi mano, con pastel y todo, en la palma del líder, apretándola, haciendo que el pastel se desparramara por entre nuestros dedos mientras unas lágrimas salían de mis ojos. Todos entendieron mi actitud. Luego caminamos de regreso a casa en completo silencio, y aquel escaso block de distancia se hizo larguísimo, hasta que llegamos a la esquina del barrio, en donde sin mediar ninguna palabra nos dimos un abrazo ¿de despedida? Sí. Todos sabíamos que los lazos de nuestra amistad se habían roto.

Mi madre se enteró al día siguiente de lo sucedido por intermedio de la dueña de la panadería. Ella no me dijo nada pero la vi, triste y preocupada, hablándole a mi padre en voz baja, algo tramaban. Mi escapada nocturna y el robo los había alertado acerca de mi conducta y el control que ellos tenían que ejercer sobre mí, además del compromiso de sus viajes de negocios que no podían desatender.

Las vacaciones terminaban y tenía que ir a la escuela, yo creía que iría a la misma escuelita particular de siempre pero mis padres me dijeron que me iba interno a “Los Salesianos” de la avenida Brasil. Mis hermanos estaban tristes, pero yo lo tomé muy optimistamente, como sea, ya no tenía amigos en el barrio, ni deseos de estar allí. Así, me fui por siete años a estudiar la primaria y la secundaria y hacer nuevos amigos, con esporádicas salidas cada último domingo del mes y en las vacaciones escolares anuales. Hasta el verano del 62’ en que, como les dije, todo cambió en mi.

Cuando entramos a la pastelería “El Camory”, abrazados como grandes amigo, era Federico quien llevaba la batuta de qué hacer porque yo había estado ausente del barrio por muchos años. Él cogió una bandeja en donde puso un vaso de chicha morada y un chancay, y yo lo imité. Luego fuimos a la caja registradora y pagamos lo que habíamos escogido. Cuando di media vuelta, siguiendo a Federico, recién fui consciente del lugar en donde estábamos. El local estaba lleno de adolescentes como yo, en donde las niñas, casi mujeres, me miraban con la coquetería que los andrógenos de su ya iniciada época de menstruación les daban a su feminidad. Trastabillé e hice un gran esfuerzo para seguir a mi amigo, avergonzado por el solo hecho de que las niñas me mirasen, rogando que la bandeja no se me cayera de mis temblorosas manos. Federico encontró un lugar donde sentarnos, mientras que al pasar por entre las mesas algunos chicos y chicas lo saludaban.

Yo estaba asombrado, nunca antes había visto tanta gente como yo comportarse de una manera tan independiente en un lugar público como en esa pastelería. En todo caso, ese lugar escapaba a la denominación como tal. Mis ojos no dejaban de observar todo porque todo llamaba mi atención. Los chicos vestían camisas o polos de color blanco, blue jeans y mocasines, tenían patillas, un cigarrillo en los labios y peinados a lo Elvis, Tony Curtis o James Dean, el cuello de la camisa levantado y una siempre eterna sonrisa en el rostro. Las chicas llevaban maquillado los ojos y los labios pintados, mientras un constante movimiento en su rostro denunciaba que mascaban chicle. Fui conciente que estaban muy limpios y perfumados, que para mi vergüenza comprobaba que yo apestaba, además de estar sudoso, despeinado y sucio por el juego realizado toda la tarde. Miré a mi amigo y descubrí que no estaba tan sucio como yo. Federico estaba peinado, y el polo y el pantalón corto que usaba en condiciones aceptables. Recién comprendí el porqué no se revolcó como yo lo hice al jugar. Y me avergoncé de mi mismo. De pronto, un sonido inimaginable interrumpió mis pensamientos, la Rocola aullaba una música que desconocía totalmente. “La Plaga!!!” grito Federico y saltó como expelido por un resorte de su asiento, se acercó a una mesa cercana e invitó a bailar a una preciosa chica. Él no fue el único en reaccionar de esa manera, de pronto el resto de muchachos llenaron en estrecho espacio de baile. Y lo que vi fue una imperecedera lección de cómo se baila el rock. Ellas vestían faldas amplias de color blanco o rosado, medias de colores y tenis shoes del mismo color, de pronto descubrí que todas vestían igual. Pero el baile fue toda una experiencia audiovisual inolvidable. Vi a chicos y chicas dar pasos muy acompasados, otros daban saltos y giros casi acrobáticos, pero todos siguiendo aquel vibrante ritmo de bajos, baterías, pianos y guitarras. Fue cuando sentí que una corriente eléctrica bajó desde la raíces de mis cabellos, recorrió mi cuerpo y enervó todos los poros de mi piel. Mi corazón se aceleró, y sentí que el sonido de las guitarras eléctricas se quedaban en mi alma vibrando, provocándome emociones jamás sentidas, entonces fui inundado por una repentina alegría y gozo, y quise bailar y gritar con todos “allí viene la plaga!!!… me gusta bailar!!!” y de pronto, un ángel de niña-mujer apareció en medio de la muchedumbre juvenil, bailando de la mano de su pareja y con la otra mano levantada al cielo mientras retorcía su cintura, y sus escuálidas caderas hacían bambolear su falda. Sí, fue casi una visión divina justo cuando escuchaba “y cuando está rocanroleando, es la reina del lugar” y los acordes de las guitarras volvieron a enervar mi ser, contagiado por la alegría me moví, allí, en mi asiento, siguiendo el contagiante ritmo como jamás lo había hecho con música alguna. Sí, el rock había llegado a mi alma para quedarse allí, para siempre. Por fin ese vacío provocado por el alboroto de mis hormonas de la pubertad tenían un cause común en el río del inquietante Rock and Roll.

Cuando Federico regresó a la mesa me dijo jadeando “La amiga de mi chica quiere conocerte” y yo instintivamente miré la mesa en donde estaba la chica que había bailado con mi amigo y vi, al lado de ella, a un ángel que me sonreía, la misma que había visto bailar en el centro del salón. Sí, un ángel de niña-mujer cuya hermosura a la vez que me embelezaba me intimidó. Yo no sé de donde ha salido el prototipo de mujer que llevo siempre conmigo, en ese entonces aun no conocía a la BB, ni a Sofía Loren y tampoco a Gina Lollobrigida, y menos aun Isabel Sarli, ni las revistas de Playboy habían caído en mis manos aún. Y hablando de manos, tampoco, aun, a rosi y sus cinco hermanas, así que no sé de donde diablos las mujeres rubias, pecosas y de ojos azules me apasionaban.

“No… hoy no” le dije a mi amigo porque me sentía abrumado.

Federico me habló de su enamorada, Luisa, y de su amiga, Melyssa. Me contó que recién la nochebuena la había besado y que ahora se consideraban enamorados. Me dijo también que Melyssa era hija de gitanos y que tenía dos hermanos gemelos muy celosos que llegarían pronto, además me advirtió que ella tenía un pretendiente pero que al verme yo le había gustado mucho y quería conocerme.

Terminamos la chicha morada y el chancay y yo deseaba irme, y a pesar de que el lugar y el ambiente me gustaba de sobremanera no me sentía al nivel de lo que yo consideraba mínimo en mi persona como para desenvolverme con soltura.

Se lo dije a Federico, “Ok Bebe, vámonos…” me respondió, y dejando las bandejas en el lugar correspondiente nos disponíamos a irnos.

Federico se acercó a la mesa a despedirse de su chica y yo lo seguí. Justo cuando la Rocola iniciaba un largo llanto: “Only youuuuu!!!”.

Su chica no aceptó la despedida sino que salió a bailar. Pero lo peor de todo fue que su amiga la siguió. Sí, Melyssa la siguió y vino hacia mí. Yo no sabía bailar, en realidad jamás había bailado, e iba ser la primera vez que iba a tener a una chica tan cerca de mí cuerpo. Realmente no sé que hice, pero me encontré bailando muy pegado a ella, balanceándome como un idiota, creo, y sólo atiné a seguir sus movimientos de manera muy torpe, aunque sentí su cuerpo llevarme por un paseo al cielo, pero sobreviví sin pisar sus pies. No recuerdo cómo terminamos el baile, ni cómo me despedí, sólo sé que quedamos comprometidos a patinar al día siguiente. Claro que sí recuerdo la experiencia que tuve cuando salíamos porque todos me saludaban como si fueran mis amigos, debido a que había bailado con la chica más hermosa y popular del barrio, hasta que llegué a la puerta y encontré a dos tipos, mayores que yo, que eran los mismísimos retratos de Elvis presley y James Dean, por partida doble, y que me agarraron de la solapa y encarándome me dijeron: “Oye… la chica con quien bailaste es nuestra hermanita… Ya sabes” y me soltaron, eran sus hermanos, los gemelos gitanos.

Al día siguiente, en la mañana, acepté sin ninguna objeción el insistente acoso de mi hermana mayor para bailar el rock. Ella quería practicar y yo, hasta el día anterior, me había negado a ser el títere de sus ritmos.

Pero hoy era diferente, yo quería aprender aquel inquietante ritmo que nos embrujaba a todos, y que era pieza ‘sinenquanom’ de las reuniones en “El Camory”… Lugar en donde había encontrado al ser más dulce, a quien no le había importado mi desgreñada ocasional apariencia sino que simplemente la había atraído.

En la tarde nos encontramos en la pista de patinaje, Federico, Luisa, Melyssa y yo. Y por primera vez comprobé que las maromas que tanto había practicado tenían un rédito muy importante. En la práctica, me había “pavoneado” a los ojos de todos con mi destreza natural para los movimientos arriesgados del patinaje. Y si algo de mí había atraído a la niña de mis sueños ahora la había embrujado. Sudé copiosamente pero a ella no le importó darme un beso en la mejilla al despedirnos, sólo para encontrarnos mas tarde en…

“En El Camory a las seis, ok?” me dijo Melyssa con su mirada angelical.

En casa me di un baño, no sólo de agua sino de los perfumes de mis padres y hermanos mayores, además de afeitarme lo que no poseía. Miré la foto que mi hermana tenía de Elvis pegado al espejo y copié su peinado sin lograrlo, hasta que ella apareció y me dijo que tenía que usar gomina. “Ajá…” dije, y la odiosa de mi hermana empezó a caerme bien.

En mi ropero tenía un Blue Jean, roto y gastado, que había dejado por lo apretado que me quedaba, pero que ahora creí perfecto. Escogí una camisa, blanca y de franjas rojas, que levantando sus solapas era perfecta. Me miré en el espejo y miré la foto de Elvis, entonces sonreí. Sí, ahora si estaba perfecto para el Camory.

Esa tarde fuimos al Camory, Federico, un nuevo amigo, Cooky, y yo, poco antes de las seis. Y con sendas Piñas Coladas nos sentamos a esperar a las chicas.

De pronto escuché el tin, tin, ton de “La Plaga” y salté a bailar, ¿con quién? No sé, pero dos chicas salieron a bailar conmigo, y bailamos, yo retorciéndome como lo había hecho previamente en el ensayo con mi hermana, y también como cuando patinaba en una pista. No es que yo fuera muy lindo, sino que era el “Nuevo Niño del Barrio” que tenía ‘algo’ que otros no tenían, pero que yo desconocía.

“Allí viene la plaga!!!” decía la canción y yo le hacía el coro diciendo: “Me gusta bailar!!!” mientras daba un paso adelante como quien empuja una colilla de cigarro, y otro atrás de la misma manera, rotando mis hombros al ritmo de la canción, sin tener en cuenta el desastre que hacía al corazón de una niña que, en el efímero amor de adolescentes, estaba locamente enamorada de mí. Si, Melyssa había llegado con sus amigas y me veía bailar, y lloraba al verme con otras, llena de celos a pesar de que ni siquiera nos habíamos besado.

Regresamos a muestra mesa, y todos comentábamos el baile realizado y de las nuevas chicas que íbamos conociendo. Para mí, Melyssa me gustaba mucho, y me ilusionaba con la idea de que fuera mi chica, sin embargo Melyssa ya me consideraba “su chico” y sufría por “haberme encontrarme con otras”.

Apenas la vi, en medio de sus amigas, el mundo desapareció de mi vista. Quise estar junto a ella; había practicado toda la mañana y fantaseado bailar con ella, y ahora quería acercarme a la mesa y estrecharla entre mis brazos.

De pronto la Rocola soltó la melodía de “All Shook Up” de Elvis Presley, y salí decidido a bailar y ponerme a nivel de todos, me acerqué a Melyssa, que ya había comentado con sus amigas que no bailaría conmigo, y la invité a bailar. Ella no espero un segundo y salió porque en su fantasía de niña-mujer también había soñado bailar “All Shook Up” conmigo.

El baile fue una exhibición de cómo se baila el rock clásico, muy acompasado, con los legítimos pasos que yo había aprendido de la contratapa del disco “A compás del Reloj” de Bill Halley y sus Cometas, y practicado con mi hermana hasta el cansancio.

El baile fue algo maravilloso, no hicimos ninguna figura acrobática pero nos lucimos en la cadencia de nuestros pasos y movimientos del cuerpo como si fuéramos unas simples marionetas atadas al ritmo del rock. Yo me había desinhibido de toda timidez que había mostrado el día anterior e inauguré pasos y movimientos que jamás se habían visto en el Camory, tanto así que llenó la vanidad de Melyssa, fuimos los únicos en el baile, y todos nos siguieron con palmas y vivas. Al final de la canción nos besamos, a mí me gustó mucho aquella demostración de amor puesto que era el primero de mi vida y porque ella llenaba mi ilusión, sólo mucho después comprendería que aquel beso fue una señal de Melyssa, dirigida a todas las chicas, marcando su territorio.

A estas alturas era absurdo estar sentados en diferentes mesas, así que por mi iniciativa nos reunimos todos. ¿Y el amigo Cooky? Cooky ya estaba con su respectiva enamorada.

Ya en el grupo, salió a relucir una faceta desconocida de mi personalidad hasta entonces, la locuacidad y las gracias o bromas, que hacía para divertir a todos. Sí, yo era no tan lindo como Alain Delon, pero eso sí, muy alegre y divertido. Y lo comprobé al día siguiente cuando fuimos a ver la película del momento: “Roco y sus Hermanos” por insistencia de Melyssa, la cual tuve que volver a verla de nuevo, años después, porque Mely me llenó de besos cada vez que salía en la pantalla el bendito francés. Claro que las consecuencias fueron que, desde ese día, tuve que peinarme y sonreír como él para alagar la superficialidad de mi chica… y la mía también.

Los días siguientes se repitieron casi de idéntica manera, sin que esto signifique que nos aburríamos. El cine, la pista de patinaje y el Camory era nuestra rutina semanal, la que se rompía sólo para ir las fiestas en casa de algún amigo los fines de semana.

En ese verano descubrí patrones de comportamiento totalmente nuevos. Uno de ellos era que, si no estábamos en el Camory, no podíamos abrazarnos o besarnos en público. Por lo que en la calle buscábamos, ocasionalmente, lugares, como las escaleras de los edificios, en la penumbra para darnos furtivos besos que colmaban nuestro inocente concepto del amor, ¿más? No, nuestras hormonas no lo pedían aún. La otra norma, no escrita, era que nunca se tocaba la puerta de la casa de la enamorada para llamarla sino que, desde afuera, se le silbaba de una manera muy particular que sólo ella reconocería. Yo lo hice varias veces y fue emocionante ver a los pocos minutos salir a la chica de mis amores, pero luego me gustó más llamar a la puerta y preguntar por ella. Gusto, que luego convirtiera en costumbre. Llamaba a la puerta, sonreía y preguntaba por mi enamorada, a sus padres le agradaba mi atrevimiento y me pedían entrar a esperar por ella. Así controlé a todos los hermanos celosos y hasta a padres maleducados. Sí, educarse en una escuela privada de niños rebeldes y desadaptados sociales, pero ricos, tenía su rédito.

También recuerdo que tuve una cita doble porque a la enamorada de Cooky no la dejaban salir, ya que él era un poco mayor, 18 años, aunque para mi parecer él sólo llegaba a los 12 en madurez. Esa noche estuvimos ambos esperando a nuestras chicas y él agotaba mi paciencia con preguntas estúpidas acerca de si vendrían o no, y que hacer si no, o si sí.

“Hey Cooky relájate, vendrán… Sino, ya veremos” le dije, y justo aparecieron en la esquina del Parque.

“Cooky, la escalera del 2do piso es mío, ¿ok?” le dije.

“Claro Bebe, yo me voy al 4to piso”

“Te he dicho que no me llames Bebe” repliqué, pero ya no había mas tiempo, las chicas estaban ya a nuestro lado.

Subimos en grupo, con Melyssa nos quedamos en el 2do piso, y Cooky y su chica siguieron subiendo.

Sólo alcancé a darle un beso a mi chica, cuando su amiga bajo corriendo, huyendo como si hubiera visto al mismísimo diablo en la penumbra del edificio. Entonces vi a Cooky bajando y le hice un ademán con las manos como muda pregunta de: “¿Qué pasó?”.

Definitivamente mi noche con Melyssa había terminado, ella tendría que acompañar a su amiga de regreso a casa, y yo me tenía que tragar el apetito de haberle dado unos cuantos besos más.

“¿Oye Cooky que pasó, que le hiciste a la chica?

“Nada Bebe… Cuando uds. se quedaron en el segundo piso, yo le dije que nos íbamos al 4to, fue entonces cuando ella huyó corriendo sin decirme nada”

“Oye huevón… -exclamé perdiendo la calma, y añadí-… la asustaste, ella creyó que te la llevabas al cuarto, a culear”

“Nooo!!!” dijo Cooky con los ojos exorbitados de la inocencia, sostenidos sólo por las lunas de aumento de los tremendos anteojos que usaba.

Por supuesto que a la niña-mujer sus padres le habían advertido que se cuidara de los muchachos, porque lo único que ellos querían era hacerles “daño” y embarazarlas. Sin embargo estos mismos padres se sentían muy orgullosos cuando sus hijos varones “dañaban” a cuantas chicas caía en sus brazos, y si resultaban embarazadas culpaban a la “perra” por abrir las piernas. Sí, esos años dorados eran de un exacerbado machismo también.

Luego de unos días fui a buscar a mi chica, en la mañana, como nunca nadie lo hacía porque a esas horas ellas estaban muy ocupadas limpiando la casa y ayudando a cocinar. Ella vivía en un lugar muy particular, cerca del Cine “Coloso” a tres blocks del Parque. Sus padres eran propietarios de todo un block en donde tenían su negocio de reparar autos, convertirlos en nuevos y venderlos. Una esquina del inmenso lote de terreno lo habían reservado para su vivienda, claro que para acceder a ella tenían otra puerta, como cualquier casa vista desde afuera, pero yo escogí entrar por el portón del taller en donde reparaban los autos. Allí encontré a un gringo viejo, alto, flaco y de bigotes largos, no sé si enrrubiecidos por sus genes o por el cigarrillo que llevaba siempre en sus labios, vestido de un grasiento overol de mecánico dando ordenes y maldiciendo a sus operarios. Más allá, en una hamaca, una mujer opulenta y pintarrajeada, vestida con trajes muy limpios, largos, holgados y de colores, fumando y en cada aspirada y bocanada de humo resaltaba su nariz de garfio y las uñas de sus manos, las que me recordaban la apariencia de la bruja de “Blanca Nieves y los 7 Enanitos”. “Sus padres” me dije a mi mismo, y más tarde comprobé que había acertado.

“Hola…” le dije al viejo gitano mostrando mi mejor sonrisa.

“Hola Bebe” me contestó amablemente, para mi asombro, porque no creí que me conociera.

“Lindos carros, señor” añadí sin borrar la sonrisa de mi rostro. Entonces el gringo me dio todo un tour de su taller, mostrándome autos desde su estado de llegada, totalmente destruidos, y luego los reparados que lucían, a mis ojos, como nuevos. Me preguntó por mis padres, y entonces recién establecí la relación del mantenimiento de la flota de camiones que poseíamos y el conocerme. “Salúdalos de mi parte y de mi señora, por favor” me dijo el gitano simpático, sin dejar caer el cigarrillo de los labios, mientras se refregaba las manos con una franela empapada de gasolina para quitarse la grasa de uñas y dedos. Mientras yo pensaba que en cualquier momento se encendería en llamas, pero no pasó nada. Y añadió, “Buscas a Mely, ¿no es cierto?… Pasa, está a dentro”.

Caminé casi 50 metros para llegar a la entrada de la carpa-casa acosado en el camino por inmensos perros que se me acercaron en silencio, yo me detuve, ellos me olieron y luego se marcharon. Cuando estuve cerca de la carpa que usaban como antesala salieron los mellizos, era un poco más de las 11 de la mañana, y lucían recién bañados e impecablemente bien vestidos. Me miraron con el ceño fruncido para atemorizarme, entonces vi que miraron también por encima de mis hombros.

“Es el Bebe… No lo jodan!!!… -escuché rugir al viejo gitano, y añadió-… Está invitado a almorzar con nosotros.”

“¿Almorzar? Nosotros recién vamos a desayunar al Camory” dijeron los mellizos en coro, y uno de ellos añadió como un susurro: “Si comes aquí… ya te jodiste… mi hermanita ha cocinado”.

Entonces salió Melyssa, al escuchar el alboroto, echando fuego por los ojos por mi inoportuna visita.

Yo ensayé mi sonrisa de Alain Delon a la vez que le hacía un guiño de ojos mostrándole un disco de 45 rpm de Chuck Berry: “Johnny B. Good”. Y nuestra bendita superficialidad de adolescentes funcionó. Ella sonrió, y así, frente a mí, retrocedió haciéndome señas con la punta de su dedo índice para que la siguiera. Adentro de la tienda, con mi peculiar desfachatez me lancé sobre unos cojines, pero ella, frunciendo el ceño, me dijo que la siguiera. Yo había logrado entrar y me sentía maravillado del lugar y, sin ser mi propósito, ella se sintió agradecida, aunque realmente no había porque. Entonces, Melyssa me llevó a un rincón de la casa, es solo un decir, muy particular, que sus hermanos habían arreglado al típico estilo occidental con sillas, coffee table, lámparas, póster de Elvis Presley y James Dean, y principalmente al centro de todo, una hermosa radiola en donde tocamos el disco. La alegre y contagiante melodía se dejó escuchar y sin mediar palabras nos pusimos a bailar.

Luego volvimos a tocar el mismo disco pero esta vez sólo lo escuchamos. Ella cogió una revista Life que tenía sobre el Coffee table y ojeándola me dijo “¿Que lindo será vivir el los Estados Unidos, no?”

“Mi hermana mayor se va allá a estudiar dentro de dos meses” le dije.

“¿Si? Quién como ella… Cuando termine mi secundaria me iré con mis hermanos a Miami, ellos también están hartos de vivir aquí, con mis padres… -me confesó Melyssa, y con rostro adusto me preguntó-… ¿A qué viniste? No me gusta que nadie me visite aquí… prefiero que nos veamos en el parque o en el Camory”.

Melyssa era tan hermosa y diferente a sus padres que sentía vergüenza de ellos. A su madre la veía como una bruja y a su padre como un sempiterno sucio, con la uñas percudidas de grasa de los carros, desalineado y apestando a gasolina, pero lo que más le molestaba era el estilo de vida que tenían y que sus padres se negaban a cambiar. Ella detestaba vivir en la casa-carpa, las alfombras, los cojines… en pocas palabras, detestaba a los gitanos, por eso no invitaba a nadie a su casa.

Yo iba a replicarle que no tenía porqué sentirse mal, pero ella no me dio la oportunidad y siguió con su amarga queja, al punto de decirme que creía que había sido raptada de muy niña en España, de sus reales padres, por quienes ahora la cuidaban con todos los mimos de una hija. Entonces no pude decir nada, estaba consternado con las ideas que tan bello y angelical rostro albergaba. El silencio se prolongó hasta que Melyssa finalmente me dijo “Nos vemos el la pista de patinaje a las 4 de la tarde, ¿ok?” y me fui, saliendo por la puerta de la casa y no por la del taller, sin despedirme de sus padres. Aun así, al pasar por el portón del taller les hice una señal de despedida con la mano.

De camino a casa sentí que la belleza de Melyssa se había desdibujado en mi corazón. Había escuchado historias difamantes acerca del robo de niños por gitanos, pero no sé porqué nunca lo creí, sino todo lo contrario, me causó una gran tristeza el hecho de que ella negara a sus padres.

El amor eterno que nos juramos Melyssa y yo duró sólo tres semanas más, luego, sin rencores, continuamos nuestra amistad en el mismo circulo de amigos.

Las reuniones, en las tardes, en el Camory fueron el distintivo de una época en mi vida que quedaría grabada para siempre. Si bien es cierto que la llegada del rock y amor juvenil fueron los principales eventos de ese verano, no fueron los únicos y el lugar y otras experiencias también perdurarán en mi memoria.

Tanto fue así que después de veinte años, poco antes de inmigrar a California, regresé al barrio de mis amores, con mi esposa e hijos para mostrarle el famoso Camory y la pista de patinaje del Parque Porvenir de mis historias, y sólo comprobé que la crisis que asolaba al país se había ensañado con ese barrio de una manera bárbara porque ahora no era ni la sombra de lo que recordaba. Nos sentamos en unas de las bancas del Parque y dejé que mis hijos corrieran y jugaran con otros niños en los toboganes y columpios, mientras comentaba con mi esposa el contraste de mis recuerdos y mi decepción. De pronto se acercó una gitana, gorda, vieja y cara de bruja, ofreciéndose leernos la suerte escrita en las líneas de las palmas de nuestras manos, no le presté mucha atención porque no creo en esas cosas, pero acepté sólo para colaborar con ella. Primero fue mi esposa la que escuchó las consabidas extravagancias de la gitana con respecto al amor, la salud y el dinero. Luego fue mi turno y la gitana tomó mi mano suavemente, entonces vi sus largas uñas pintadas con el exquisito arte que sólo ellas dominan.

“Te vas a California!!!” Me dijo la gitana directamente y sin preámbulos.

Mi asombro hizo que la mirara al rostro, entonces creí reconocerla como  la mujer de gitano viejo que conocí hacía un montón de años atrás. Ella también me miró y cuando nuestras miradas coincidieron, ambos, ella y yo sentimos una descarga eléctrica que recorrió nuestros cuerpos e hizo que ella soltara mi mano, se levantara rápidamente y se marchara.

“Dios mío”, exclamé para mis adentros, y no pude reprimir el gritar su nombre “Melyssa!!!” para llamarla.

Mi esposa se dio inmediatamente cuenta de la situación y trató de alcanzarla para pagarle por su servicio, pero Melyssa, sumida en una inmensa vergüenza, sin aceptarlo, huyó llevándose a sus tres niños, descalzos y sucios, que jugaban con los nuestros.

Aun así, hoy en California, me reafirmo en que aquel verano del 62’, mi primer amor, Melyssa, el Camory y La Plaga siguen grabados en mis recuerdos después de casi 45 años… y lo estarán por siempre.





“TE VERÉ EN SUEÑOS”

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